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HIGINIA GARAY
Natación para una cabeza 'sana'

Natación para una cabeza 'sana'

Mejora nuestra salud mental, la memoria, provoca sensación de felicidad, combate el estrés y la depresión

Lunes, 16 de octubre 2023, 00:09

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Hagan la prueba un día en el que tengan el estrés por las nubes, se atasquen con un trabajo o, simplemente, les haya salido todo al revés. Naden. Aunque sea poco: veinte largos en un piscina de 25 metros bastan. Al acabar notarán una sensación de relajación de forma inmediata. Y cuando vuelvan a su actividad cotidiana saldrán del atasco 'mental' en el que se encontraban y lo verán todo con más optimismo. No es una sensación subjetiva. Es un fenómeno fisiológico y comprobado científicamente.

«La natación produce la liberación de endorfinas. Estas sustancias son la droga natural del cerebro, puesto que reducen la percepción del dolor, nos proporcionan placer y una inmensa sensación de bienestar y felicidad», destaca José Morales, investigador en Neurociencia y autor de un trabajo que recoge los beneficios de la natación para la salud mental. Explica que «las endorfinas secretadas se unen a los receptores opioides del cerebro, encargados de funciones como la sedación, la reducción del dolor o la euforia».

Esas endorfinas son efectivas incluso para tratar la depresión. Algunos estudios –uno de ellos realizado por la Universidad de Londres– han demostrado que resultan mucho más eficaces que algunos fármacos antidepresivos. «La natación como terapia mejora el estado de ánimo y reduce los síntomas de quien sufre ese trastorno. Esto permitiría rebajar e incluso eliminar la medicación en algunos pacientes», recalca el investigador. Así que no es extraño que muchos psiquiatras 'receten' nadar a sus pacientes.

Este deporte es un gran aliado: aplaca la tensión emocional, puesto que baja los niveles de cortisol, la hormona del estrés. «También aumenta la producción de serotonina, una de las hormonas de la felicidad, que nos ayuda a combatir la ansiedad, la depresión y el estrés», añade.

Pero hay más. Es uno de los ejercicios que más desarrolla las capacidades cognitivas. «Facilita la generación de nuevas neuronas en el hipocampo, la zona del cerebro encargada de la memoria y del aprendizaje». Nadar pone además en funcionamiento ambos hemisferios, que necesitan mayor cantidad de oxígeno. Y este aumento de la comunicación de los dos lados del cerebro supone «un aumento de las capacidades cognitivas». Otro efecto positivo: «Las fibras nerviosas del cuerpo calloso –el cableado cerebral que permite la comunicación entre los dos hemisferios– se desarrollan más en los nadadores gracias a la precisión de las brazadas y a la forma en que se utilizan los movimientos bilaterales para nadar». Esa conexión facilita también construir nuevas y positivas conexiones neuronales.

Tirarse al agua supone un gran salto para combatir el deterioro cognitivo que provoca el paso del tiempo y los hábitos de vida perjudiciales. «Un ensayo con ratones demostró que este ejercicio físico evita el deterioro de la capacidad de aprendizaje y memoria de ratones obesos», problemas en su cerebro que le causaba la mala alimentacion, describe el investigador.

En especial para niños

Tan bueno como para mayores es para los niños. Existe una conexión entre la natación a edades tempranas y la mejora del desarrollo cognitivo en los chavales. Los pequeños que se inician en la natación a edades tempranas «desarrollan más rápidamente habilidades psicomotrices y empiezan a comprender aspectos ligados al desplazamiento y las distancias con mayor facilidad», completa María Sagasti, especialista en Medicina Deportiva del IMQ. «La natación ayuda a aumentar la coordinación de movimientos, mejora el equilibrio y es importante a la hora de adquirir nociones relacionadas con el espacio», detalla la especialista.

En esta línea, un ensayo reciente ha demostrado que niños de entre 6 y 12 años tienen más capacidad para recordar vocabulario tras haber nadado varios minutos. La razón se atribuye a un factor de crecimiento del cerebro que mejora la memoria y la cognición y que se conoce como el BDNF. Lo que diferencia a la natación de otras actividades cardiovasculares es, precisamente, que estimula la liberación de ese factor de crecimiento.

Una sensación de relax que pocos deportes consiguen

El agua produce una sensación de relajación que no se consigue con otro tipo de ejercicio físico. Después de una sesión de pesas, de abdominales o de carrera en cinta podemos sentirnos fuertes, satisfechos, despejados de mente... pero no ese relax único de la piscina. «En el agua podemos desconectar de los sonidos que nos rodean y el movimiento rítmico de la natación nos hace entrar en un estado meditativo».

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