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Álex López
El campo de voluntariado para hacer bioconstrucción rodeado de rapaces

El campo de voluntariado para hacer bioconstrucción rodeado de rapaces

El Centro de Educación Ambiental Lorenzo Milani ofrece la tercera edición de esta experiencia que bajo el título Vía de la Plata que permitirá a los jóvenes participantes aprender técnicas basadas en la naturaleza y la salud

Ana Carlos

Salamanca

Domingo, 7 de julio 2024, 11:48

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Convivir, hacer algo por los demás o por el entorno, aprender y vivir nuevas experiencias son algunas de las claves que hacen de los voluntariados unas iniciativas cada vez más valoradas y demandadas por personas de todas las edades, pero en especial por los jóvenes.

Y si son muy populares las sesiones de voluntariado que duran unas horas o una jornada, las favoritas para este grupo de edad son las que se prolongan durante varios días e incluso semanas, campos de voluntariado, permitiéndoles conocer mejor al resto de participantes, establecer amistades y tener más tiempo de ocio con el grupo.

La Junta de Castilla y León oferta cada año varios campos de voluntariado dirigidos a jóvenes entre 18 y 30 años y entre ellos está el que organizan el Centro de Educación Ambiental (CEA) Lorenzo Milani y la Casa Escuela Santiago Uno. Tendrá lugar durante la primera quincena de julio y los participantes tendrán la oportunidad de practicar distintas técnicas de bioconstrucción rodeados de las rapaces del CEA.

Miguel Blanco, responsable de esta iniciativa, detalla que los hasta 22 voluntarios que participarán ayudarán a construir y mantener algunas infraestructuras necesarias para el mejor funcionamiento del centro, así como para el cuidado de las aves irrecuperables que alberga.

Tres técnicas para tres construcciones con usos diferentes

Una de las construcciones que llevarán a cabo es una caseta para las lechuzas que constará de dos partes separadas por un cristal espía que solo permite la visión desde uno de los lados. Así, permitirá que estas rapaces nocturnas tengan un lugar para descansar y cobijarse durante el día, y que los visitantes al centro puedan observarlas sin molestarlas.

Esta caseta se levantará a base de sacos de arena que habrá que revestir inmediatamente como han comprobado desde el centro. Ya intentaron hacerla anteriormente, pero como no terminaron ni revistieron, los sacos se han ido deteriorando y habrá que sustituirlos.

Otro de los trabajos de bioconstrucción será la restauración de una cabaña de alpacas, barro y cal que sirve de almacén del material y que se encuentra a la entrada del CEA. Además de retocar el recubrimiento de barro y cal actual para que esté en óptimo estado, la forrarán de madera reutilizada para protegerla más. Se trata de un procedimiento que requiere paciencia y destreza, porque las capas de barro que se vayan superponiendo han de ser finas y dejarse secar antes añadir la siguiente para que no caigan o se resquebrajen.

Imagen principal - El campo de voluntariado para hacer bioconstrucción rodeado de rapaces
Imagen secundaria 1 - El campo de voluntariado para hacer bioconstrucción rodeado de rapaces
Imagen secundaria 2 - El campo de voluntariado para hacer bioconstrucción rodeado de rapaces

Finalmente, si el tiempo y la destreza de los voluntarios permiten terminar lo anterior, podrán construir un domo invernadero que formará parte del Bosque de los Alimentos que están creando entre los aviarios.

Este proyecto consta de distintos jardines en los que crecen distintas plantas que pueden servir de alimento para humanos y para la fauna silvestre y que muestran la riqueza de la biodiversidad vegetal y de setas, ya que cuenta con un espacio para el mundo funghi, con tocones de chopo inoculados. El domo permitirá el cultivo de otras especies de hongos que necesitan estar en condiciones más protegidas. Así se sumará diversidad a esta iniciativa que pretende seguir creciendo año a año de forma cuidada.

Blanco explica que a lo largo de todo el proceso, se adaptarán a los voluntarios, sus destrezas e intereses. Eso será lo que de la pauta de cuánto pueden avanzar o incluso de las iniciativas a desarrollar. Esta es la tercera edición de este campo de voluntariado y en las anteriores algunos voluntarios querían también ayudar con la alimentación de las aves e incluso la limpieza de sus recintos y les enseñaron a hacerlo.

Muchas propuestas para el tiempo de ocio

El trabajo de los voluntarios cada jornada de lunes a viernes se prolonga durante un máximo de 5 horas. Por las tardes y los fines de semana disfrutan de tiempo de ocio. El primer día, al llegar, hacen una toma de contacto con el espacio, los compañeros y conocen lo que van a hacer, para después pasear por la ciudad.

Para otras tardes, dependiendo de las temperaturas y otras situaciones, van a la piscina, realizan visitas culturales a lugares de interés de la ciudad, participan en actividades ambientales y deportivas o, los fines de semana, salen en algún momento de tapas por Salamanca.

Los organizadores les preparan también algún Escape Room, rutas en bici y otras propuestas para que disfruten todos juntos del tiempo libre. En ocasiones también realizan actividades conjuntas con la Casa Escuela Santiago Uno para que vean otras realidades y que conozcan la labor de integración social de jóvenes en riesgo de exclusión social que desarrolla en su día a día la entidad.

Los voluntarios se alojan en el albergue Betania, propiedad de la Casa Escuela Santiago Uno y las comidas (que se elaboran en las cocinas de la Casa Escuela) se llevan a cabo de forma indistinta en Betania y en la Casa Escuela. Para los traslados entre el CEA Lorenzo Milani y estas ubicaciones, además de a otros puntos de la ciudad durante las actividades de ocio, los participantes tienen a su disposición bicicletas. La sostenibilidad y el cuidado de la salud están presentes también durante el tiempo de ocio. No obstante, si es necesario también son desplazados en la furgoneta de la entidad.

Según detalla Miguel Blanco, en las dos ediciones anteriores los jóvenes lo pasaron muy bien y quedaron muy satisfechos con este campo de voluntariado. Destaca que se genera muy buen ambiente y que los voluntarios son «gente muy maja» que se implica. Muchos se sienten especialmente motivados por la oportunidad que supone trabajar entre rapaces irrecuperables. Por ello es habitual que quieran extender su labor hacia actividades que tengan que ver con ellas, pero cada año es distinto.

La personalidad de cada grupo hace que la experiencia se modifique de forma orgánica para adaptarse a sus preferencias. Al final, además de hacer un trabajo de carácter ambiental en este caso, se trata de que se lleven una buena experiencia y que con el tiempo la recuerden con cariño. Y, sobre todo, que crezcan como personas cultivando la convivencia, la tolerancia, su capacidad de ayuda y la solidaridad, entre otras cuestiones.

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