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Fotos satélite de varios diseminados de la provincia de Salamanca. SH
Los 'pueblos' de Salamanca donde sólo vive una persona: de granjas a centros ecuestres

Los 'pueblos' de Salamanca donde sólo vive una persona: de granjas a centros ecuestres

De los más de 4.200 núcleos unipersonales de España registrados por el padrón, 78 están en la provincia que se reparten entre los diseminados, una figura poblacional peculiar

Félix Oliva

Salamanca

Martes, 23 de enero 2024, 19:54

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Vivir solo en un núcleo de población unipersonal. Incluso en una provincia donde abundan los municipios de 100 y menos habitantes y en pleno debate sobre la despoblación, estar empadronado como único habitante de una pequeña aldea o alquería es una rareza, pero extendida en el caso de Salamanca, donde se concentra el mayor número de diseminados de Castilla y León donde sólo se contabiliza un vecino, 78 en total. Vecinos que escapan al éxodo generalizado y cada vez más fuerte que lleva a los habitantes del mundo rural a grandes núcleos, nada que ver con vivir solo en una alquería.

Ese concepto, el de diseminado, es la clave para entender la unidad mínima de población y la casuística permite hacerse una idea de la realidad demográfica de estos lugares que, en el caso de Salamanca, corresponden con explotaciones ganaderas, fincas, edificaciones aisladas y hasta la cárcel de Topas.

Según la última revisión del nomenclátor del INE, Salamanca tiene 554 diseminados en los que viven menos de cinco personas. De ellos, en 78 núcleos sólo hay una persona empadronada. Es una de las provincias con más y su número ha crecido en los últimos años, porque en la edición de 2022 eran 54. En la tabla inferior se pueden consultar todos estos núcleos de la provincia, a qué municipio corresponden y la composición de su población.

El hecho de que se contabilicen núcleos con una sola persona tiene su explicación. Según el INE, se considera núcleo de población a un conjunto de al menos diez edificaciones, que están formando calles, plazas y otras vías urbanas. Por excepción, el número de edificaciones podrá ser inferior a diez, siempre que la población que habita las mismas supere los 50 habitantes.

Ese, diez construcciones o 50 vecinos, es el mínimo para poder considerar un lugar como núcleo de población. En este capítulo se engloban las pedanías o las aldeas gallegas, comunidad donde se concentran la mayor parte de los núcleos unipersonales.

Para definir qué construcciones y habitantes corresponden a un núcleo, se incluyen aquellas edificaciones que, estando aisladas, distan menos de 200 metros de los límites exteriores del mencionado conjunto, si bien en la determinación de dicha distancia han de excluirse los terrenos ocupados por instalaciones industriales o comerciales, parques, jardines, zonas deportivas, cementerios, aparcamientos y otros, así como los canales o ríos que puedan ser cruzados por puentes.

Los diseminados

Fuera del concepto de municipio o núcleo se encuentra la unidad mínima poblacional que contemplan las estadísticas: los diseminados. Según el INE, las edificaciones o viviendas de una entidad singular de población que no pueden ser incluidas en el concepto de núcleo se consideran en diseminado.

Una entidad singular de población puede tener uno o varios núcleos, o incluso ninguno, si toda ella se encuentra en diseminado. Ninguna vivienda puede pertenecer simultáneamente a dos o más núcleos, o a un núcleo y un diseminado.

Como se ve en el mapa, no son muchos los municipios con más de un diseminado unipersonal. Pero, ¿quién vive en estos lugares? Pues la lista permite hacerse una idea de la naturaleza de estos pequeños núcleos poblacionales.

En la lista de aquellos con un único habitante (la mayoría de los casos, varón) se encuentran granjas y alquerías como las de Porquerizos y Otero de Vaciadores en Aldeatejada; el diseminado de Cuarto del Pilar, que acoge un centro ecuestre en Aldehuela de la Bóveda; la aldea de la Dueña de Arriba en Pedrosillo de los Aires; o el propio Centro Penitenciario en el caso del municipio de Topas.

Cambios en la ley

Estos núcleos tan reducidos son auténticos supervivientes de la reunificación de municipios. Hace una década, la administración se planteó eliminar poblaciones como solución a la dispersión y para facilitar la prestación de los servicios. Se propuso entonces que no hubiera municipios de menos de 5.000 habitantes.

Sin embargo, eso no acabó suponiendo ninguna desaparición y tampoco se ha traducido en unificaciones. La ley permite a todos los municipios que lo son conservar su autonomía y ejercer sus competencias, aunque para ello se agrupen en entidades supramunicipales.

En la práctica, los cambios que se impulsaron en la Reforma de la Ley de Bases del Régimen Local para mejorar la eficiencia de las administraciones se han traducido en mayor cooperación de las diputaciones, pero no en la extinción de municipios ni en su dimensionamiento.

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