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Actos festivos de la Asociación de Vecinos de Ciudad Jardín.

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Actos festivos de la Asociación de Vecinos de Ciudad Jardín. Álex López

Ciudad Jardín, un barrio que lleva 70 años soñando con calles para ser vividas

El barrio ha celebrado a lo largo de toda la semana la festividad de su patrón con un nutrido programa de actividades y una exposición que recuerda su pasado

Ana Carlos

Salamanca

Lunes, 1 de mayo 2023, 13:51

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El sueño de un mundo mejor, incluso la utopía, forma parte de la naturaleza humana. Y de la historia de Ciudad Jardín. El barrio fue proyectado en los años cuarenta y tantos con la idea de convertirse en un cómodo y feliz lugar de residencia para familias obreras en el que los vecinos pudieran disfrutar las calles.

La idea formaba parte de un modelo de ciudad en el que los ricos potentados vivirían en chalés en Garrido. También se construirían cerca fábricas y almacenes. Alrededor de la ciudad habría un ferrocarril circular para facilitar la movilidad. Esta idea estaba en la cabeza, entre otros, de su arquitecto Francisco Gil, nacido en la Mata de la Armuña, tal y como se recoge en algunas tesis doctorales, según explica el actual presidente de la asociación de vecinos Ciujar, Fernando García Hidalgo.

En la Salamanca de aquella época había una escasez de vivienda importante, con el éxodo rural a la capital. Y aunque ni la ciudad evolucionó en aquella línea ni las casas del barrio se construyeron con piedra de Villamayor se pretendía, a principio de los 50 nació este barrio, formado entonces por nueve bloques de amplias viviendas. Casas «grandes y buenas» que no estaban al alcance de muchos trabajadores. Sí podían costearse el gasto los militares que llegaban al cuartel de ingenieros destinados desde otros sitios, la farmacéutica o el médico. Pero en otros casos era muy normal que las compartieran dos familias. Incluso llegaban a convivir tres, detalla Fernando, que de niño vivía en el bloque 4 con sus padres y sus tíos.

En los años 70, muchos de aquellos primeros vecinos iban dejando el barrio. Román, el lechero, preocupado por esta situación hizo que el hoy presidente vecinal, que entonces tenía 13 ó 14 años, le pasara a máquina una carta dirigida al gobernador civil para protestar porque el barrio se estaba quedando vacío. De hecho, una inmobiliaria madrileña se hizo con él por nueve millones de pesetas en 1973. Sólo unos años después, en 1980, el precio de cada piso era de un millón de pesetas, lo que muestra que la operación resultó muy beneficiosa.

La plaza de San José Obrero ha acogido la exposición que recuerda el pasado del barrio y otras actividades de las fiestas. Álex López
Imagen principal - La plaza de San José Obrero ha acogido la exposición que recuerda el pasado del barrio y otras actividades de las fiestas.
Imagen secundaria 1 - La plaza de San José Obrero ha acogido la exposición que recuerda el pasado del barrio y otras actividades de las fiestas.
Imagen secundaria 2 - La plaza de San José Obrero ha acogido la exposición que recuerda el pasado del barrio y otras actividades de las fiestas.

Del muro de la plaza de San José Obrero cuelgan estos días una serie de murales con antiguas fotos que recuerdan el pasado de Ciudad Jardín y a algunos de sus habitantes. Es una muestra que se llevó a cabo por el 50 aniversario del barrio, pero que ahora retoman como quien vuelve a pasar las páginas del álbum familiar para reencontrarse con los suyos. Es parte de las iniciativas organizadas durante toda la semana con motivo de sus fiestas patronales.

Presente y futuro de una zona en proceso de actualización

 Los años han seguido trayendo nuevos vecinos a este tranquilo barrio con pequeños jardines. Se han producido distintas ampliaciones, por un lado, los pisos que se levantaron en los años 90 frente a La Sindical. Por otro, los nuevos y elegantes residenciales junto a la avenida de San Agustín. Y también las 36 viviendas de dos dormitorios protegidas del Patronato de la Vivienda. Aunque hay quejas porque el alquiler de estas últimas resulta muy alto. «Pagan 400 ó 500 euros por pisos pequeños. Aunque tengan trastero, es mucho dinero para las familias», destaca el presidente vecinal.

También los edificios más antiguos están atrayendo a nuevos vecinos, que tienen como aliciente la prometida mejora de las fachadas por parte del Ayuntamiento. Es momento de rehabilitar barrios viejos para darles continuidad y nueva vida. En este tienen como ventaja en el punto de partida la propia disposición de sus calles y plazas. «Este barrio invita a tomar la calle, en otros tiempos todos los vecinos pasábamos mucho tiempo en ella. Esta posibilidad no se da en Garrido ni en otras zonas de aquellos años porque tienen una construcción infame». El único barrio que se creó con esa concepción de ciudad jardín (con más éxito en cuanto a zonas verdes, pero algo posterior) fue La Vega, apunta Fernando.

Ciudad Jardín es un nombre inspirador y su asociación de vecinos, Ciujar, sueña «con jardines que sirvan para estar, no solo para ver, con mesas para jugar al ajedrez o la brisca, para cambiar al niño, pasar el rato, merendar o charlar». Quiere una vegetación que les ofrezca sombras cuando hace calor y que permita en invierno aprovechar la solana «no un seto anodino», aunque no tiene nada contra los setos bien usados. Ansía jardines sin bordillos, que son barreras, para que se pueda caminar sin tropiezos y bancos que permitan la comunicación, unos al lado de otros para que quienes los usan puedan conversar.

Aspira a recuperar la calle para que los niños de ahora puedan salir sin el peligro de los coches como lo hicieron muchas generaciones antes que ellos. «Ahora ponen un cartelón para indicar una velocidad máxima de 20 kilómetros por hora y badenes, pero hay gente a la que le importa tres narices, pasan a toda velocidad porque desde el cochazo no los notan. Da mucho coraje porque no respetan a niños y otras personas» señala .

Fiesta, pero sin olvidar la esencia reivindicativa de las asociaciones

Por eso en el ambiente festivo de estos días, no dejan de pasar la oportunidad de reivindicar. «Transformar y mejorar es la mejor esencia de las asociaciones», acompañada de la paciencia, porque las cosas no se logran de un día para otro defiende Fernando. Y lo que reclama no es otra cosa que «la salud de las personas: conseguir el bienestar en modo físico, sociológico y mental que se puede lograr con un buen urbanismo, con jardines pensados gente». Un concepto que muchas ciudades punteras ya persiguen y que sería deseable lograr. Desde Ciujar tienen ideas, reconocen no tener todas las claves para lograrlo, «pero hay técnicos y expertos: que lo estudien», sentencia.

Y mientras, desde lo que sí sabe hacer, la asociación sigue trabajando por hacer barrio. Como han venido haciendo bien sus antecesores en la directiva «para resistir cuando la época venía mal dada» y dando actividad e ilusión a los vecinos, especialmente a «las abuelas» del barrio.

El presidente reconoce que el equipo del que forma parte y que ha tomado recientemente el relevo lo hace con el deseo de ofrecer su mejor aportación en relación a los cambios que exigen los nuevos tiempos. Como la posible implantación de placas solares y las rehabilitaciones del barrio. Y como siempre, sin olvidar los aspectos sociales y la convivencia. «Soy el primer interesado en que salga todo bien, aquí vive mi madre, mi hija y mis nietos y me gusta que podamos estar en la calle. Salimos al parquecillo y cada vez hay más gente. En carnaval, 21 niños, y eso que en la zona antigua hay sobre todo personas mayores, especialmente mujeres viudas.

Churros, misa, procesión, bailes charros, paella y otros clásicos del barrio cierran las fiestas como cada 1 de mayo. Después de una semana en la que han sacado el deporte a la calle y otras actividades que sobre todo quieren recordar a los que fueron y reunir a los de siempre con los recién llegados.

Alguien ha preguntado por una antigua vecina, la señora Irene y algunos vecinos todavía recuerdan con cariño sus lentejas. En las fotos de la exposición están maestros como doña Juanita y don Manolo, además de muchos vecinos que tuvieron vidas en ocasiones tan duras como entrañables. Historias con las que es irremediable reflexionar sobre que, a pesar del paso del tiempo, Ciudad Jardín sigue soñando con ser un jardín que pueda aportar una dosis de felicidad a sus habitantes.

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