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Fragmento detalle de «El Triunfo de la Muerte», de Pieter Bruegel el Viejo Salamancahoy
Cortejos de muertos: los dos últimos testigos salmantinos
Expedientes X salmantinos

Cortejos de muertos: los dos últimos testigos salmantinos

Tras observar la macabra procesión, uno de los testigos falleció agónicamente

María Rivas

Salamanca

Sábado, 14 de octubre 2023, 17:54

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Cuando la niebla es baja y las copas de los centenarios árboles la convierten en jirones, hay quien dice que, a lo lejos, se escucha el tañer de una campana que acompaña a una hilera de luces que presagia el peor de los finales. El olor a vela y los desgarradores aullidos de los perros, que huyen despavoridos de esta macabra procesión, son el aviso de que ya llega el cortejo de muerte.

«La Santa Compaña» se trata de una leyenda extendida en su práctica totalidad por el norte de España aunque, bien es cierto, llega hasta el punto mágico de Las Hurdes, en la zona limítrofe de Salamanca con Extremadura.

Aquellos que han presenciado este fúnebre cortejo aseguran que las ánimas que lo conforman andan descalzas y envueltas en sudarios y que, su aparición, tal y cómo se relata, augura o vaticina una muerte.

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La macabra procesión

El término «hueste» o «huestería» significa «ejército» y parece provenir de una vieja tradición germánica que, durante la Edad Media, se extendió por toda Europa Occidental.

Esta macabra procesión está conformada por gente ya fallecida y, en ocasiones, el cortejo va precedido de una algarabía que, aquellos que la han escuchado, aseguran que se escuchan lamentos y lloros tanto de hombres y mujeres como de niños.

La güestia, en conclusión y brevemente, presenta las siguientes características: aparece siempre en la noche, presenta un carácter psicopompo (es decir, que tiene como finalidad conducir el alma de los difuntos al otro lado) y está conformado por ánimas de difuntos o diablos.

Los últimos testigos de la güestia en Salamanca

En 2018 Cuarto Milenio recuperó el testimonio de un salmantino que aseguró haber visto a este cortejo.

El encuentro tuvo lugar en el pueblo salmantino de Lagunilla y su testigo, Manuel Peral Martín, estaba convencido de que, lo que él y su compañero habían presenciado, no podía ser de este mundo.

Manuel Peral y Jesús «el largo», que así se apodaba el amigo de Peral, se encontraban una noche en la cocina de la casa; corría, aproximadamente, la una de la madrugada cuando escucharon, a lo lejos, un esquilón.

Ambos testigos creyeron que aquel sonido anunciaba el fallecimiento de algún vecino del pueblo.

Manuel y Jesús se asomaron entonces por la ventana para poder ver qué estaba ocurriendo y fue entonces cuando, en la espesura de la noche, pudieron diferenciar a tres hombres: el primero de ellos tocaba el esquilón, el segundo portaba una vara de dos metros de la que colgaba una calabaza y el último, llevaba un farolillo.

Los tres hombres, ajenos a las miradas curiosas de Peral y «el Largo», pasaron por delante de la casa sin ni siquiera reparar en su presencia.

El primer pensamiento de los testigos fue que aquellos tres individuos se dirigían a robar a la Iglesia y, con el objetivo de conocer sus intenciones, el propio Jesús se acercó hasta los tres hombres y les dijo: «¿Quiénes sois vosotros?», a lo que uno de ellos simplemente respondió: «venimos de indulgencia».

Ilustración de la Santa Compaña

No hubo más conversación con aquellos extraños personajes y, estos, continuaron su trayecto al son del esquilón.

Años más tarde, Peral supo qué era la Santa Compaña y que, aquel que tocaba a alguno de los miembros de la misma, acababa muriendo.

Jesús «el Largo», tras el incidente con aquellos tres hombres, tardó apenas once meses en fallecer entre fuertes dolores y agonía y su compañero, Manuel, cree que aquel encuentro con lo extraño condenó a muerte a «el Largo».

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