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Pareja con un perro S.H

La última vuelta de tuerca del reto demográfico en Salamanca: menos bebés y más mascotas

El descenso de natalidad en la provincia es notable desde hace ya muchos años y sus causas, contrastadas con el aumento de mascotas en los hogares, justifican la bajada

Daniela Di Domenico

Lunes, 29 de enero 2024, 08:17

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Desde hace ya muchos años, los datos generales de mascotas y las cifras de nacimientos confirman el hecho de que cada vez hay más casas con familias formadas por una pareja joven y una mascota, perro o gato sobre todo, a modo de núcleo familiar ya consolidado, sin planteamiento de tener hijos.

Las estadísticas que ofrece el Instituto Nacional de Estadística (INE), relacionadas con el movimiento natural desde 1988 a escala regional, indican que en Castilla y León han disminuido los nacimientos pero ha aumentado el número de fallecimientos. Esto también se ha notado en Salamanca donde, a pesar de haber una calidad de vida buena y un bienestar social, ya desde el S.XX se ha registrado un fuerte descenso de natalidad y, por tanto, un mayor retroceso en este sentido. En 23 años, la tasa de natalidad no llega al 5% por 1000 habitantes quedándose en un 3,5% y ,en la última década, se ha pasado de 2.263 nacimientos en 2013 a 1.754 en 2023, lo que está suponiendo una desvitalidad demográfica.

Estos datos, comparados con el número de mascotas que hay ahora mismo en la provincia registradas en lo que va de año, que son 17.951 y las totales que cerraron el 2023 con 17.948, tal y como registra la Base de Datos del Sistema de Identificación de Animales de Compañía de Castilla y León, indican la evidencia de que, desde hace ya más de veinte años en Salamanca y también en Castilla y León donde, según el registro en la base de datos de SIACYL hay activos 591.942 animales, los nacimientos han disminuido notablemente en contraste con el aumento de animales de compañía en los hogares.

Tanto es así que, en Salamanca, antes había menos mascotas que bebés con 1.145 animales nacidos registrados en 2014 y 2.337 nacimientos. Sin embargo, actualmente hay alrededor de un 28,4% más de mascotas que menores de 14 años, lo cual supone que hay hasta casi 4.000 mascotas más que niños en los hogares salmantinos.

¿Qué está cambiando?

Luis Alfonso Hortelano es profesor en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Salamanca, concretamente en el Área de Análisis Geográfico Regional donde imparte las asignaturas de geografía del turismo, ordenación del territorio y evaluación de impacto ambiental. Además de estar especializado en Geografía de la Población.

Tal y como explica el docente, las causas del descenso de natalidad se llevan estudiando muchos años y tienen que ver, sobretodo, con cambios sociales que se han producido en el seno de la sociedad a la hora de enfrentarse a la natalidad y en lo relativo al acceso de la mujer al mundo laboral así como la planificación familiar y el hecho de compatibilizar los roles en el hogar, todo ello sumado al mantenimiento de los hijos.

La sociedad cada vez es más competitiva, afirma Luis. Los niños cada vez están mejor atendidos y con mayor formación y la nueva moda es que se formen en múltiples actividades (idiomas, danza, …) lo cual supone un gasto extra añadido a la bolsa familiar del mes, indicando también un problema económico. Las nuevas generaciones están interrelacionadas con estas causas y, la propia cultura social, es la que está creando este germen de posponer o reducir el número de hijos.

Por otra parte, en el sentido laboral hay dos proyecciones, estructurales o coyunturales, dado que cada vez más mujeres tienen una mayor formación y cualificación que les lleva a escalar en los cargos y tener mejores puestos, lo cual implica más tiempo y dedicación a ello y prima más, tanto en ella como en la pareja, la parte laboral antes que la familiar. Todo ello junto con la parte de compatibilizar la vida laboral con la hogareña.

Por ello, entre todas estas connotaciones y características sociales que envuelven a la juventud actual, «podría darse dentro de un contexto general que, al no encontrar incentivos para vivir en una ciudad media, sí los encuentren viviendo en pareja con una mascota en defensa de los animales y, ante la falta de motivaciones, compensen así ese posible »vacío« de los niños en el seno de la pareja», especifica Luis.

El profesor cuenta que, entre el año 2000 y 2008, se mantenía la esperanza de sostener la natalidad e incluso aumentarla con la llegada de más de cinco millones de población inmigrante pero, actualmente, las parejas de población inmigrante extranjera que se están asentando, cada vez van asimilando más la conciencia occidental y esta desnatalidad tan presente en los países más desarrollados, no sólo europeos sino también en Japón o China.

Las consecuencias o secuelas, prosigue, serán varias. Primero, un descenso de los recursos humanos. «Año a año se vienen reduciendo los padrones de habitantes y esta pérdida trae consigo el rebaje de nacimientos que se ha denominado como 'hecatombe demográfica' o 'reto demográfico' en la unión de baja natalidad con envejecimiento y falta de población para ocupar estos amplios territorios con escasa densidad de población, lo que provoca una gestión insostenible o 'incendio catastrófico' del propio territorio al no haber presión demográfica». Será complicado, añade Luis, que los nacidos en los 60 (era del 'Baby Boom') accedan a la bolsa de pensionistas si, en un futuro no muy lejano, las nuevas generaciones no pueden alimentar las arcas de la seguridad social y no pueden pagar la factura de las pensiones.

«Los padres necesitan estabilidad, buenos servicios y acompañamiento»

Luis Alfonso Hortelano

Experto en Geografía de la Población

Entre algunas de las soluciones que podrían mejorar este descenso de población, indica el maestro, está la de conseguir un saldo migratorio positivo, de lo cual Salamanca está muy lejos porque, los jóvenes de la provincia se están yendo a vivir a las grandes ciudades como Madrid o Barcelona e incluso a capitales europeas y, por tanto, «se está perdiendo el talento más cualificado con perspectiva de futuro a causa de la falta de alicientes que tienen para quedarse».

Aunque en España exista el 'cheque bebé', Luis afirma que una pareja no se decide a tener un bebé porque le den 600 o 3000 euros, «psicológicamente los padres necesitan seguridad y estabilidad laboral y económica así como buenos servicios y acompañamiento». Últimamente se han puesto de manifiesto casos de madres o padres monoparentales que están sacando adelante a sus hijos solos y les han subido la tasa de la guardería, lo cual no encaja con una sociedad que fomenta la tasa de natalidad pero no ayuda, de alguna forma, a que sea menos costoso sacar adelante una familia.

Hay sociedades que son pronatalistas en este sentido como es el caso de Noruega o Suecia que buscan soluciones para facilitar esa compatibilización entre vida laboral y familiar. Se necesita tomar estas medidas para obtener buena cobertura de servicio de apoyo a las familias porque, aunque sea una elección personal, se puede ofrecer y dar unos servicios de bienestar social dignos para que los padres lo tengan un poco más fácil sin tener que decidir entre un camino u otro y puedan proyectarse profesionalmente a la vez que se sientan bien respaldados por la sociedad. «Es básico tener una sostenibilidad».

«Tengo 24 años y no me veo con un hijo a los 30»

En las calles de Salamanca, muchos jóvenes de entre 18 y 26 años están de acuerdo con que, debido a la complicada situación laboral y económica actual, es complicado tener un hijo. Algunos estudiantes de otros países afirman que, en España, cada vez es más frecuente el desempleo entre los jóvenes y la vulnerabilidad ante situaciones económicas y/o sociales que generan un pesimismo global y que también repercute a la hora de formar una familia.

Reconocen que se necesita mucha energía y atención para atender a un bebé y muchas parejas jóvenes, a nivel más íntimo y psicológico, todavía tienen que enfocarse en sí mismos y desarrollarse no solo personalmente si no también como pareja. Otros, relacionan este conflicto con que hoy en día se estudia mucho y, por tanto, el trabajo llega más tarde y, quizá, se prefiera tener mascotas que les acompañen.

«Si ya no tienes estabilidad en otros ámbitos de tu vida ni responsabilidad en ti mismo, en la de tener un hijo menos aún», concreta una joven. Perciben que la estabilidad económica se asienta muy tarde y cuando uno se da cuenta tiene ya 30 años, por eso también sienten que comienza a dar miedo tener estabilidad en todos los ámbitos de su vida. «Tengo 24 años y no me veo con un hijo a los 30».

A nivel social también opinan que ha cambiado la presión de tener un hijo muy joven como antiguamente «No siento querer tener un hijo ahora, todavía tengo que hacer muchas cosas antes». Ven muy lejos el tema de independizarse y les es más fácil vivir con una mascota que con un bebé. Reclaman unos salarios más dignos porque «no puedes permitirte con un sueldo de 800 euros al mes ni independizarte ni tener vida», «los salarios son bajos y los pisos muy altos, cuando buscas alquileres es para echarse a temblar».

Por otra parte, los habitantes de entre 50 y 70 años, piensan que ha cambiado bastante la situación respecto a antaño. Hoy en día, afortunadamente, trabaja tanto el hombre como la mujer aunque el hecho de que un piso o trabajo no esté más al alcance como antes es un factor que propicia este declive, afirman.

A nivel de conciencia moral y social se nota que «ahora el amor a los animales alcanza cotas muy altas y es distinto al de tener un hijo». Perciben un aspecto negativo, originado desde la infancia y es que cada vez se les exige más actividades a los niños que «hasta cierto punto está bien, pero al final aumenta mucho el presupuesto familiar».

La solución por tanto, concluyen, sería el acceso a la vivienda y trabajo digno para los jóvenes con lo que puedan cubrir los gastos de mantener primero un hogar y, después, una familia.

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