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El escultor Óscar Alvariño y su talla de Alfonso IX. José Manuel García

El medallón de Alfonso IX en la Plaza Mayor: un rey soberbio y «con empaque»

Así es, casi terminada, la nueva efigie que se ha tallado en poco menos de dos meses, la séptima obra de este escultor en la plaza, dedicada al monarca leonés impulsor de la universidad

Félix Oliva

Salamanca

Viernes, 30 de junio 2023

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Después de casi dos meses cara a cara con el lienzo en blanco de la piedra de Villamayor, Óscar Alvariño está a punto de entregar su última obra, el nuevo medallón que se incorpora a la Plaza Mayor de Salamanca. «Lo difícil, que es todo, está resuelto», confiesa con una mezcla entre alivio y satisfacción.

Ese 'difícil' abarca los cerca de cuatro años que lleva preparando la talla de Alfonso IX que, en breve, estará a la vista de todos en el pabellón de las artes y las ciencias junto a Cervantes, Unamuno, Santa Teresa o Nebrija entre otros ilustres. Allí lucirá este rey leonés, precursor de la Universidad de Salamanca y al que el escultor madrileño le ha sacado un semblante magnífico. El resultado que verán las miles de personas que pasan por la monumental plaza es francamente soberbio.

La talla del medallón arrancó el 28 de abril. Ese día, el artista madrileño se encaramó por primera vez al andamio instalado para que trabajara y donde ha pasado casi dos meses de sol a sol. Su lugar de trabajo es una exigua plataforma de 4x2 metros de superficie, elevada lo justo para ponerle frente a frente con una de las orlas vacías de la plaza, en el pabellón a la izquierda de la fachada del ayuntamiento.

Alvariño es una autoridad en materia de medallones. En su historial están los de Unamuno (1986), Elio Antonio de Nebrija (1992), Fernando VI, Alfonso XII, la Primera República y Don Juan de Borbón (todos de 2005), los últimos realizados. Y cuando se empezó a hablar de un medallón por el 800 aniversario de la Universidad de Salamanca con Alfonso IX como protagonista, no tardó en hacer su boceto.

Hubo que esperar cinco años, pero al final logró el encargo en un concurso. Aunque ya había tallado seis, el que más entre escultores vivos, la competencia fue a sobre cerrado y abierta; tampoco gozó de la invitación que sí se cursó a otros artistas, pero al final su propuesta fue la ganadora.

Un andamio de 4x2

Cuando nos recibe el miércoles, está razonablemente cubierto de polvo de piedra. Su set está formado por una mesa llena de herramientas y dos pequeños ventiladores que intentan (en vano) climatizar el aire tórrido de este final de junio. Un improvisado toldo le ha cubierto a duras penas de las inclemecias. Desde que se subió, ha pasado aquí noche y día, de nueve de la mañana a once de la noche.

Tras dos meses en semejante régimen, afloran viejas heridas. Una fuerte muñequera y una codera adornan su brazo izquierdo, un recuerdo de la campaña de 2005 en la que esculpió aquí cuatro medallones de golpe para el 250 aniversario de la Plaza Mayor. También lleva faja para soportar las horas de pie. Ha pasado calor y también se ha mojado, como casi cada vez que ha trabajado en la plaza, donde hizo su primer medallón en 1985.

Último retoques, herramientas y trabajo con el molde. JM García
Imagen principal - Último retoques, herramientas y trabajo con el molde.
Imagen secundaria 1 - Último retoques, herramientas y trabajo con el molde.
Imagen secundaria 2 - Último retoques, herramientas y trabajo con el molde.

De nuevo directamente sobre la piedra, de las propias entrañas de la plaza, ha tallado a su séptimo personaje. El resultado es impactante. Una de las claves, cierta libertad para encontrar la imagen de un monarca del que hay pocos testimonios gráficos fiables. «Eso te permite el lujo de hacer un rey con empaque», dice el artista, que afirma: «lo importante es que te emocione una cabeza y que tenga cara de rey».

El proceso ha sido trasladar el molde de escayola a la piedra, algo mucho más difícil de hacer que de escribir. El momento crucial fue 'conocer' la calidad de la piedra que se iba a encontrar, con algunas manchas, pero la suerte ha querido que el rostro quedara limpio. A estas alturas, el trabajo está casi rematado, a falta de toques y de comprobar cómo da con la luz artificial del foco que lo iluminará por las noches.

Un Alfonso IX imponente

El Alfonso IX que ha salido es soberbio. Cara a cara, a pocos centímetros, su mirada es potente, llena de personalidad. Es uno de los más personales obra de Alvariño y también va a ser uno de los que más guste. Y aunque el autor es madrileño, disfruta también de un influjo salmantino: Ignacio Villar, «un escultor salmantino extraordinario», ha brindado apoyo moral y técnico al artista titular.

El resultado estará a la vista de todos muy pronto, cuando la obra esté terminada y entregada. Según el artista, le quedan dos semanas de trabajo y a partir de ahí será el calendario el que dictamine la fecha de estreno para descubrir a los ojos del público en general el medallón número 67 de los que se contabilizan labrados en el programa iconográfico de la Plaza Mayor. Una nueva cara para la historia en el más salmantino pabellón de los ilustres.

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