Borrar
Humedal artificial Azud de Riolobos.

Ver 9 fotos

Humedal artificial Azud de Riolobos. David Arranz

El apacible remanso del vuelo errante en Salamanca

Miles de aves se refugian cada año en el Azud de Riolobos, el humedal artificial construido para abastecimiento de riego en la salmantina comarca de la Armuña, tanto en la época de invernada como en los pasos migratorios de otoño y primavera

Javier A.Muñiz | ICAL

Sábado, 5 de agosto 2023, 13:42

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Compartir

Cuando la caída del sol atenúa levemente el rigor estival, la calma se abre paso en la estepa salmantina de la Tierra de Peñaranda. El soplido del viento, dominante en dirección sudeste, y la concatenación melódica de trinos, graznidos, gorjeos y otros cantos alados ambienta al atardecer el entorno natural del Azud de Riolobos, un humedal artificial construido allá por el ocaso del anterior milenio para el abastecimiento de la zona regable de la Armuña. Sus 387 hectáreas, tras verse inundadas unas 250 entre sendos diques de hormigón, fueron pronto colonizadas, cual oasis en medio del desierto, por miles de aves que encontraron un apacible remanso donde pasar la invernada, y también donde descansar las alas durante los pasos migratorios en otoño y primavera.

A unos 40 minutos de Salamanca, ocupando los términos municipales del Campo de Peñaranda y de Villar de Gallimazo, el enclave es punto habitual de observación para ornitólogos y aficionados, tanto por su valor avifaunístico como por su fácil acceso. La lámina de agua, de hecho, es visible desde la carretera que circunda el embalse, pues el entorno es una zona esteparia, carente de vegetación frondosa y que apenas reverdece junto a la orilla. Apoyado en su telescopio y ataviado con prismáticos al cuello, permanece, en quietud, el letrado Ángel González, veterano aficionado a la observación de aves. El azud, según se desprende de su trayectoria, es una segunda casa para él. «Se me pasan las horas y no me entero», reconoce a Ical a pie de embalse mientras el sol se desdibuja en la línea del horizonte.

Hace casi un par de décadas, Ángel ya danzaba por el Azud elaborando censos específicos de especies con periodicidad quincenal. Conoce cada centímetro de su perímetro e identifica con indubitada nitidez cada ejemplar que enhebra a tiro de binoculares. Es un experto. «Es una afición que tengo desde pequeño. Estudié derecho, pero siempre me gustó este tema. Los de mi edad, que yo soy un poco viejo, vimos mucho los programas de Félix Rodríguez de la Fuente. Pero luego hay muchos chavales, de 14 o 15 años, que controlan un montón», comenta sobre este su hobby, que, por lo que se ve, tiene el relevo general asegurado. Añade que el avistamiento de aves es «muy agradecido», en comparación, por ejemplo, con la búsqueda de mamíferos. «Las aves vuelan, y las ves. Y cantan, y las oyes. Y las distingues», explica.

Ángel lleva los prismáticos colgados «todo el día». Guarda en el coche, en la oficina, en casa, «por todos lados». Es lo básico. Cuando va a observar, por supuesto, se lleva también el telescopio. «Es como todo. Empiezas por abajo y, con los años, empiezas a invertir y a perfeccionar. Mi primer telescopio me costó cuatro perras y el que compré hace 25 años ya me costó un dinero. Y la óptica, pues igual», comenta el letrado sobre la que es su principal afición, sin olvidar que «conlleva un componente de compromiso». «Si yo quiero ver aves, tengo que hacer cosas para conservar el medio y poder verlas. Si no lo hacemos, con todas las agresiones climáticas que hay, nos quedaríamos sin nada», apunta. De hecho, él mismo participa en un proyecto de recuperación de aguiluchos.

Conservación y gestión

Sobre la importancia del enclave, el aficionado destaca su «gran riqueza» desde el punto de vista de la fauna. «La diversidad y la cantidad de aves es directamente proporcional a que el agua esté en buenas condiciones y a que el entorno esté bien cuidado. Hay un ejemplo muy claro, ahora lo han llenado, en el mes de abril y, de repente, explota el número de aves que entran. Empiezan a aparecer por todos lados. Para la conservación es fundamental que el agua se gestione de una manera correcta», advierte en este punto, y deja entrever ciertas críticas a las administraciones públicas competentes, especialmente a la Confederación Hidrográfica del Duero, responsable de todo lo que tiene que ver con el agua del azud.

«El tema es que se han tirado 25 años para poner en marcha esta infraestructura. En todos esos años, se llenó en pruebas un par de veces a principio de siglo y luego no se ha vuelto a renovar el agua. Ha habido mucha dejadez, había mucha basura», lamenta. El humedal, en cualquier caso, está considerado Zona de Especial Protección para Aves (ZEPA), dentro de la Red Natura 2000. «Claro, ahí tiene que haber un plan de gestión y un plan de ordenación de recursos que no se ha llevado a cabo. Ha habido mucha dejadez en el control de la pesca, de los cazadores, de la gente que entra. Y por los regantes, por todo el mundo. No se sabe muy bien quién es el que tiene más culpa», resume este experto en avifauna, quien subraya que el Azud de Riolobos es, junto con las Lagunas de Villafáfila y el Complejo de la Nava, «el humedal más importante de toda la Comunidad».

Cita de memoria que, actualmente, existen 249 especies acreditadas, desde las esteparias, originarias de los alrededores, hasta otras más ligadas a los medios acuáticos, algunas «con importantes problemas de conservación», tanto en invernada como en épocas de migración. «Viajan por supervivencia, pero en su camino migrador tienen que buscar sitios para descansar. Ven el Azud, bajan, comen y siguen camino. Parece una bobada, pero las especies que se ven ahora han cambiado mucho respecto a las que se veían hace 20 años. No solo por el Azud, es por los propios ciclos de la vida», señala, apuntando, cómo no, al cambio climático como causa probable de estos cambios.

Respecto a las medidas de conservación del humedal, el jefe del Área de Medio Natural del Servicio Territorial de Medio Ambiente de la Delegación de la Junta, Juan Carlos Velasco, avanza a Ical que hay prevista una hoja de ruta con actuaciones con cargo a los fondos europeos 'NextGenerationEU', aunque aún no se han concretado en documentos. En su opinión, sería conveniente realizar algunas jornadas de retirada de residuos y ciertas mejoras en la señalización. En cualquier casi, según matizó, aparte de ahora «la principal incógnita» será comprobar la evolución del humedal y sus poblaciones de aves con las recargas de agua del azud, que se llevarán a cabo desde el río Tormes con la entrada en funcionamiento del regadío de la zona.

Factor pesca

Y es que, toda vez que lo referente al agua del Azud de Riolobos es responsabilidad de la CHD, todo aquello que concierne a las especies que lo habitan es competencia de la Junta. Así, según explica a Ical el técnico de Vida Silvestre de la Delegación Territorial, Pedro Luis Ramos, la regulación es «muy importante», en este caso, para compatibilizar los distintos usos del enclave. Cuando se creó, se pensó en otros aprovechamientos, aparte del fundamental, que es abastecer los proyectos de regadío de La Armuña. Así, se empezó a ver, por un lado, su importancia en cuanto a conservación de aves y, en ese sentido, se incluyó en el catálogo de Zonas Húmedas Protegidas de Castilla y León. Por otro lado, hubo quien se propuso un uso recreativo y quiso colocar bancos y zonas de sombra, pero luego se vio que era incompatible con la conservación. Se establecieron, eso sí, algunos observatorios y el uso recreativo quedó restringido a un nicho más especializado.

Los pescadores, sin embargo, cuando diferentes especies del Tormes, básicamente carpas, barbos, gallegos, gobios o pencas, fueron colonizando esta masa de agua, sí vieron la oportunidad de pescar y lo han hecho de forma regular. La Junta estableció, entonces, unas medidas de gestión de la pesca y enmarcó el embalse dentro de la figura de Aguas en Régimen Especial (ARE). «En lugar de ser un área libre, en la que bastaría contar con una licencia, para acceder se estableció que, en los meses de primavera, en los que están criando algunas aves acuáticas, no está permitido el tránsito de pescadores por las orillas», señaló el técnico. Esto está articulado mediante una limitación temporal desde el 1 de marzo hasta el 31 de julio. El resto del año, se puede pescar libremente.

Invernada y migración

En cuanto a las aves, Ramos reconoce que es «una de las principales» zonas húmedas a nivel de Castilla y León. En la provincia salmantina, de hecho, «la más importante», tanto por número total de ejemplares que alberga, como por variedad de especies. En cifras redondas, en cuanto a invernada, el Azud de Riolobos alberga entre 4.500 y 5.000 aves, de las cuales, en torno a la mitad, unas 2.700, son grullas. Casi todas las que hay en la Comunidad están en Salamanca, aproximadamente la mitad en el azud y, la otra parte, en el embalse de Santa Teresa y las dehesas contiguas.

Por otro lado, el Azud de Riolobos es una zona crucial para la invernada de anátidas, especialmente, del ánade azulón y de la cerceta común, con unos 900 ejemplares cada uno. De hecho, para la cerceta común es la principal zona de la provincia, ya que «no es normal encontrar esta concentración en otros lugares». Así, la riqueza de especies en el periodo de invernada es «mayor que en cualquier otro humedal». Según el año, hay de 12 a 15 especies diferentes entre diciembre y enero. Según matiza el técnico, en la segunda quincena de enero es cuando se censan todos los humedales protegidos por los organismos internacionales y, por lo tanto, es cuando corresponden estas cifras.

El humedal, asimismo, es de gran relevancia por los pasos migratorios, tanto en primavera como en otoño. Su valor reside en la variedad de especies que se pueden observar en estas ventanas y también, de hecho, en la rareza de alguna de ellas. En los pasos primaverales, según el técnico, predomina la espátula. «No es frecuente en la provincia, pero en primavera se pueden observar grupos de 15 a 20 ejemplares dependiendo del año», aclara. Además, se trata de una zona importante para las aves limícolas, ya que se pueden observar fumareles, chorlitejos, archibebes o cigüeñuelas, pero también, dependiendo del periodo, el ánade real y la cerceta común, así como cucharas y gaviotas.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios