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Enrique Rodríguez en la sala habilitada para Aspaym en Salamanca. Álex López

Tetrapléjico tras tirarse de cabeza al río: «Me quise morir»

Un accidente le ocasionó una lesión medular y ahora, al frente de ASPAYM en Salamanca, busca integrar a las personas parapléjicas para compartir lo que fue su salvavidas

Laura Linacero

Salamanca

Domingo, 23 de octubre 2022

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Tenía 29 años, fecha de boda y un trabajo de ensueño cuando su vida cambió. Que no arruinó. Enrique Rodríguez, delegado en Salamanca de la Asociación de Parapléjicos y Grandes Minusválidos, sufrió un accidente en 2009 que marco un antes y un después. Una divertida jornada con amigos en el campo se empañó cuando el joven decidió darse un baño en el río y al tirarse de cabeza recibió un golpe en el cuello que le ocasionaría una lesión medular: «Los compañeros de trabajo me sacaron del agua, me tumbaron y yo era consciente de todo, solo que no podía mover ni las piernas ni los brazos», recuerda Enrique.

Trece años han pasado desde entonces y aún recuerda con pelos y señales cómo transcurrieron los hechos. «Vino un helicóptero y me llevó al hospital más cercano, en este caso el de León porque nosotros estábamos en Zamora», comenta. Nueve horas de operación, nueve horas de tensión para sus familiares que no sabían a qué se enfrentaría. Y de repente, la frase más punzante que escuchó nunca: «Vas a estar el resto de tu vida en una silla de ruedas». Y en un segundo te cambia la vida. «Se me pasaron mil cosas por la cabeza, me quise morir», asegura. Así vuelve hacia atrás con sus palabras Enrique que, agradecido por no tener un respirador artificial como le advirtieron, hace balance de su historia de superación.

«Antes podía hacer muchas cosas, y ahora puedo hacer otras diferentes»

enrique rodríguez

Delegado de ASPAYM en Salamanca

Nueve días en el hospital de León, -paralizado y sin poder hablar-, fueron la antesala de lo que viviría durante nueve meses en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. «Llegas y ves a toda la gente en silla de ruedas y te vienes abajo porque en León aún tenía esperanza de recuperarme» confiesa. Ahí fue consciente de que no se trataba de un mal sueño y adoptó una filosofía ejemplar para sobrellevar lo sucedido: «Antes podía hacer muchas cosas, y ahora puedo hacer otras diferentes».

No obstante, esa forma de pensar no fue tan instantánea como parece. Al revés, fueron meses de asimilamiento sobre todo cuando llegó a su ciudad natal, Valladolid. «Ahí te das cuenta de tu realidad, cuando vuelves a tu casa, a tu cuidad y eres consciente de todo», añade. Afortunadamente, siempre contó con el apoyo de su familia y su pareja, a pesar de que su situación de dependencia le forzaba a alejarse de sus más allegados. «Llegué a pedir a mi pareja que me dejara porque no quería que estuviera conmigo así», recuerda.

ASPAYM, su salvavidas

Su insistencia no surgió efecto y con el paso del tiempo entendió que «ella estaría bien si me veían a mi feliz». Con esa motivación, empezó a implicarse en la asociación ASPAYM. «Cuando estuve en Toledo, me hablaron de la asociación y recurrí a ellos. Fue una salvación para mí». Así recuerda Enrique sus primeros días en este grupo donde asegura que no solo fue un salvavidas físico, sino también mental. «Además de la rehabilitación que es fundamental, conoces a personas que han pasado por lo mismo que tú y es la mejor manera de normalizar la situación».

Ahora se pone en marcha la Asociación de Parapléjicos y Grandes Minusválidos en Salamanca, de la que es delegado, y piensa en aquellas personas que como él, tuvieron el mismo pensamiento al asimilar su situación. «Hay gente que no quiere salir de casa, y esta asociación ayudaría a que se integraran», apunta. Con la idea de tener pronto un centro de rehabilitación para ofrecer todos los servicios, Enrique lucha por devolver las ganas de vivir a cualquier afectado.

Hoy, con 42 años y un hijo de cinco años, reconoce estar «encantado con su vida». Resiliencia, superación y coraje para seguir hacia adelante son los valores que han marcado su historia. No obstante, los baches sociales de los últimos años han traído fantasmas del pasado: «En la pandemia lo pasé pero psicológicamente que cuando me ocurrió el accidente. Entonces podía hacer cosas con limitaciones, pero en el confinamiento no podía hacer nada», recuerda. De nuevo, hacer referencia al poder del ser humano para recuperarse de las adversidades y apunta: «hay que tirar para adelante, las barreras no están impuestas, nos las ponemos nosotros».

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