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Antonio Sánchez, con 81 años, regenta un comercio que arregla bolsos y maletas en Salamanca. José Manuel García
Negocios de toda la vida

El único comercio de Salamanca que arregla maletas y bolsos

Antonio Sánchez, con 81 años, trabaja en un taller para reparar los equipajes que le traen y acumula decenas de bultos olvidados por clientes

Laura Linacero

Salamanca

Lunes, 27 de noviembre 2023, 08:23

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La avenida Filiberto Villalobos aguarda una joya única en Salamanca. No se trata de una obra de arte -o quizás sí-, pero su valor es incalculable al tratarse de un comercio de los que ya no quedan en la capital «ni en parte del extranjero». Así lo explica Antonio Sánchez, un veterano del comercio salmantino que con 81 años aún está detrás del mostrador. Casi medio siglo lleva arreglando maletas y bolsos a medio camino entre su taller y la tienda que también atiende y de la que antes se ocupaba su mujer ya fallecida.

'Bol-Plax' es la tradición y la novedad, la tienda de Antonio de toda la vida pero también el único sitio al que acudir para salvar una maleta en la capital. Aunque antes de tener el taller y la tienda en esta calle, tuvo una fábrica de maletas y bolsos que llegó a contar con quince empleados. Sin embargo, acabó cerrando tras una mala experiencia con una de las trabajadoras. A su vez, llevaba con un socio una tienda en la calle José Antonio -ahora calle Azafranal- que tampoco fue como esperaba y terminó vendiéndola. «Fue el mayor disgusto que le he dado a mi mujer en toda la vida», recuerda Antonio.

Un disgusto «de los gordos» que precedió a, también, «la mayor alegría que le pude dar». «Yo a mi mujer le prometí que le iba a poner un comercio, y así fue», explica. Esa promesa se materializó en el ubicado en la avenida Filiberto Villalobos y donde, además de la tienda, tiene el taller donde arregla las decenas de maletas y bolsos que le llegan cada semana. «Lo de que la gente está acostumbrada al 'usar y tirar' no es verdad, yo tengo aquí trabajo para quien quiera», añade. «Cuando vienen a traerme una maleta, digo que mínimo 25 días porque tengo muchas para arreglar y también tengo que atender en la tienda», apunta.

En algo menos de una hora hasta en seis ocasiones suena el timbre que anuncia un nuevo cliente. Algunos vienen a preguntar, otros seguros de que Antonio les dará una solución y otros a recoger los arreglos. Algunos le conocen de siempre, y otros a través de una rápida búsqueda en internet le localizan: «No sé por qué estoy en internet si yo no me he puesto», se pregunta. Aunque seguramente el boca-boca después de 48 años hace más que todas las búsquedas en internet juntas, y esa confianza es lo que hace que el negocio siga funcionando.

El taller en el que arregla bolsos y maletas Antonio Sánchez. José Manuel García

Precisamente, mientras hace balance de su negocio, llega una chica para pagar un reloj -también los arregla- que ya había recogido en su día pero no tenía la cartera para pagarlo. «¡Casi mando a los policías!», bromea con la clienta. Sin darle mayor importancia al 'fiado', recoge el dinero y vuelve a salir del mostrador. No obstante, el cobro una vez finalizado el trabajo ha hecho que tenga su taller lleno de maletas y bolsos de personas que se los llevan para que los arreglen y nunca vuelven a por ellos. «Voy a poner un cartel de que se paga por adelantado», asegura con poca convicción.

Porque realmente esa es su forma de trabajar desde hace cinco décadas, el confiar en el cliente para que el cliente confíe en él. Aunque eso haga que tenga decenas de maletas apiladas en estanterías y mesas. «Hay alguna que lleva años, pero ni las tiro ni las vendo, cuando pasa un tiempo igual me valen para recambios y arreglar otras», asegura. La más antigua que tiene cumplirá el año que viene diez años en su taller. «Lo tengo todo muy bien apuntado, esta es de 21 de octubre de 2014, ya ni siquiera se hacen este tipo de maletas», asegura.

¿Qué es lo más raro que ha hallado en una maleta?

Prueba de que no tira ninguna de las que recibe y de que con las etiquetas que coloca a cada maleta no hay una que se le despiste es una anécdota con un hombre que, después de dos años, fue a recoger una que dejó. «Se le iluminaron los ojos cuando se la saqué después de tanto tiempo, no se lo creía. No había podido venir antes porque había estado en América pero quería recuperarla porque era de su padre», explica. Quizá la esperanza de ver esa cara de emoción en los clientes es lo que le impulsa a guardar cada una de las que recibe.

Además de caras de emoción, en estos casi cincuenta años también ha visto caras de sorpresa. Al preguntarle qué es lo más raro que ha encontrado dentro de una maleta, le viene la cabeza el hallazgo de una pulsera, un anillo y un sortija de oro «bien gorda». «No me quiero imaginar lo que podría costar eso», comenta. Cuando la clienta regresó a por su maleta, ya arreglada, Antonio le preguntó si no había echado nada en falta y le sacó sus enseres en una bolsa. «La mujer se echó las manos a la cabeza», recuerda riéndose.

«Cuando murió mi mujer pensé en cerrarlo todo, pero aquí estoy y no pienso en jubilarme»

Más de media vida escuchando historias, arreglando maletas, cosiendo bolsos y vendiendo diferentes artículos y pretende seguir sumando años detrás del mostrador. «Cuando murió mi mujer pensé en cerrarlo todo, pero aquí estoy y no pienso en jubilarme», asegura. Sus hijos han forjado su futuro lejos del negocio y sólo a uno de ellos le gusta meterse en el taller aunque no para hacer de ello su trabajo. Así, Antonio se mantiene con el mismo espíritu que las maletas que arregla: superponiéndose a cada achaque y rodando cada día para levantar la persiana de un negocio histórico en Salamanca.

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