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Fallece en Málaga por chemsex tras tomar un cóctel de ocho drogas

Fallece en Málaga por chemsex tras tomar un cóctel de ocho drogas

Expertos alertan del riesgo asociado al consumo de sustancias estupefacientes en estas sesiones sexuales que llegan a durar días

Juan Cano

Málaga

Viernes, 22 de marzo 2024, 08:42

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Se conoce como GBL. Las siglas probablemente no le digan nada si no regenta una tienda de efectos navales o practica maratones sexuales con drogas sintéticas como avituallamiento. Y ahora se preguntará: ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? El GBL es el ácido gamma-butirolactona, un eficaz disolvente para la pintura de los barcos. Al entrar en el organismo, el GBL se convierte en GHB, es decir, éxtasis líquido. Y es uno de los ingredientes de moda de las chemsex, que son largas sesiones de sexo -duran días- ayudadas por un cóctel de sustancias estupefacientes.

Las autoridades sanitarias llevan años alertando de los riesgos de estas fiestas sexuales al considerar que, precisamente por el consumo de drogas sin control, el número de participantes y la desinhibición que suele caracterizarlas, aumenta el peligro de contraer infecciones de transmisión sexual. Y también la muerte. En España, el Instituto Nacional de Toxicología ha contabilizado ya varios casos -pocos, ya que es difícil detectarlos- de personas fallecidas en el contexto de una de estas sesiones sexuales. Uno de ellos ocurrió en Marbella.

El forense del Instituto de Medicina Legal (IML) de Málaga Sebastián Díaz es también profesor de Farmacología de las Drogas de Abuso en la UMA y especialista en nuevas sustancias psicoactivas. «En 2015 estaba observando un aumento del consumo de drogas entre los detenidos a los que atendíamos en el IML cuando se me cruzó un artículo sobre el uso de estupefacientes en el sexo», explicó este jueves 21 de marzo en la apertura de la jornada sobre chemsex que acogió la Facultad de Medicina de la UMA. Ahí empezó a investigar sobre el fenómeno, en ese momento aún incipiente, y a publicar sus hallazgos en un blog.

En su exposición, abordó el único caso clínico confirmado en la provincia, un chico de 32 años que se desplazó desde Reino Unido para pasarse un fin de semana encerrado en un chalé de Marbella practicando sexo utilizando toda clase de drogas. Al parecer, el grupo -cuatro personas- había quedado a través de una aplicación en un chalé de dos plantas de una urbanización de la ciudad. En un momento determinado, este joven anunció al resto que se iba al piso inferior para echarse en el sofá a descansar. Al rato, cuando fueron a ver cómo estaba, lo encontraron muerto.

Los compañeros de fiesta del fallecido declararon a la policía que habían consumido alcohol, GHB y cocaína. Era cierto, pero no era toda la verdad. Este es un denominador común que lleva, según los expertos, a un infradiagnóstico de los estragos que llega a causar el chemsex. En medicina hay una máxima que dice que no se encuentra lo que no se busca. En el caso de Marbella, los forenses observaron una hipertrofia del corazón y un edema agudo del pulmón, lo que les indicaba que podía haber algo más.

La investigación se prolongó porque el caso precisó de estudios complementarios en el Instituto de Toxicología que confirmaron los hallazgos de la autopsia. El joven dio positivo -en orina, sangre o en ambas- hasta en ocho sustancias estupefacientes distintas. Había tomado MDA, MDMA, anfetaminas, metanfetamina, cocaína, GHB, sildenafilo, diazepam.

Además, el joven había ingerido mucho alcohol (dio una tasa de 1,24 gramos por litro de sangre). Pero lo que lo mató fue el éxtasis líquido. El nivel de GHB en sangre era de 427 miligramos, «lo que multiplicaba por tres la tasa que se considera mortal», explicó Sebastián Díaz durante la jornada, en la que también intervinieron el director del Centro Provincial de Drogodependencias (CPD), Juan Jesús Ruiz; el psicólogo Juan F. Cabrera, de la ONG Apoyo Positivo; y la doctora Cristina Gómez, que es especialista en enfermedades infecciones del Clínico, unidad a la que también pertenece otro de los participantes, el médico Jesús Santos.

El forense Sebastián Díaz, ayer, durante su intervención en la jornada sobre chemsex en la UMA. Sur

El forense del IML detalló las diferentes drogas sintéticas que se utilizan en el chemsex, como las metanfetaminas y las catinonas sintéticas, que son estimulantes, y el GBL o el GHB, que son depresoras (de ahí que el efecto se multiplique si se mezcla con alcohol). Pero sobre todo advirtió de que el cóctel puede ser mortal. Aunque se usa como sustituto del éxtasis líquido, «los efectos secundarios del GBL -el disolvente para los barcos- son muchos mayores y los síntomas desaparecen a los 14 días», explicó el galeno, que también alertó de la aparición de brotes psicóticos -atendió recientemente el caso de un hombre que había intentado cortarle el cuello a su pareja- o de ideas suicidas en los consumidores.

Qué es el chemsex

Chemsex es un término de origen británico que surge de la fusión de las palabras chems (en alusión a las drogas) y sex (sexo). El Ministerio de Sanidad lo define así en su web: «Se trata de un tipo particular de consumo sexualizado de sustancias, vinculado a la cultura sexual gay. Se caracteriza especialmente por ser un consumo de drogas con fines sexuales, dando lugar a largas sesiones de sexo, que pueden prolongarse durante horas, o incluso varios días».

La página del ministerio aclara que las sesiones de chemsex pueden ser: «[...] de uno-a-uno (con una pareja sexual ocasional o con una pareja estable), trío o sexo grupal. Pero también hay quienes lo practican en solitario, visionando material pornográfico o interaccionando online con otros consumidores, por ejemplo, a través de cámaras web. En España, se utilizan términos como: chill, sesión, colocón, fiesta, vicio, etc».

En un vídeo exhibido durante la jornada de este jueves en la facultad de Medicina, dos hombres conversan sobre las chemsex. Uno de ellos explica al otro que participó en una fiesta sexual donde llegó a haber 30 personas con toda clase de drogas. Las sustancias en polvo estaban en una bandeja superior y las líquidas debajo «por si alguien derramaba una copa». Su interlocutor introduce el término 'mami' (persona que atiende a los que se desvanecen por el grado de intoxicación): «Hay que cuidar a los demás con los que te drogas».

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