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El catedrático Salvador Rus. SH
Ego enredo
Opinión

Ego enredo

¿No es eso lo que enseñamos en la universidad, a evitar las lecturas simplistas de los fenómenos naturales, sucesos y comportamientos?

Fernando Gil

Sábado, 6 de julio 2024, 11:45

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Mi colega, el señor Salvador Rus Rufino -miembro como yo de un Departamento donde habitan los sociólogos-, ha sido nombrado coordinador del informe encargado por el Consejo de Gobierno presidido por el Rector de la Universidad de Salamanca para investigar al propio Rector. «Un perfil técnico, sin mochila política y discreto», observaba el Diario de Valladolid para justificar las razones por las cuales Vox quería ficharle como posible Consejero de Cultura en la Junta de Castilla y León.

Cuando leí sus primeras declaraciones tras haber aceptado la misión, tardé en comprenderlo. En ellas pedía «no andar enredando más». ¿A quién se refería? ¿A los miembros del Comité Español de Ética de la Investigación que firmaron un comunicado público el pasado 11 de junio donde pedían que se diera, de forma «imprescindible e insoslayable, una verificación exhaustiva e independiente» de los acontecimientos derivados de las supuestas malas prácticas por las instancias competentes? ¿A los más de 200 profesores que hemos firmado posteriormente otro escrito recogiendo el guante de dicho Comité, donde se insta a la Universidad de Salamanca, a «actuar mediante el ejercicio de sus potestades de inspección y sanción»?

Enredar, en la acepción intencionada por el sr. Rufino, según la Academia de la Lengua, significa complicar un asunto. ¿Y no es eso lo que enseñamos en la universidad, a evitar las lecturas simplistas de los fenómenos naturales, sucesos y comportamientos?

Enredar, en la acepción intencionada por el Sr. Rufino, según la Academia de la Lengua, significa complicar un asunto. ¿Y no es eso lo que enseñamos en la universidad, a evitar las lecturas simplistas de los fenómenos naturales, sucesos y comportamientos?

Como escribió Jacques Derrida, la universidad moderna pide -esto sí que es una petición moralmente legitimada- una libertad incondicional de cuestionamiento y de proposición, e incluso, más aún si cabe, el derecho de decir públicamente todo lo que exigen una investigación, un saber y un pensamiento de la verdad.

Según el Diccionario de Autoridades, estudiante es «el que observa con atención y cuidado y procura saber e inquirir las cosas», sinónimo de investigator. scrutator, speculator.

Así que sí, si eso es enredar, yo enredo, y no le pienso hacer caso al Sr. Rufino sino que seguiré enredando mientras me quede un soplo de vida. Es más, defiendo esa filosofía porque me permite ser coherente con mi papel como profesor universitario. Que cada cual consulte a su conciencia para ver si puede responder lo mismo.

Ego enredo, de la misma forma que han «enredado» los estudiantes en Mayo del 68, y siguen haciéndolo en la actualidad de forma puntual y arbitraria, y por tanto incomprensible -para algunas cosas extraordinarias y mediáticas sí, para muchas otras intrahistóricas, más cercanas, en las que se juega lo mismo, no-.

Ego enredo, de la misma manera que enredó el periodista del Washington Post, Carl Bernstein, hasta desenredar la historia del Watergate que hizo dimitir a Nixon.

Sólo enredando las cosas, es decir, complicándolas al cuestionarlas, es como se llega a la verdad. Y al contrario, sólo aceptándolas como se dan, ignorando las dudas, es como se entierra la justicia

Creo que la solicitud de Rufino es poco afortunada porque parece que invierten la realidad -una operación muy común en esta época, sobre todo en ciertos ámbitos ideológicos-. Porque sólo enredando las cosas, es decir, complicándolas al cuestionarlas, es como se llega a la verdad. Y, al contrario, sólo aceptándolas como se dan, ignorando las dudas, es como se entierra la justicia.

Yo, como buen «estudiante» (¡Ay del docente que se olvida de su lado discente!), especulo, escruto, investigo, siempre y en todo momento. Y puestos a cuestionar, puedo cuestionar que al sr. Rufino lo propusiera el Consejo de Gobierno, cuando el asunto debería haberse debatido en el Claustro, que es, como rezan los Estatutos, el máximo órgano de representación de la Comunidad Universitaria, una de cuyas funciones más relevantes es «recabar del Rector información sobre cualquier aspecto de sugestión, y en general, de la actividad universitaria». Y puedo cuestionar su idoneidad, porque lo ideal es que el investigador no conozca personalmente al investigado. Y puedo cuestionarme el método que anuncia en su investigación, el de la evaluación por pares -en vez del procedimiento controversial pertinente-, como si fuera el director de una revista científica en vez del coordinador de una comisión de investigación. De nuevo una declaración poco afortunada, toda vez que en el fondo de la cuestión subyace precisamente la crítica a la filosofía de ese sistema de evaluación, basado en el número de citas, en la cantidad, más que en la calidad, en el tener, más que en el ser.

Traigo de nuevo a colación al filósofo francés, elevando sus palabras en tono de manifiesto: la deconstrucción (para entendernos, la acción de enredar para desenredar) tiene su lugar privilegiado dentro de la universidad y de las Humanidades como lugar de resistencia irredenta e incluso, analógicamente, como una especie de principio de desobediencia civil, incluso de disidencia en nombre de una ley superior y de una justicia del pensamiento.

Creo que es una buena ocasión para citarlo, unas horas antes de la segunda vuelta de las elecciones francesas, con la amenaza del triunfo de la ultraderecha. Derrida, al que podríamos llamar El Gran Enredador, fue expulsado del liceo de la Argel que le vio nacer por judío durante la segunda guerra mundial, siendo un adolescente homosexual, y encarcelado en la Praga soviética de los años ochenta, no se sabe si por su conferencia o por posesión de marihuana. No creo que a alguien con ese perfil lo tentara el partido de Marine Le Pen. Mitterrand hizo una llamada a las autoridades checas: No se arresta a Voltaire. Lo soltaron. Ojalá en estos castizos pagos los intelectuales contaran con la mitad de prestigio y protección que en el territorio vecino.

Sobre el autor:

Fernando Gil Villa es Catedrático de Sociología de la USAL. Coordinador del Plan Estratégico de la USAL 2018-2023.

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