Borrar
Imagen de Melchor Pérez Grande, Chori.
Obituario

El barrio del Oeste dice adiós a Chori, el buen hombre que creó el bar Lyon

Falleció a los 84 años dejando infinidad de amigos y un gran legado que mantienen sus hijos al frente de este local de hostelería de Salamanca

Isidro Serrano

Salamanca

Sábado, 3 de diciembre 2022

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

A Melchor Pérez Grande todo el mundo le conocía como Chori, el del bar Lyon. La noticia de su fallecimiento el pasado jueves corrió como la pólvora por el barrio del Oeste. Allí en la esquina de la calle Isidro Segovia y la avenida de Italia, montó su negocio de hostelería hace ahora 40 años, y su bondad, su carisma y la manera de tratar a la gente le hicieron una persona muy querida por todos sus convecinos. A él pero también a toda su familia que, en estos momentos tan difíciles, ha recibido el cariño de muchas personas que siempre recordarán a El Chori sentado a la puerta del bar con una buena palabra para todo el mundo.

Melchor nació hace 84 años en Linares de Riofrío, y allí ya le pusieron el apodo de El Chori. En su pueblo natal, sin embargo, no lo pasó muy bien. El hambre y la penuria hicieron que siendo aún muy joven se marchara solo a Francia, concretamente a Lyon, «a la aventura», como dice su hijo José. Una decisión prematura que cambiaría el rumbo de su vida y le llevaría a ser hoy recordado por todo el barrio del Oeste.

En Lyon conoció a Beni, su mujer, y allí nacieron sus tres hijos: José, Manuel y David. Dos de ellos, José y Manuel, se encargan desde hace ya un tiempo del negocio de hostelería familiar. «Mi padre llegó a Francia sin saber nada de francés», y allí «se arrimó» a una familia de la también salmantina localidad de Navasfrías y conoció a Beni, la que luego sería su mujer. Después de más de 20 años allí, cuando sus hijos tenían 14, 11 y 1 año, decidieron volver a Salamanca. «Yo vine sabiendo francés», recuerda José. A su regreso, montaron en la capital su bar, el bar Lyon, en honor a la ciudad que les acogió y en la que pudieron labrarse un futuro.

Con el suegro de su hijo, Emilio, eran inseparables. Entrada al bar y clientes en el interior.
Imagen principal - Con el suegro de su hijo, Emilio, eran inseparables. Entrada al bar y clientes en el interior.
Imagen secundaria 1 - Con el suegro de su hijo, Emilio, eran inseparables. Entrada al bar y clientes en el interior.
Imagen secundaria 2 - Con el suegro de su hijo, Emilio, eran inseparables. Entrada al bar y clientes en el interior.

Entonces corría septiembre de 1982, así que el bar lleva abierto 40 años. «Hace solo un par de meses hicimos fiesta grande, con los clientes y amigos, que es como los consideramos», afirma José, que recuerda que el bar al principio era más pequeño, «pero en el año 90 ya lo ampliamos y después, hace 5 años lo hemos modernizado bastante para llegar a lo que es ahora el bar Lyon».

Recuerdos imborrables

El paso de los años no perdona y Chori llevaba tiempo fastidiado. «Le operaron de la columna hace ya bastantes años, y los hijos, cuando terminamos de estudiar, nos fuimos haciendo cargo del negocio», comenta su hijo. Sin embargo, alejarse de la barra no entraba en los planes de Chori y pospuso ese momento lo máximo posible. «Hasta hace unos cuatro o cinco años siempre estaba por aquí, entraba en la barra y servía si era necesario», afirmá su hijo.

El bar Lyon ha sido y sigue siendo un referente en la hostelería del barrio. Su famosa tortilla de patata, -su tapa más preciada-, la jeta, el cocido, la chanfaina…, lo buena persona que siempre fue Chori y el haber sabido inculcar esos valores a sus hijos, es lo que ha hecho que todo el barrio les quiera tanto. Resulta imposible escuchar una mala palabra de ellos.

El retrato que quedará inmortalizado en la mente de los cientos de clientes que han pasado por el local será él sentado en la calle con su taburete. Le daba algún cigarro a los clientes cuando no tenían y era un encanto con los niños, a los que regalaba piruletas y alguna monedilla a escondidas. «Esa tradición la seguimos manteniendo. Bueno, es que nos educó así y siempre nos aconsejó hasta el final, seguimos su legado y estamos orgullosos de ello», asegura José, que recuerda con emoción también lo bien que se llevaba su padre con su suegro, Emilio, «estaban siempre juntos, era como su mano derecha. Murió hace dos años también en diciembre, el día 5. Eran inseparables».

Otra de las debilidades de Melchor eran, por su puesto, sus nietos Adrián, Rodrigo y la pequeña María. Si todos los niños querían a Chori, imagínense sus nietos.

Mimebros de la tuna, durante un encuentro.

La tuna

Y al hablar de Chori y su bar no podemos olvidarnos de la tuna. El barrio del Oeste es una zona en la que viven numerosos estudiantes llegados de todas partes de España y muchos de ellos formaban parte de la tuna unversitaria. «Unos estudiaban Derecho, otros Medicina o Periodismo.. y venían una veintena de ellos todas las semanas al bar y se tomaban sus cervezas y sus tortillas y ensayaban aquí», recuerda su hijo. Un bar con historia ya que «muchos se conocieron aquí, se hicieron novios y se acabaron casando. Mi madre les trataba como si fueran sus hijos» recuerda emocionado José. Además, su relación es tan buena que todos los primeros de abril, celebran su aniversario y alrededor de unas 170 personas se reúnen de nuevo en el bar Lyon para comerse una chanfaina y unas tortillas y luego ya se van a disfrutar de la ciudad.

Una muestra más de que Chori y toda su familia han dejado una huella imborrable entre los que les han conocido y tratado.

Descanse en paz un buen hombre como Chori.

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios