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Representación del asesinato de Thomas Becket SH
El culto secreto en Salamanca a Thomas Becket, el arzobispo brutalmente asesinado en Canterbury
Expediente X salmantino

El culto secreto en Salamanca a Thomas Becket, el arzobispo brutalmente asesinado en Canterbury

Thomas Becket fue brutalmente asesinado la noche del 29 de diciembre en la catedral de Canterbury

María Rivas

Salamanca

Sábado, 24 de febrero 2024, 19:36

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Sumergirse en las entrañas de la ciudad del Tormes implica toparse, casi sin quererlo, con voces de otro tiempo que claman, a gritos, no ser olvidadas.

Salamanca, ciudad de luces y sombras, alberga a los pies de sus legendarios monumentos historias que aguardan, agazapadas y expectantes, a que alguien las descubra y las traiga de nuevo a la vida.

El asesinato y la acusación de traición de Thomas Becket

El origen de esta historia, cuyo eco erigió un culto secreto en Salamanca, se remonta a la noche del 29 de diciembre de 1170, cuando la catedral de Canterbury manchó sus paredes de sangre.

Thomas Becket, arzobispo de dicha catedral, fue asesinado brutalmente a golpes y a sangre fría por cuatro caballeros de la corte de Enrique II, el monarca del país británico en aquel momento.

Representación del asesinato de Thomas Becket SH

Lo rocambolesco de esta historia, más allá del propio crimen, reside en el vínculo de amistad que, durante un tiempo, había unido a Enrique y a Thomas Becket pero, tras ciertas acusaciones de traición y deslealtad, el monarca terminó por decretar la muerte del arzobispo.

La sangre milagrosa

Tras la muerte de Becket, un curioso rumor comenzó a calar con fuerza en la sociedad de la época.

Se comentaba que, casi inmediatamente después de haberse cometido el asesinato, un grupo de monjes entraron en Canterbury, recogieron la sangre de Becket y, hecho lo anterior, la cuidaron y trataron con sumo cuidado.

Comenzó entonces a eregirse una leyenda sobre el poder milagroso de aquella sangre a la que, diluida en agua, se le atribuían cualidades curativas.

El violento asesinato del que por entonces era arzobispo de Canterbury, sumado a los milagros que se le atribuyeron, sembraron la semilla que, posteriormente, instituyó un culto al personaje de Becket.

Los ecos de ese culto llegaron hasta el antiguo reino de León y algunas de sus huellas permanecen, aún hoy, ocultas en Salamanca

El culto secreto a Becket en Salamanca: la primera edificación su honor está aquí

El reino de León, en términos generales, se trata de uno de los puntos marcado a fuego en los que el culto a Thomas Becket se instauró con fuerza.

Tanto es así que en varios lugares se llegaron, incluso, a recibir reliquias del arzobispo asesinado.

Lo curioso, y sin duda enigmático, reside en que la primera edificación construida en todo el globo en honor a Becket se encuentra en Salamanca y, para más inri, en pleno centro de la capital del Tormes.

Parroquia de Santo Tomás Cantuariense en Salamanca Salamancahoy

La iglesia en cuestión, conocida por los oriundos como la iglesia de Santo Tomás Cantuariense y localizada en la calle del Rosario, fue levantada por dos hermanos británicos amigos de Becket, Randulfo y Ricardo, quienes huyeron de Inglaterra tras el asesinato del arzobispo y el destino terminó por traerles hasta Salamanca.

Por desgracia, uno de los dos hermanos, Randulfo, no llegó a ver terminado el templo y aún hoy se puede ver el epitafio escrito en su honor en la catedral vieja.

Un Santo desconocido en el Convento de Santa Clara

En el Convento de Santa Clara, junto a San Pedro, a Santo Domingo de Guzmán y la propia Santa Clara, se dilucida la representación de otro Santo, cuya identificación se antoja un tanto complicada debido al deterioro de la misma.

Sin embargo, sí se alcanzan a diferenciar algunos rasgos que pueden arrojar luz sobre quién es el extraño Santo no identificado: éste, porta una mitra obispal, una casulla roja, lleva un pequeño cántaro y tiene como atributo una espada.

Bien es cierto que el rostro del Santo se encuentra tan castigado por el tiempo que ni siquiera se puede intuir, pero hay determinadas claves que permiten saber que este Santo desoconocido no es otro que Thomas Becket.

La casulla roja, alegando al episodio milagroso en el que la Virgen otorgó dicha prenda a Becket para dar a conocer su condición de mártir, la jarra que porta en la mano -también de color rojo haciendo referencia a su sangre milagrosa - y que, sobre la figura, se puede apreciar un ave de color negro, no parecen dar pie a la duda: se trata de una representación de Thomas Becket.

El misterio escondido en el Convento de Santa Clara

Habla la leyenda de que tras el asesinato de Thomas Becket, varios cuervos descendieron sobre el cuerpo- aún caliente en el interior de la catedral de Canterbury- del arzobispo y, al pasar por su cadáver, el pico y las patas de los aves se tiñeron de rojo al mancharse de sangre, convirtiéndose así en chivas piquirrojas.

Lo extraño reside en que dos de estas aves, dos chovas piquirrojas, se encuentran representadas sobre el arrocabe del Convento de Santa Clara, ubicado en Salamanca. La representación de este pájaro, nada habitual por la zona, fue lo que puso a los investiagadores sobre la pista.

Las dos aves , asociadas históricamente a Thomas Becket, se encuentran representadas junto a un castillo de oro, edificado sobre un campo de gules, el emblema de Alfonso VIII de Castilla.

La pregunta, por tanto, es inevitable, ¿qué clase de vínculo une o cohesiona a Thomas Becket y a Alfonso VIII de Castilla?

Las chovas piquirrojas junto al castillo de oro, en el Convento de Santa Clara SH

La reina consorte durante el reinado de Alfonso VIII de Castilla fue Leonor quien, al igual que el arzobispo asesinado, pertenecía a la dinastía de Plantagenet-Aquitania.

Lo cierto es que el uso en comunión de ambos emblemas fue bastante breve ya que, tan solo, se prolongó durante 76 años; desde la fecha en la que Alfonso y Leonor contrajeron matrimonio,1246, hasta la muerte de la vástaga de ambos, en 1246.

Alfonso y Leonor fallecieron en 1214 pero su hija, Berenguela, siguió empleando los símbolos de sus progenitores hasta su fallecimiento.

Algo de romanticismo, además de misterio, esconde el asunto ya que al matrimonio de Leonor y Alfonso no se le conocen amantes o descendientes ilegítimos; algo sumamente curioso, teniendo en cuenta los líos de alcoba que ha arrastrado la monarquía española a lo largo de la historia.

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