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Uno de los árboles caídos el pasado día 8 de febrero en la capital salmantina.

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Uno de los árboles caídos el pasado día 8 de febrero en la capital salmantina. Álex López

Salamanca pierde 54 árboles por los temporales: algunas claves para comprender lo ocurrido

Las podas excesivas, las obras que dañan sus raíces, la falta de drenaje del suelo y los riegos superficiales, junto a unas condiciones climáticas cada vez más adversas están detrás de este problema que intenta subsanarse en las nuevas plantaciones

Ana Carlos

Salamanca

Domingo, 18 de febrero 2024, 10:30

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Cada vez que la Agencia Estatal de Meteorología activa la alerta por vientos, el Ayuntamiento se afana en informar a la población y cerrar los parques públicos. Son muchos los riesgos. Esas condiciones pueden tirar tejas, elementos de fachadas o carteles; arrastrar contenedores; romper elementos del mobiliario urbano; y también arrancar árboles.

Esta última circunstancia se ha producido esta temporada otoño invierno en más ocasiones de lo habitual. Así, desde el pasado mes de octubre de 2023 hasta el día 8 de febrero de este año han caído en la capital salmantina un total de 54 árboles, a los que hay que sumar un total de 56 ramas significativas de otros ejemplares.

¿Son muchos árboles caídos? Si tenemos en cuenta que la ciudad cuenta con más de 140.000 árboles, el porcentaje es ínfimo. No hay que demonizar a los árboles como elementos más peligrosos que muchos con los que convivimos en las calles, tal y como enfatiza David Rodríguez de la Cruz, profesor del Área de Botánica de la Universidad de Salamanca. Pero es cierto que ha aumentado el número de ejemplares y grandes ramas perdidos y que es necesario analizar las causas para evitarlas en el futuro.

Los temporales de fuertes vientos están provocando la caída de todos estos árboles. La borrasca Ciarán, la primera en llegar, registró nuevos récord históricos de rachas de viento en el mes de octubre en varias provincias de España, entre ellas Salamanca.

En la capital salmantina en concreto, el 18 de octubre se registró una racha de 66 kilómetros por hora, mientras que el 26 de octubre se alcanzaron los 71 kilómetros por hora. Después, la borrasca Domingos volvió a azotar con fuerza la ciudad, registrándose velocidades de hasta 52 kilómetros por hora el día 2 de noviembre, y de 72 kilómetros por hora el 4 de noviembre. De nuevo el pasado 8 de febrero se activó la alerta con vientos en Salamanca. En cada una de esas fechas cayeron árboles.

Manuel Álvarez-Claro Albizu, ingeniero técnico agrícola y Yolanda San Román, profesora de jardinería en el Centro Privado Integrado de FP Lorenzo Milani. destacan que estos y otros fenómenos que se ven acentuados con el cambio climático afectan directamente en la salud de los árboles. Y se espera que estas circunstancias excepcionales de altas temperaturas, primaveras muy adelantadas, sequías y lluvias torrenciales, sean cada vez más frecuentes.

Sólo esas causas son capaces de acabar con algunos árboles, pero si encima estos arrastran otros problemas previos, se convierten en víctimas más fáciles.

La importancia de elegir la especie para cada espacio

Todo comienza desde la elección de la planta tal y como señalan tanto estos tres expertos como Cándido Fernández Ferrero, jardinero municipal jubilado. Hoy es algo que parece que todos los técnicos tienen claro, pero hasta hace no demasiados años no era la principal premisa a la hora de decidir qué plantar y dónde en las ciudades. Y Salamanca es un ejemplo.

Se puede comprobar algunos de los barrios construidos hace medio siglo y que crecieron mucho en su tiempo. Tampoco en algunos desarrollos urbanísticos de la época de la burbuja inmobiliaria. Se elegían ejemplares que crecieran rápido, para ver enseguida resultados, y en la medida de lo posible, que fueran baratos.

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No se tenía en cuenta si eran para alineación o para un jardín, ni su tamaño en relación al espacio disponible, ni las características del suelo, entre otros muchos factores. Manuel Álvarez afirma que él utiliza con sus alumnos una compleja tabla con «todo lo que hay que saber de un árbol antes de plantarlo». En ella se incluyen, además de la descripción de la planta, sus características bioclimáticas, su uso en paisajismo (que incluye detalles de su floración), patologías más frecuentes, posibles alergias que pueda ocasionar y otras informaciones que hay que analizar antes de decidir si es el árbol ideal para un lugar en concreto.

Sin este paso, después se producen otros problemas que inciden en la vida que va a poder tener cada ejemplar. Por suerte, aseguran los expertos, cada vez se está haciendo mejor la elección y cada vez se analiza de forma más concienzuda.

Pero arrastramos errores del pasado y ahora sufrimos las consecuencias, que a veces se tratan de solventar con prácticas que perjudican al árbol. El ejemplo más emblemático son los grandes árboles que se colocaron en espacios reducidos, cerca de edificios o al borde de la calzada. Ante su crecimiento la solución que se ha dado han sido grandes podas que lejos de ayudar, ocasionan problemas mucho mayores.

Los árboles no necesitan podas para vivir sanos

Lejos de lo que muchas personas todavía piensan, los árboles no necesitan podas. Cuidarlos no significa cortar sus ramas. Pero arrastramos una equivocada cultura procedente de otros tiempos. David recuerda que la costumbre de podar los árboles viene de su aprovechamiento para distintos usos. Se cortan los frutales para aumentar su producción y dejar accesibles los frutos, sin ramas demasiado altas. Se podaban también para alimentar al ganado pero, sobre todo, por interés maderero, para hacer muebles y herramientas, y como fuente de calefacción. De hecho, las podas más intensas venían de la necesidad de calentar las casas.

La costumbre hizo que ese trato a los árboles se haya considerado el apropiado para todo el arbolado, a pesar de que es perjudicial. Y a podas más fuertes, peor. «Si cortamos mucho, eso se vuelve contra nosotros», destaca Yolanda. Los expertos coinciden al explicar cómo al cortar las ramas se desequilibra la proporción entre raíces y copas, así como la propia estructura de la copa. Además, a través de esas heridas pueden entrar hongos y otras enfermedades que con el tiempo van debilitando al árbol.

Por otra parte, estas prácticas tienen otras consecuencias. Las ramas que crecen tras los desmoches y mutilaciones no cuentan con la misma fuerza en su inserción con el tronco y son las que se rompen con más facilidad, señalan Cándido y Yolanda. Al final, esas podas intensas merman los años de vida de los árboles.

En los entornos urbanos se hacen necesarias las podas para evitar que las ramas entren en ventanas, para que no invadan la calzada molestando a autobuses y otros vehículos y otros aspectos que interesan a las personas, no a los árboles. Estas prácticas deben llevarse a cabo de la forma más respetuosa y leve posible y no todos los años. Y esta es la tendencia que, afortinadamente, se está llevando a cabo cada vez más.

Problemas subterráneos

Si las ramas de los árboles sufren dificultades, la parte que no vemos de los árboles, las raíces, también se enfrentan a sus propios desafíos en la ciudad. Uno de ellos es la falta de espacio. En el subsuelo hay cimentaciones y otras partes subterráneas de los edificios, canalizaciones de suministros y otros obstáculos que constriñen su crecimiento.

Pero además, en los últimos años Salamanca ha visto crecer la superficie pavimentada. Manuel y Yolanda recuerdan que al reducirse la permeabilidad del suelo, la ciudad se vuelve más hostil para la vegetación y crecen los impedimentos para que las raíces accedan al agua. Este elemento necesario no se redistribuye con facilidad hacia las corrientes subterráneas de las que se abastecen los árboles. Una situación que ha empeorado con los años.

Además de lidiar con ello, gran parte de los árboles de la ciudad tienen que desarrollarse en suelos compactados y poco oxigenados. En alcorques mínimos en los que se vierten toda clase de líquidos insanos, desde la continua orina de perros al agua de los cubos de fregar. Pero existe otro problema. La profesora de jardinería destaca que las plantas urbanas son la parte menos considerada a la hora de hacer una obra en la calle. «Si hay que abrir, aunque haya plantas se abre. Si se cogen raíces al hacer la zanja, se cogen y se le da un viaje al árbol, sin escrúpulos aunque se dañe su sistema radicular», lamenta. Así, se suman nuevos aspectos que debilitan a los árboles y les hacen más susceptibles de sufrir roturas cuando llegan los temporales.

Sin embargo, también algunas prácticas bienintencionadas de la jardinería no le hacen un favor a los árboles. Es el caso del riego superficial. Tanto los aspersores como el goteo, que pueden ser adecuados para otras plantas con raíces más pequeñas, generan un problema en el arbolado de los jardines: se hace dependiente de esta agua que se queda en la superficie y llega con facilidad, y no buscan agua en niveles más profundos. Y cuando las raíces crecen de forma más superficial, es más fácil que sean volcados por el viento.

También el exceso de agua en el cuello del árbol, donde se juntan las raíces y tronco, es otra clave que los debilita.

En los últimos años es cierto que ha habido preocupación por este aspecto y se colocan tubos de unos 40 o 45 centímetros llenos de arlita para regar los árboles y que reciban el agua desde abajo. Pero los que han crecido de otra forma, ya tienen ese problema.

Seguirán cayendo árboles, pero hay controles

Ahora que hay más conocimiento sobre los árboles y sus necesidades en las ciudades, David, Manuel y Yolanda afirman que se están empezando a hacer las cosas mejor. Pero tenemos una parte del patrimonio verde que no fue bien planificada, que ha sufrido mucho, y a la que hay que prestar atención. «Se van a seguir cayendo árboles», apunta Manuel, que asegura que se están haciendo seguimiento, análisis y estudios para evitarlo en la medida de lo posible y mantenerlos vigilados. Será un asunto latente durante muchos años.

Los expertos explican también que cuando un árbol ha crecido sometido a grandes podas, en muchos casos van a tener que seguir actuando con podas en ellos porque es difícil recuperarlo. Las nuevas ramas no van a ser seguras y hay que mantenerlos de ese modo.

En otros casos incluso, es mejor sustituir el ejemplar a seguir con esas podas drásticas. Entienden que una tala a tiempo para poner un ejemplar bien elegido a veces es la mejor solución. «Pero cuando hay que quitar un árbol me ha dolido un montón», señala Yolanda.

Al final se trata de seres vivos que no tienen la culpa de haber sido colocados en el lugar incorrecto y de no haber sido cuidados en las mejores condiciones. Ahora hay que tratar de que vivan lo que les queda de la mejor forma posible. Y que cuando se planten los nuevos, no se cometan los mismos errores.

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