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Un grupo de jóvenes, con sus teléfonos. Xavier Lorenzo
La ola de los padres 'antimóvil' se extiende por España: sin teléfono hasta los 16 años

La ola de los padres 'antimóvil' se extiende por España: sin teléfono hasta los 16 años

Miles de familias se suman a los grupos de Telegram que alertan sobre los efectos perniciosos de los dispositivos en los menores

Álvaro Soto

Madrid

Viernes, 10 de noviembre 2023, 12:51

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Una ola de concienciación sobre la necesidad de retrasar la entrega del primer móvil a los niños recorre España. Desde Barcelona, donde la iniciativa comenzó a coger fuerza hace una semana, hasta todos los rincones del país, miles de padres se han unido en una comunidad virtual que busca frenar los efectos perniciosos de los teléfonos inteligentes en el desarrollo de los más pequeños.

Todo empezó en el barrio de Poblenou, en la capital catalana, cuando un grupo de padres creó un grupo de Telegram para luchar contra el supuesto «consenso social» de que los menores tenían que recibir un teléfono a los 12 años, muchos de ellos, como regalo de la Primera Comunión o cuando entran en el instituto. «Mi hijo cumplió 12 años el domingo y no tiene móvil ni lo va a tener. Pero en su clase lo tienen casi todos», fue uno de los primeros mensajes en este grupo, que aboga por no entregar un teléfono a los adolescentes antes, por lo menos, de los 16 años. Ese primer grito de resistencia se ha extendido como una marea cívica que trata de concienciar a las administraciones políticas y educativas de los peligros, más que constatados, de dejar en manos de menores que no están lo suficientemente formados una herramienta tan útil, pero a la vez tan peligrosa, como un teléfono con internet. El grupo de Poblenou cuenta con casi 10.000 miembros, y en el resto de España, son ya miles de padres más los que participan en cuentas inspiradas en la misma idea.

El impacto negativo del móvil en la educación de los niños ya no está en discusión. El último informe de la Unesco sobre educación y tecnología asegura que «el mero hecho de estar cerca de un dispositivo móvil distrae a los estudiantes y tiene un efecto negativo en el aprendizaje». En el mismo sentido, el organismo internacional advierte de que «la percepción de los docentes es que el uso de tabletas y teléfonos dificulta la gestión del aula» porque frenan la atención de los alumnos durante las clases y fomentan el acoso escolar. Según un estudio del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 85% de los niños de entre 12 y 14 años ya tiene móvil.

Y sin embargo, en España, solo Castilla-La Mancha y Galicia, en 2014, y Madrid, en 2020, han prohibido los móviles en las aulas. Cataluña anunció este jueves que ya en enero enviará orientaciones a los centros educativos para regular el uso del teléfono y presentó un informe que muestra que el 52,77% de los centros ya tiene prevista esta regulación en sus normas internas: de este porcentaje, el 26,24% no permite llevarlo al centro y el 43,74% no permite su uso en el colegio. También dentro de ese 52,77%, un 16,10% de las escuelas permite el uso del móvil en zonas señaladas; un 11,69% solo en el patio; un 66,90% en momentos puntuales y a criterio de los docentes; un 45,98% lo permiten en cualquier aula para usos educativos; y un 3,08% tienen regulado el «uso libre en el centro».

La mayoría de las comunidades deja la decisión en los centros y muchos colegios lo permiten, con la excusa de que el uso de las tecnologías forma parte de los currículos educativos, amparados por la legislación de las comunidades autónomas, que se ha centrado en los últimos años en fomentar el uso de las pantallas en las aulas. Así, hay autonomías que presumen de haber incluido o reforzado contenidos como la mejora de las competencias en inteligencia artificial. La delgada línea entre aprender a utilizar las tecnologías digitales y las dificultades que los móviles introducen en las aulas está en el centro del debate.

Pero de lo que no hay duda es de las consecuencias negativas del uso del móvil para los niños, una dinámica que ha hartado a los padres y que se expresa de muy diferentes formas. «Nos enfrentamos a todo tipo de problemas: psicológicos, emocionales, de conducta y físicos», explica David Cortejoso, psicólogo especialista en nuevas tecnologías. «La situación se les está yendo de las manos a muchos padres, que ven que sus hijos abandonan sus buenos hábitos, no duermen, reducen su rendimiento académico, dejan el deporte, padecen trastornos alimentarios y sufren cambios de humor explosivos», concreta este experto, que constata que las dificultades en los jóvenes a causa de los móviles comenzaron hace mucho tiempo.

«Lo extraño es que hayamos tardado dos décadas en darnos cuenta», señala Cortejoso, que apoya las movilizaciones de los grupos de Telegram y lanza, sobre todo, un mensaje. «Existe mucha presión social en los padres para que sus hijos no sean los 'raritos' que no tienen móvil. Pues bien, todo eso son bobadas. Está demostrado que los adolescentes que no tienen teléfono no están excluidos y siguen quedando con sus amigos. Que no nos vendan la moto», subraya. Y en este sentido, recuerda que redes sociales como Whatsapp, Facebook o TikTok establecen en la Unión Europea una edad mínima, los 14 o los 16 años, para sus usuarios. «No es posible que haya niños menores de esa edad con perfiles. Y es verdad que la policía no va a ir a casa de los padres que lo permiten, pero los progenitores tienen que saber que si en algún momento ocurre algo, ellos son los que van a tener que responder».

Mientras, cada vez más familias se suman a los grupos de Telegram de sus barrios y sus ciudades. «Unir fuerzas para hacer frente al problema de las pantallas entre niñas, niños y adolescentes», es el objetivo que les une a todos ellos y que ha abierto un camino en el que ya se plantea la posibilidad de registrar una iniciativa popular en el Congreso de los Diputados o realizar manifestaciones para presionar a los legisladores. En Poblenou, origen de la marea 'antimóvil', los padres han publicado un documento de consenso con, entre otras, estas conclusiones: «Nosotros seguimos reiterando que nuestro objetivo es empoderar a las familias que quieren aplazar la llegada de los móviles en la vida de sus hijos. Rebajar la presión social en su compra y romper una dinámica enquistada que asume la llegada del móvil con la entrada en el instituto; para que esto sea posible, creemos que es imprescindible restringir el acceso y uso de los teléfonos inteligentes en los centros educativos en las etapas obligatorias y dotar a éstos de los recursos para hacer efectiva esta regulación».

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