Borrar
Miembros de la asociación Sylvestris, durante el censo. Álex López
Más de 1.900 grullas encuentran refugio en el Azud de Riolobos

Más de 1.900 grullas encuentran refugio en el Azud de Riolobos

Aunque la densa niebla dificultó la primera jornada del censo oficial el pasado día 17, esta semana miembros de Sylvestris han podido registrar con mayor precisión la presencia de estas aves, que otros años en estas fechas superarían los 2.600 ejemplares

Ana Carlos

Salamanca

Miércoles, 3 de enero 2024, 08:27

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

La intensa niebla envolvía el paisaje ocultándolo casi todo en un manto etéreo. Pero ni eso ni el frío impidieron que miembros de la asociación Sylvestris acudiesen el pasado domingo, 17 de diciembre, al Azud de Riolobos para tratar de contribuir al XI Censo Ibérico de Grullas de la temporada 2023/2024 coordinado por Grus Extremadura.

Este censo se realiza durante dos jornadas del invierno. Grus Extremadura fija dos viernes para realizarlo de manera simultánea en todo el Estado (este año el 15 de diciembre y el 19 de enero), aunque permite un margen de dos días antes y después por si no se dan las condiciones adecuadas.

El mismo día 15 otro colectivo que había tratado de realizar el censo en el otro gran dormidero de la provincia, el embalse de Santa Teresa, pero salió nulo. Pudieron registrar unos 500 ejemplares, pero realmente la niebla no permitió realizar un trabajo exhaustivo ni conocer la presencia real.

La tarde del domingo en el Azud no se presentaba mejor para los participantes de Sylvestris. Dos horas antes del atardecer el grupo ya estaba en la zona para dividirse en parejas y colocarse en distintos puntos alrededor del Azud para tratar de contar cuántos ejemplares de esta especie migratoria descansan estos días en este dormidero.

Aunque con el censo se hace hincapié en el número de ejemplares invernantes en los principales dormideros, también se toman datos sobre la procedencia de los ejemplares observados que cuentan con un anillado especial que permite su lectura a distancia. Asimismo, los participantes observan y anotan el comportamiento de los individuos y otros datos de interés. Por sus cantos pueden saber si se trata de ejemplares jóvenes o si hay cortejos, por ejemplo.

Dado que el seguimiento se repite desde hace años, se pueden estudiar las tendencias de estas poblaciones invernantes en la provincia, así como otros cambios en sus costumbres y comportamientos. En definitiva, permite analizar la migración otoñal y la invernada; conocer la distribución de los principales dormideros y su evolución; documentar la presencia de ejemplares marcados en sus zonas de reproducción del norte de Europa; conocer el comportamiento de la especie alrededor de sus dormideros y las principales zonas de alimentación; e incluso detectar problemas locales de conservación de la especie.

Fácil de identificar a simple vista y por su trompeteo característico

Las formaciones en forma de V de las grullas surcando los cielos con su característico e incesante trompeteo hacen que sean fáciles de identificar. Posadas tampoco pasan inadvertidas, con su gran tamaño y su esbeltez. Sus patas y cuello largos, su cuerpo color ceniza y su cabeza negra con pico largo, una mancha roja en lo alto y franjas blancas que descienden desde los ojos, las hace inconfundibles.

Sylvestris

1 /

Pero pasaba el tiempo y en el Azud no se veía ni escuchaba nada. Solo algunos azulones sobre la lámina de agua y alguna garceta grande en un recodo. A medida que la luz disminuía y la niebla iba haciéndose más baja y espesa, la situación se complicaba. Sin embargo, se empezaron a oír a lo lejos desde algunos de los puntos de observación los consistentes trompeteos y una de las parejas empezó a ver algunas bandadas volando muy rasas. Como en Santa Teresa, el censo no iba a aportar datos reales, pero sí serviría para constatar la presencia de estas aves un año más.

Los participantes señalaban que nunca hasta ahora habían tenido un problema así a la hora del censo. En otras ocasiones ha habido niebla y otras dificultades, pero esta era sin duda la vez más complicada que habían tenido hasta el momento.

Jaime Tejedor, Lucía Alonso y Marina Paniagua, por ejemplo afirmaban que algunas veces había habido contratiempos porque la presencia de cazadores, pescadores, curiosos y paseantes, así como la maquinaria agrícola en la zona asustaban a las aves que tardaban en posarse o se asustaban y se marchaban de nuevo. Pero sólo era en momentos puntuales, no como la persistente niebla del domingo.

En el extremo contrario, contaban jornadas de especial encanto por la llegada de grandes grupos de aves. Marina, por ejemplo, recordaba como uno de los momentos más espectaculares que había vivido en un censo. Alrededor de su grupo se posaron 300 o 400 grullas y al oscurecer llegó otro grupo 600 que les sobrevolaron. El instante en que se juntaron todas, hace ya dos o tres años, y les rodearon con su fuerte trompeteo es inolvidable.

Sin embargo, cuando llegó la oscuridad absoluta este domingo, los participantes en el censo se marcharon sin ver más que algunas siluetas de las bandadas sueltas, como sombras sobre el fondo plomizo.

Descenso de ejemplares

La grulla común atraviesa Europa en grandes bandadas desde sus zonas de cría, en el norte del continente, hasta sus refugios de invierno, en la Península Ibérica y el norte de África. Este año su llegada se ha retrasado más de un mes y han llegado menos. Una de las razones han sido las temperaturas. Las altas temperaturas que ha habido durante la mayor parte del otoño les ha permitido permanecer más al norte.

Pero, tal y como recuerdan Gonzalo Criado y Lucía Alonso, este año se ha dado un problema añadido. Hace poco se produjo en Hungría un brote enorme de gripe aviar que acabó con unas 20.000 grullas que en buena parte habrían migrado a España. Se informó de este problema a España de cara al censo invernal porque eso supone cierta peligrosidad. De este modo, ante cualquier indicio de un ave que pudiera presentar esta enfermedad o aparecer muerta, es importante no tocarla ni manipularla. En estos casos hay que avisar a los agentes de Medio Ambiente (a través del 112, por ejemplo) para que la recojan y se hagan las pruebas oportunas.

La gripe aviar es una enfermedad producida por el virus de la gripe que afecta a aves y se transmite de un animal a otro, aunque excepcionalmente puede pasar a los humanos. No hay que alarmarse, pero si extremar las precauciones, afirman.

Jaime Tejedor añade que también tiene impacto en otras aves, como cigüeñas, anátidas o rapaces acuáticas, por ejemplo, pero no hay constancia de su alcance porque no se siguen sus poblaciones como se hace con las grullas.

Un segundo recuento, aunque no para el censo nacional

Aunque no tenga validez oficial para el XI Censo Ibérico de Grullas, el día 21 se volvió a realizar un censo en el Azud. Los participantes registraron más de 1.900 grullas. Como el día lo permitía, en este caso se pudieron leer anillas de procedencia alemana y sueca, las más habituales, tal y como explica Gonzalo Criado, presidente de Sylvestris. Otro aspecto que pudieron comprobar con esta lectura es que la edad media de las grullas anilladas que visitan el Azud de Riolobos ronda los 7 u 8 años, siendo la más longeva que conocen de las anilladas de casi 20 años. Muchas superan también los 10 o 12 años.

Gonzalo afirma que también se pudieron ver comportamientos curiosos y también «algunos ejemplares con movimientos típicos de estar infectados de gripe aviar, además de un ejemplar adulto con una malformación tremenda en la cabeza».

Con respecto a otros años, asegura que generalmente en estas fechas se superarían los 2.600 ejemplares, pero este invierno ha sido raro, sin mucho frío y muchas especies, no solo las grullas no han venido o han tardado en venir. Es cierto que algún año se han registrado menos, pero también ha habido años que se ha estado cerca de las 5.000.

Además de las temperaturas y las bajas por la gripe aviar hay otra posible causa de la menor presencia de grullas en el Azud de Riolobos. En concreto, el aumento del nivel del agua para el regadío ha reducido el espacio que pueden utilizar las grullas en este dormidero. Ahora queda menos sitio libre entre el agua y la carretera y eso dificulta que puedan quedarse a dormir sin molestias. Por eso las aves cambian sus costumbres. Utilizan más las islas internas y pueden desplazarse a lavajos y otros espacios del entorno, dificultando los censos.

En cualquier caso, en enero volverán a comprobar cómo sigue evolucionando el dormidero y recogiendo datos para hacer un buen seguimiento de esta llamativa especie.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios