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'Bodegón con cidras, naranjas y rosa'. Óleo pintado por Zurbarán en 1633. Fundación Norton Simon
La 'Santa Trinidad' del bodegón según Francisco de Zurbarán
Arte

La 'Santa Trinidad' del bodegón según Francisco de Zurbarán

El Prado expone hasta junio la única naturaleza muerta firmada por el extremeño, cedida por el Museo Simon Norton de Pasadena / El artista pintó con 35 años el único bodegón que firmó y que el magnate estadounidense ofreció como regalo de boda a la actriz Jennifer Jones ·

Lunes, 18 de marzo 2024, 16:47

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Francisco de Zurbarán (1598-1664) pintó su mejor bodegón en 1633. Pero hasta 1920 fue un cuadro totalmente desconocido. Ahora esta obra maestra, 'Bodegón con cidras, naranjas y rosa' se expone en el Prado, cedido hasta el 30 de junio por el Museo Simon Norton de Pasadena. Es el único bodegón firmado y datado por el genio extremeño. Su cesión temporal hace posible que el Prado reconstruya la 'Santísima Trinidad' del bodegón zurbaranesco, exhibiendo el cuadro estadounidense junto al 'Agnus Dei' (1635-1640), y 'Bodegón con cacharros' (1640). Son las otras dos piezas icónicas del género surgidas de la paleta del pintor pacense, nacido en Fuente de Cantos y fallecido en Madrid.

«Es sublime, apela a lo inefable y se acerca a la excelencia, al misterio de lo sagrado», dice ante la legendaria tela Javier Portús, jefe del departamento de pintura española hasta 1800 del Prado. Es la primera vez que esta pieza se exhibe en España y en Europa, ya que el museo de Pasadena impedía los préstamos hasta hace nada. Llega al Prado gracias a la Asociación de Amigos de la pinacoteca y a un intercambio que permitirá el viaje a Pasadena en el otoño próximo del retrato 'La reina Mariana de Austria' de Velázquez.

Los tres icónicos bodegones de Zurbarán, reunidos por primera vez en el Prado. Museo del Prado

La única naturaleza muerta firmada y fechada de Zurbarán es una de las obras capitales en la historia de este género en Europa, y su descubrimiento en la década de los veinte del siglo pasado permitió avanzar en el proceso de reconstrucción del catálogo del pintor. No se sabía nada de su salida de España hasta su reaparición hace un siglo. Entonces un coleccionista italiano lo compró en una subasta en París. En los años cincuenta el prestigioso crítico Charles Sterling lo declaró como «la pieza maestra absoluta del bodegón occidental».

Su propietario, el multimillonario Norton Simon (Portland, 1907-Beverly Hills, 1993), la adquirió en 1972 como regalo de bodas para su novia, la actriz Jennifer Jones, ganadora de un Oscar por 'La canción de Bernadette' en 1944. En aquel año el magnate adquirió cien obras para un museo que recorre la historia de la pintura a través de casi 4.000 de piezas de Botticelli a Warhol, y que pudo hacer realidad gracias la fortuna amasada con empresas como Max Factor (cosmética) y Avis (coches de alquiler). Fue propietario de otra obra de Zurbarán, 'La familia de La Virgen', con un plato y una taza similar al del cuadro que ahora cuelga en el Museo del Prado.

Altar laico

Los tres bodegones de Zurbarán se exhiben ahora juntos por primera vez en la sala 10A del Prado dedicada a Zurbarán. El director del museo no duda en calificar como «la Santa Trinidad del bodegón de Zurbarán» a esta feliz reunión. Es además una ocasión única para ver otro cuadro del maestro extremeño que no se había exhibido antes. Se trata de 'San Francisco de Paula', descubierto en 1998 y que entonces pasó a una colección particular. El Prado lo compró en 1922 y lo restauró en sus talleres en 2023. Se exhibe junto a 'San Francisco en oración', otro Zurbarán cedido por el fallecido mecenas y coleccionista Plácido Arango.

'San Francisco de Paula', adquirida por el Prado en 2022 y restaurada durante 2023. Museo del Prado

«Es una suerte de altar laico», dice el director del Prado del bodegón de Pasadena. Sobre una mesa, y ante un fondo oscuro, se dispone un plato de metal con varias cidras -fruta muy semejante al limón-, una cesta con naranjas con sus hojas y sus flores de azada fama y otro plato metálico sobre el que descansa una taza y una rosa.

Algunos elementos, como la taza o la rosa, aparecen en otras obras del pintor, que a lo largo de su carrera prodigó los detalles de naturalezas muertas en sus composiciones religiosas. Pero son muy escasos sus bodegones independientes.

La extraordinaria fama de la tela se debe «al uso magistral de la escala por parte de Zurbarán, a su portentosa precisión descriptiva y a sus valores compositivos», según Portús. Los objetos invaden buena parte de la superficie pictórica. Se disponen en tres planos ligeramente diferenciados y una luz lateral muy selectiva a los arranca de las sombras y contribuye a definir nítidamente sus volúmenes y a transmitir sus texturas.

Silenciosa y solemne

«La presencia tan individualizada de todos los objetos con el uso tan dirigido de la iluminación y la oscuridad del fondo dan lugar a una obra a la vez silenciosa, delicada y solemne, que explica por qué durante muchas décadas apenas haya habido autores que no hayan sugerido la posibilidad que encierra un contenido sagrado», resumen el experto.

El bodegón de Zurbarán cedido por el museo de Pasadena hasta junio en la sala A 10 del Prado. EFE

Zurbarán pintó esta obra con treinta y cinco años y en un momento singular de su carrera. Desde 1626 había asumido importantes encargos de instituciones religiosas sevillanas, como el convento dominico de San Pablo, el colegio franciscano de San Buenaventura, el convento de la Merced o el colegio de Santo Tomás que generalmente le solicitaban series.

Esos encargos convirtieron a Zurbarán en el pintor más destacado de Sevilla. Pero a principios de la década de 1930 empezó a diversificar su obra y a facturar pinturas autónomas, de tamaño mediano o pequeño, que le permite explorar nuevos temas y ampliar su clientela. De aquella época son bodegones memorables como la 'Santa faz' o el 'Agnus Dei'.

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