Borrar
Salma es una de las irrecuperables del Centro de Educación Ambiental Lorenzo Milani

Ver fotos

Salma es una de las irrecuperables del Centro de Educación Ambiental Lorenzo Milani Álex lÓpez

Un hogar salmantino para medio centenar de aves irrecuperables

El Centro de Educación Ambiental Lorenzo Milani alberga rapaces y otros pájaros procedentes de centros de recuperación de fauna silvestre y que sufren secuelas que les impiden vivir en libres

Ana Carlos

Salamanca

Sábado, 24 de diciembre 2022, 13:47

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Compartir

Surcar los cielos en libertad ya no es una opción para ellos. Sus vidas cambiaron con algún accidente por el que tuvieron que ser atendidos en un Centro de Recuperación de Animales Silvestres (CRAS). Allí pudieron salvar sus vidas. Pero no sus alas, o sus ojos. Perdieron alguna capacidad que necesitaban para estar al cien por cien en el campo. Cuando esto sucede y eres un ave, especialmente una rapaz, puede ser la diferencia entre la vida y una agónica muerte. Te conviertes en irrecuperable.

Pero la función de los CRAS, como el de Las Dunas, en Cabrerizos, es seguir salvando vidas. Una vez curadas las heridas no se puede mantener al animal en ese espacio indefinidamente. No dejaría espacio para la llegada de otros nuevos.

Por este motivo el Centro de Educación Ambiental Lorenzo Milani creó un espacio que, a través de un acuerdo con la Administración, puede albergar aves procedentes de estos centros. Aquí pueden proseguir sus vidas y servir para que niños y mayores aprendamos más sobre ellos y las razones que les impiden volver a su hábitat. De hecho, organizan visitas guiadas a medida tanto para centros educativos como para grupos y familias. A cada uno les cuentan detalles en función de sus intereses y conocimientos. Sólo hay que concertar fecha a través del teléfono 630 15 05 83.

Milanos, ratoneros, buitres, mochuelos, lechuzas, búhos, águilas, cernícalos (hasta 45 ejemplares de rapaces), dos cornejas y dos cigüeñas son algunas de las especies que tienen en la actualidad. Una de las principales causas por las que padecen distintas secuelas es por haber sufrido traumatismos. Miguel Blanco, responsable de este espacio explica que no en todos los casos se sabe con certeza cómo se produjeron los golpes, pudieron ser contra otro animal o un árbol. Pero los humanos muchas veces tenemos demasiado que ver con estos problemas. Son muy frecuentes los choques contra aerogeneradores, tendidos eléctricos, cristaleras o alambradas, por ejemplo.

Colisiones con artefactos humanos

Pistas de pádel, edificios de cristal, ventanales y escaparates parecen inofensivos, pero según datos de la la Sociedad Española de Ornitología, SEO BirdLife, se cobran cada año la vida de más de cien millones de aves en el mundo. Eso sin contar a las heridas.

De muertes y daños por colisiones con resto de los elementos antes citados no hay cifras a nivel global o estatal, pero también son muy relevantes.

En el caso de los choques con alambradas, las rapaces nocturnas son las que se llevan habitualmente la peor parte. En sus vuelos y cazas bajo las estrellas muchas veces no reparan en su existencia. Y cuando lo hacen puede ser demasiado tarde. Porque han quedado enganchados en ellas. Tratan de escapar. Tiran. Los pinchos desgarran su carne. Se hacen heridas graves y roturas en el intento de huir. A veces poco se puede hacer por ellas. Otras, como el caso de Lola una, de los búhos reales del centro, salvan la vida. Pero quedan incapacitadas para vivir en libertad.

Los atropellos son otra de las causas por las que algunos ejemplares terminan incapacitados y en el centro. No solo por coches, como otro de los búhos, sino por vehículos agrícolas. Es el problema principal en los aguiluchos cenizos, pálidos y laguneros. Estas aves anidan en los campos de cereales. La época de cosechar se produce cuando los pollos todavía están en el nido. El agricultor desde la cosechadora muchas veces no se fija o no lo ve. Y la consecuencia es nefasta. Muchos ejemplares simplemente mueren. A otros se les parten huesos que nunca van a soldar como precisa un depredador que vive de su precisión en la caza.

Pero no todo son accidentes. Algunas de estas aves han sufrido envenenamientos o disparos. A Tormenta, una preciosa águila culebrera, la encontraron un chico y su padre. Tenía un ala llena de perdigones. Una infección hizo necesario su amputación en el CRAS de otra provincia. Ahora solo camina por la jaula. Y en una de las revisiones para cuidar sus patas, ya en en centro, descubrieron que también tiene un hueso roto que ha soldado mal. Y más perdigones, lamenta Miguel Blanco.

Cuando la buena fe hace daño

Pero actuar de buena fe también se pueden ocasionar daños irreparables a un ave. Como a un tristemente simpático buitre leonado llamado Salma. Busca los cordones de nuestro fotógrafo mientras hace este reportaje. Tiene una pata dañada. Sospechan que de pequeño probablemente estuvo atado como «mascota». Seguramente no le deseaban ningún mal. Pero la deformación de su pisada no es lo grave en este caso. Lo peor es que ha quedado troquelado, es decir, él no tiene consciencia de ser un buitre. Más bien se ve como humano. Se acerca a las personas, amigable, para pedir comida. Mala idea si eres un ave de tres metros de envergadura, con un pico con el que puedes arrancar carne como mantequilla y mala fama por la cultura popular. Si te aproximas a alguien lo más probable es que le des un gran susto y te reciba de muy malas maneras. No es viable la reintroducción en su hábitat.

Tampoco lo fue la de otro de sus compañeros buitres. Tras su paso por un CRAS parecía que todo iba bien. Lo soltaron. Al poco tiempo volvió a aparecer desamparado. Tras dos intentos fallidos, fue trasladado a este espacio. Su vista o su sentido de la orientación no funcionan como para vivir de forma autónoma en el campo.

En el Centro de Educación Ambiental Lorenzo Milani están construyendo una nueva jaula que estará destinada a los córvidos. Son los alumnos de los distintos módulos y del aula alternativa, bajo la dirección de sus responsables, los que se encargan de todo. Unos la jardinería, otros las jaulas y ornamentos o el mantenimiento. Juntos y sin ayudas económicas externas, cuidan un espacio educativo que permite vivir a unos irrecuperables que de otro modo serían sacrificados. Aprovechan palets y madera de bancos para hacer los enormes jaulones. Ayudan aprendiendo, cooperan y disfrutan el resultado. Mantienen en un proyecto más los valores que les caracterizan. Porque cuidar de aves heridas también puede ayudar a las personas a crecer más sanas y libres.

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios