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Imagen de la plaza del antiguo teatro Bretón.

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Imagen de la plaza del antiguo teatro Bretón. Álex López

Los vecinos del Bretón no ven en la policía la solución al ruido de bares y pisos turísticos

La asociación vecinal no dejará de reclamar soluciones para defender el descanso de los residentes y lamenta la insistencia de los hosteleros para seguir ampliando las terrazas y el mobiliario que las acompañan

Ana Carlos

Salamanca

Miércoles, 8 de mayo 2024, 08:21

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La acción policial será la única medida contra el ruido en las zonas de ocio nocturno y de concentración de apartamentos turísticos, que no contempla otras acciones en su actualización del mapa del ruido. La reacción de los vecinos afectados ante esta situación va desde el asombro a la indignación. Su calidad de vida y su descanso y su salud van en ello y se sienten desamparados.

Desde la asociación vecinal Bretón, de los barrios de Las Claras y San Cristóbal, afirman que los residentes con los que han hablado de este asunto consideran que es algo «inadmisible, impresentable y una desfachatez». Algunos se plantean la necesidad de acudir a la justicia en busca de unas soluciones que no encuentran de otra forma. Además lamentan que supone «una muestra de la falta de voluntad de los políticos más allá del paripé».

Por su parte, Mercedes Gabriel, presidenta del colectivo vecinal, afirma que «como vecinos nos parece la mayor aberración que se puede pensar para una ciudad Patrimonio de la Humanidad». En cualquier caso, y antes de dar otros pasos, la intención de la asociación es pedir y valorar información detallada al Ayuntamiento y «pedir explicaciones a la propia concejala de Medio Ambiente, María José Coca porque mucho tiene que copiar de otras ciudades».

Álex López

Insisten en que no tienen nada en contra de la hostelería y las terrazas. A todo el mundo le gusta poder tener lugares de ocio cerca. Pero recuerda que no es fácil vivir en zonas acústicamente saturadas.

Como ejemplo señalan algunas manzanas residenciales en cuyos bajos hay nueve bares que disfrutan de unos horarios de alta permisibilidad. Con esta densidad de establecimientos entienden que no se potencia el turismo de calidad en Salamanca sino otro de copas y borracheras. Y muy ruidoso.

En la asociación tampoco entienden que haya locales con licencias «de hace 50 años» en los que no se actualizan las condiciones que se exigen actualmente, como salidas de emergencia, entre otras. Afirman que precisamente en estos edificios antiguos «los ruidos se propagan mucho más, porque ahora se construye de otra forma».

Molestias y ocupación del espacio público

Pero el problema en estas zonas con tantos establecimientos de ocio nocturno no es solo el ruido que se produce dentro de ellos, sino el que conlleva la constante y abundante entrada y salida de gente en la calle hasta pasada la hora de cierre. No se puede responsabilizar a los bares, pero ellos pueden ayudar a pedir a las personas que esperan al entrar o que salen que no hagan ruido, señalan.

Ahora que se acercan el verano y las altas temperaturas, los vecinos necesitan abrir las ventanas para dormir más frescos por las noches. Pero así el ruido se cuela en sus dormitorios y perjudica sus posibilidades de descanso. Las terrazas también contribuyen al aumento del problema. Y no solo cuando están ocupadas, sino también durante el tiempo que dura su colocación y su recogida, con el movimiento del mobiliario, que pocas veces cumplen con la obligación de tener tapones en las patas para reducir el ruido.

«No tener un descanso reparador implica un descenso en la esperanza de vida de las personas», defienden. Además señalan que si como consecuencia de la pandemia mucha gente vio mermado su sentido del olfato, también vio aumentar el del oído y ahora el ruido les afecta más. Asimismo, hay personas altamente sensibles, con autismo, con problemas de audición y con audífonos a las que el ruido les trastorna y limita en su vida cotidiana.

Si hasta en algunos comercios se tiene en cuenta cómo el ruido afecta a las personas y tiene horarios especiales para que puedan hacer sus compras en un ambiente más silencioso, ¿por qué no se decreta que entre la 1 y las 6 horas no se limiten de forma estricta los ruidos en la ciudad?, se preguntan.

El constante incremento de terrazas en la ciudad también resulta un problema para los vecinos. Desde la asociación mantienen que tienen la sensación de que todo se hace pensando solo en la hostelería y no en los residentes. Como ejemplo hablan de las zonas que han sido teóricamente objeto de naturalizaciones en Salamanca. «Quitan coches y aparcamientos, pero los sustituyen por más terrazas que por zonas verdes».

La foto ganadora en el concurso de fotografía del barrio, titulada 'Esta plaza es mía' denunciaba precisamente la ocupación del espacio público por terrazas. Y las terrazas de invierno que los hosteleros quieren conseguir, con sombrillas, cortavientos y estufas son un suma y sigue en el problema.

La asociación vecinal Bretón critica que su implantación tendría un impacto tremendo tanto en la ciudad vieja como en los alrededores de la misma, como la denominada zona tampón que incluiría a sus barrios.

Afirman que en un momento determinado, por el covid, la ciudad ayudó a la hostelería permitiendo que ocupara muchos espacios, pero ahora no es de recibo que se crean con el derecho de llenar todo de terrazas.

Sostenibilidad turística

Si compaginar el uso residencial con el hostelero en la ciudad es todo un reto, desde el colectivo vecinal apuntan otro elemento en discordia, el de los alojamientos turísticos. Lo ven como un círculo vicioso. En las zonas en las que se concentra mucha concentración de establecimientos hosteleros, con mucho ruido y sin servicios cada vez le resulta más difícil vivir a los vecinos, especialmente en las plantas más bajas, que se convierten en alojamientos turísticos.

La gentrificación turística cada vez afecta a más ciudades. «En Canarias están saliendo a la calle para quejarse», recuerdan. Les da miedo pensar que Salamanca pueda llegar a esos límites, pero ven la rapidísima proliferación de estos alojamientos en los últimos como un aviso.

Desde que se constituyó la asociación, sus fundadores tenían el deseo de presentar proyectos a los presupuestos participativos del Ayuntamiento para mejorar su zona de influencia. Aunque con los años se han decepcionado porque no ven que el Consistorio haga caso a las propuestas vecinales, sí han conseguido que algunas de sus ideas sean tomadas en cuenta dentro de su Plan de Sostenibilidad Turística.

Así, aunque ellos han presentado proyectos de adecuación para todas las plazas y otros espacios del barrio, han conseguido que, junto a las plazas de los barrios del Oeste y San Vicente, se vaya a actuar en la plaza de San Román. De este modo, contará con iluminación artística, embellecimiento verde y también se mejorará la iluminación del barrio, con fondos europeos. A la espera de conocer los detalles concretos, esperan que el proyecto sea adecuado para la zona y del gusto de los vecinos.

A la asociación también le preocupan también en este momento la plaza de Bretón, en la que se va a eliminar el murete y la iglesia de la Misericordia. Esta última obtuvo un resultado desfavorable en la Inspección Técnica de Edificios (ITE) por su tejado de amianto y esperan conocer qué hará el Obispado y qué destino prevén para este inmueble.

Hay otros detalles que consideran importantes para turistas y vecinos, como el estado del solar de la calle Mártires, que se ha convertido en un improvisado pipican en la que se acumulan basuras, o la valla enorme que se come el espacio en la plaza de Bretón. Dado que no parece que vaya a existir una salida para ese espacio en un futuro cercano, al menos querrían que se tape de alguna manera elegante que no haga que quienes visitan la ciudad la encuentren descuidada.

Porque la asociación, insisten, no está contra el turismo ni la hostelería. Sólo piden que los residentes puedan convivir con ellos en equilibrio y armonía. Que no se sientan acorralados y obligados a marcharse de sus casas.

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