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El trabajo infantil comprende el trabajo que los niños son demasiado jóvenes para realizar y/o el trabajo que, por su naturaleza o circunstancias, es probable que dañe su salud, seguridad o integridad moral. ONU/MINUSTAH/ Logan Abassi
¿Está su 'skincare' libre de trabajo infantil?

¿Está su 'skincare' libre de trabajo infantil?

160 millones de niños y niñas son explotados en todo el mundo: la agricultura es el sector donde más, pero otros, como la producción de cosméticos, están en auge

Raquel C. Pico

Miércoles, 12 de junio 2024, 07:14

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Aunque a veces se tiende a pensar que los niños y niñas trabajadores son algo que se quedó entre las páginas de las novelas victorianas o en los recuerdos del mundo complicado de los abuelos, esta es todavía una realidad muy presente en muchos lugares del mundo. «El trabajo infantil está lejos de ser cosa del pasado», apunta Eloisa Molina, directora de comunicación de World Vision. La celebración cada 12 de junio del del Día Mundial contra el Trabajo Infantil se encarga de recordarlo.

El derecho de la infancia está protegido frente al trabajo y la explotación económica está reconocida en la 'Convención sobre los Derechos del Niño' de Naciones Unidas. Aun así, y según estadísticas de Unicef, 160 millones de niños y niñas trabaja en todo el mundo. Esto supone que lo hace 1 de cada 10 menores de entre 5 y 17 años. Según Unicef, en los países con mayores índices de pobreza, la cifra se vuelve todavía más elevada: son 1 de cada 5. La mitad de toda esta infancia trabajadora, suma Molina, lo hace en trabajos peligrosos.

La pandemia empeoró el panorama general. Como apunta Molina, hasta el estallido de la crisis del coronavirus se acumulaban dos décadas de retroceso en las cifras de trabajo infantil. Sin embargo, la pandemia supuso un parón en la tendencia e incluso la invirtió.

Los cálculos de Unicef y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hablan, de hecho, de una subida de 8,4 millones en el cómputo final de niños y niñas trabajadores y advierten de un aumento «sustancial» de la cantidad de niños de 5 a 11 años que trabajan. La crisis expulsó a muchos pequeños de la educación y los empujó al trabajo, explica Molina, y una vez fuera del sistema educativo ya no volverán. Es una «inercia que se coge» y de la que es muy difícil salir.

El trabajo infantil tiene efectos directos sobre la salud de quienes lo padecen, pero además perpetúa los ciclos de pobreza y desigualdad. Esto es, hace que para los niños y niñas que los siguen sea aún más complicado romper el ciclo. De hecho, World Vision calcula que, si las cosas no cambian, es «probable» que en 2025 sigan trabajando 140 millones de niños y niñas.

Realidades invisibles

Las estadísticas hablan de que la mayor parte del trabajo infantil se produce en el sector agrícola (el 70%), un número y una realidad que puede parecer lejano desde el llamado norte global, pero que se traduce en una presencia del trabajo de niños y niñas en áreas de la vida cotidiana que a veces resultan un tanto invisibles.

Posiblemente, uno de los espacios en los que menos piensa la ciudadanía cuando se menta este tema es el de la cosmética y belleza y, sin embargo, también ahí está muy presente, como advierte el estudio 'El alto precio de la belleza', de World Vision.

El porqué es una cuestión un tanto paradójica: en la búsqueda de productos mejores, la ciudadanía prefiere la cosmética más natural. Pero, como explica Molina, para hacer esos productos se usan materias primas —como el karité, la mica o la vainilla— que muchas veces son recolectadas o extraídas por niños.

En la recolección del coco, por ejemplo, trabajan unos 16.000 niños en Costa de Marfil y Ghana. La cosecha de frutos de palma para hacer aceite obliga a mover pesados sacos sin ningún tipo de equipo de protección: el 68% de los niños de entre 9 y 17 años que lo hace ha vivido agotamiento por el calor en su trabajo. La mica, como el cobre, implica un trabajo en minas «peligroso», suma Molina.

Todas estas materias primas mueven industrias millonarias. Consumirlas de forma responsable es posible, confirma la portavoz de World Vision. Molina pone como ejemplo el karité, para el que ya existen cooperativas de mujeres en África que lo cosechan de forma responsable.

Igual que nos hemos acostumbrado a buscar un sello que nos garantice que la cosmética no ha sido testeada con animales, también hay que hacerlo con las materias primas y sus orígenes. Molina pide «trazabilidad desde el primer minuto», pero también compromiso de los gobiernos —los de donde están las materias primas y los de donde se reciben— para frenar el trabajo infantil. Una legislación más exigente con las cadenas de suministro podría lograrlo. «No es algo nuevo, sabemos que esto ocurre desde hace mucho tiempo», indica.

Trazabilidad contra la explotación

Y la importancia de la trazabilidad no solo sirve para las materias primas de la industria cosmética, sino también para las otras en las que el trabajo infantil está presente y es olvidado. Por ejemplo, muchas niñas trabajan en la industria del zapato en Asia porque tienen manos pequeñas, recuerda Molina. Toda la industria minera tiene igualmente mucho trabajo infantil, suma la experta. «Sus cuerpos son pequeños y pueden entrar en cualquier lugar», apunta.

Uno de los usos de esos minerales extraídos está en los dispositivos electrónicos. Las materias primas de gran valor, como el cobalto, son básicas para que estos terminales funcionen, pero su extracción tiene un elevado coste medioambiental y social, como demuestra en 'Cobalto rojo' (Capitán Swing) Siddharth Kara.

El reciclaje de aparatos electrónicos los hacen los niños en muchas regiones de China por sus manos pequeñas. Reuters

Como le decía en la visita a una mina una de sus fuentes, un niño muere cada día en Congo para que se puedan encender los smartphones del resto del mundo. El trabajo infantil en las minas congoleñas es ubicuo (Kara se lo encontró de forma informal incluso en aquellos espacios que se suponía modelos de buenas prácticas), con condiciones muy malas, salarios ínfimos y una exposición a materiales tóxicos muy elevada.

Molina también pide que no se olvide que existen niños y niñas soldado, así como la presencia de menores en el trabajo doméstico a lo largo de globo. Este último es un trabajo «increíblemente duro» y en el que se ha producido un gran retroceso desde el covid-19.

«Tiene el componente de aislamiento social tremendo», suma la experta. Una vez que entras a trabajar en una casa, esa pasa a ser tu universo diario. Las niñas son además enviadas a trabajar fuera de sus lugares de origen. Están solas y en un lugar que desconocen.

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