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Sol sobre Zaragoza. EFE
Así serán las ciudades para adaptarse a los retos del cambio climático

Así serán las ciudades para adaptarse a los retos del cambio climático

ODS 11 | Ciudades y comunidades sostenibles ·

Urbes reverdecidas, técnicas de toda la vida o tecnología innovadora ayudarán a crear poblaciones más preparadas para las altas temperaturas y los demás retos de la emergencia climática

Raquel C. Pico

Miércoles, 23 de agosto 2023, 07:54

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En esa misma mañana en la que nos respondía a unas cuantas preguntas, la arquitecta Eugenia del Río, secretaria de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), había estado en Getafe. Había ido a ver el trabajo que se había realizado en una plaza, en la que se ha conseguido reducir la temperatura ambiental con sombras con cañizo, un suelo pintado de un color más claro y vegetación autóctona. Es un ejemplo de cómo están cambiando las ciudades para adaptarse a los retos de la emergencia climática.

Las elevadas temperaturas de este verano —con sus sucesivas olas de calor— han evidenciado de forma clara lo que, en realidad, no era una noticia nueva: la comunidad científica lleva años alertando sobre los efectos del cambio climático y sobre cómo impactarán en el día a día de la ciudadanía. Las ciudades se llevarán una buena parte de esas consecuencias negativas.

No solo están llamadas a ser el principal espacio habitacional —Naciones Unidas cree que el 68% de la población mundial vivirá en ellas en 2050— sino que son territorios bastante hostiles en términos climáticos. Su elevado tráfico, el exceso de hormigón y cemento y la progresiva desaparición de los árboles urbanos en las últimas décadas las han hecho menos agradables a la vida y menos resilientes a las presiones climáticas.

Pero no todo está perdido. Si se ajustan las cosas y se piensan las urbes de una manera distinta, se conseguirá obtener espacios mucho más preparados para lo que se avecina, en los que sus habitantes tendrán mejor calidad de vida.

¿Cómo serán entonces las ciudades del futuro, esas ciudades que serán capaces de responder a todos esos retos y a hacer la vida de sus habitantes mucho más fácil? Serán distintas a las de hoy, porque los grandes retos climáticos obligan a repensar los modelos y hacerlos más sostenibles, eficientes, verdes y, en resumidas cuentas, 'vivibles'.

Ahí está la idea de la ciudad de los 15 minutos, en las que cada persona tendrá acceso en un ratio de un cuarto de hora a todos los servicios necesarios. «No es ir contra los coches, es asegurar calidad de vida», insistía en una entrevista a este periódico Carlos Moreno, el científico que ha acuñado la idea. En cierto modo, podría decirse que supone volver a hacer vida 'de barrio', algo que funcionó durante mucho tiempo en las ciudades de todo el mundo y que desapareció durante la segunda mitad del siglo XX, cuando se impusieron modelos como el de la ciudad en los suburbios.

De hecho, esos modelos muy centrados en los suburbios son incompatibles con la felicidad, como demuestra Charles Montgomery, autor de 'Ciudad feliz', y que perfila unas urbes en las que se ha reconquistado el centro, mucho más peatonalizado, con servicios múltiples y espacios compartidos. «No soy pesimista sobre las ciudades. Estoy muy preocupado por el destino del mundo, pero sé que las ciudades son parte de la solución», nos prometía.

Reverdecer las ciudades

«Una de las claves será hacerlas más verdes», explica Eugenia del Río. «La vegetación es una medida fundamental» para lograr reducir el estrés térmico, con reducciones de uno o dos grados de las temperaturas. Además, esto no es algo que solo se deba hacer en las calles. Es algo que se puede aplicar a muchas más escalas, también a nivel personal.

Reverdecer el parque de viviendas existente es posible: plantas en terrazas o en el interior de los hogares, pero también en los patios de manzanas, pueden ayudar a lograr esas bajadas de temperaturas o esa limpieza del aire tan necesaria. En los edificios de nueva construcción es algo que ya se tiene cada vez más en cuenta, porque los propios habitantes urbanos lo requieren. De hecho, la arquitecta reclama más flexibilidad a los ayuntamientos en sus normativas, para que no penalice en términos de metros cuadrados el tener terraza. La ciudadanía, apunta, ya las está pidiendo cada vez más en sus casas.

Por ello, las calles contarán con más zonas verdes, los edificios estarán más integrados con la naturaleza —por ejemplo, las cubiertas verdes tendrán más presencia— y los modelos de ciudades verdes dejarán de ser una excepción para convertirse en la norma.

Ciudades más saludables

Los efectos del cambio climático también pasan factura a la salud, tanto la física como la mental. «Sí que estamos viendo con el cambio climático cambios en nuestras ciudades en salud mental», explica el psicólogo Ismael Dorado, miembro de la Junta Directiva y secretario de organización de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS). Por ejemplo, recuerda, el calor apabullante aumenta el número de suicidios y la experiencia médica demuestra que las personas diagnosticadas ya con alguna enfermedad mental tienden a ser más vulnerables a los cambios de tiempos. Igualmente, se duerme peor o se agravan problemas como las alergias. Y con el calor «aumenta las agresiones».

Por eso, el diseño urbano del futuro deberá estar muy orientado también a la salud. Reducir la polución o la contaminación acústica serán claves. Al mismo tiempo, la ciudad debe actuar como escudo contra estos elementos que nos perjudican.

Ahí entran igualmente esas zonas verdes, que no solo servirán para limpiar el aire o para crear refugios climáticos, sino también para ayudar a la ciudadanía a mantenerse saludables. Dorado apunta que ya existen «muchos estudios científicos» que demuestran que «las personas que viven cerca de zonas verdes tienen un mejor estado de ánimo». «Un desestresor de siempre es salir a pasear y los urbanitas nos olvidamos de que existe», recuerda. «Las personas viven más a gusto cuando ven verde a su alrededor», señala también Del Río.

Dorado plantea la posibilidad de utilizar los solares vacíos urbanos, mientras no se desarrolla nada ahí, para crear zonas verdes extras. «Los estaríamos utilizando», apunta, y reverdeciendo con ello las urbes.

Tecnología de hoy y del pasado

Igualmente, esas ciudades a las que se aspira serán mucho más autosuficientes en términos de energías. Reducir la dependencia de los combustibles fósiles es uno de los grandes objetivos de desarrollo y las urbes progresarán cada vez más hacia las energías limpias.

Y, como ocurre con lo verde, no solo se puede hacer en la urbe a modo general, sino también en el propio hogar. «A nivel de vivienda unifamiliar o pequeña, sí es posible llegar a consumo cero», apunta Del Río. «Es posible, no es ciencia ficción», señala. En obras nuevas, se puede ya construir teniendo en cuenta medidas pasivas y añadiendo elementos como placas solares, pero en el parque de viviendas ya existente se pueden hacer mejoras que permitan acercarse a ello.

Además, las nuevas tecnologías ayudan a medir qué está ocurriendo y qué se puede hacer mejor. Las 'smart cities' son, justamente, eso: ciudades que emplean las posibilidades que abren las herramientas TI para ser mucho más eficientes y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

Pero lo cierto es que las respuestas no están solo en las tecnologías más punteras. Fijarse en lo que se lleva haciendo toda la vida, en los saberes tradicionales o en el mundo rural pueden ayudar a encontrar soluciones a estos nuevos problemas de la emergencia climática. Las ciudades beberán de todas esas tradiciones y las ciudades del futuro no darán la espalda a lo que hemos aprendido década tras década y siglo tras siglo.

Ahí están, recuerda Del Río, las casas pintadas de blanco del sur de España, una decisión que ayuda a reducir la temperatura, o las ventilaciones cruzadas para lograr crear brisa, eso que ya hacían las abuelas y que es una manera económica y sostenible de lograr lo que busca el aire acondicionado. «La ciudad del futuro es volver un poco a otros modelos que teníamos y que hemos ido abandonando», concede Del Río. Es recuperar esas tecnologías que funcionaban y que siguen sirviendo para los problemas del siglo XXI. «Se nos habían olvidado», asegura.

Será también una arquitectura flexible, una que sea capaz de adaptarse al paso del tiempo y a los cambios de necesidades, «pensando las cosas despacio y fijándote en el pasado, pero con una parte de innovación», explica. Un mix de lo viejo y lo nuevo —como nuevas técnicas constructivas o materiales— puede ayudar a conseguir ciudades más resilientes.

Reducir brechas económicas y sociales

Y, por supuesto, esa ciudad ideal, verde y sostenible, debe serlo para todos sus habitantes. Al fin y al cabo, el impacto que tiene la emergencia climática sí va por barrios: existe una brecha económica en cómo se puede —o no— asumir aquellos elementos que permiten paliarlo. Así, Dorado recuerda la «importante» fractura económica a la hora de enfrentarse al calor: no todo el mundo puede instalar aire acondicionado en su casa y no todo el mundo puede encenderlo sin preocuparse por la factura eléctrica.

Unas políticas públicas que lo tengan en cuenta y que ayuden a que todos los habitantes de la urbe puedan dar el salto a esa ciudad del futuro verde, sostenible y resiliente serán fundamentales, recuerdan los expertos.

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