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El alcalde de Mataró, David Bote (derecha), y su regidor José Antonio Ricis, con el pequeño Hatim. Adrián Quiroga
El 304, territorio Lamine Yamal

El 304, territorio Lamine Yamal

El internacional español reivindica sus humildes orígenes dibujando con las manos en cada celebración los tres últimos números del código postal de Rocafonda (Mataró), uno de los barrios más castigados de Cataluña

Colpisa / Sergi Font

Mataró

Martes, 9 de julio 2024, 11:05

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Sueña España con ganar su cuarta Eurocopa y en el modesto barrio de Rocafonda, en Mataró (Barcelona), desean que sea Lamine Yamal el autor del triunfo. El delantero ha convertido en signo de orgullo y pertenencia sus celebraciones, dibujando con las manos el 304 que hace referencia a las tres últimas cifras del código postal de esta humilde zona del Maresme. «Este gesto es positivo, es un elemento de visibilidad, de reivindicación y de esperanza. Las circunstancias a veces son complejas, son delicadas, hay retos, pero también hay caminos y a veces llegan tan arriba como el de Lamine Yamal», explica David Bote, alcalde socialista que recorre con este periódico las calles del barrio y los lugares en los que creció Lamine Yamal.

Creado a finales de los años 60 con el objetivo de alojar a la población inmigrante de clase obrera procedente de Andalucía, Extremadura o Murcia, Rocafonda es uno de los barrios más castigados de Cataluña. La inmigración procedente del extranjero se disparó desde los 90 y actualmente casi la mitad de la población es de origen marroquí. Es el caso de los Yamal. Mounir Nasraoui, padre de la estrella, es una persona muy querida en este barrio. «Es muy buen tío, pero se entrega demasiado. Conoce a alguien y enseguida le da abrazos, pero no todo el mundo es igual, a veces hay que guardar las distancias», explica Pedro Martín (79 años), mientras juguetea con su bastón entre los dedos. «Es un orgullo para el barrio y ya está bien que de vez en cuando salga algo bueno que motive a la juventud, que vea que hay futuro», prosigue. «Este barrio es muy peligroso, cada noche hay peleas y la Policía no se atreve a entrar. Hay delincuencia, drogas... Es un barrio desestructurado y con mucha inmigración», lamenta otro vecino que prefiere mantener el anonimato.

Al abandonar la C-32 para bajar por la Riera de Sant Simó y adentrarse en el corazón de Rocafonda comienzan a apreciarse los problemas urbanísticos de este barrio de edificios altos sin ascensor, masificación en algunas calles, mucha población envejecida y numerosos viandantes ataviados con chilabas o kaftán. Según el Instituto Nacional de Estadística, casi la mitad de las familias que viven aquí están en riesgo de pobreza y su renta media es apenas un tercio de la del resto de barrios de Mataró.

La irrupción de Lamine Yamal, que llegó al barrio tras la separación de sus padres, fue un soplo de aire fresco. En Rocafonda vive su abuela y era habitual verle correr detrás de una pelota por el parque de tierra, hoy en día asfaltado, que está enfrente de su casa. Allí a la sombra descansaba este sábado Mohamed, mientras sus hijos gemelos de diez años emulaban al azulgrana con una pelota. «Me gusta muchísimo Lamine, es mi ídolo. Me gusta el regate que hace. Soy del Barça y también me gusta cómo juega la selección española», explica el pequeño Nawfal. Su hermano Rayan añade: «Ahora ya no lo veo por aquí, pero me gusta muchísimo cómo juega. Me encanta la magia que tiene. Que haya salido de este barrio quiere decir que los niños como él y como yo también podemos llegar a ser futbolistas».

Lamine también pasaba horas y horas en el polideportivo que hay a unos cientos de metros de la casa de la abuela. A medio camino, su tío Abdul regentaba una panadería arábica que traspasó hace unas semanas. Junto a la pista de fútbol, un grupo de jubilados emula el 304. Manuel Gómez, Rufino Fidalgo, Francisco Rodríguez, Pedro González y Ángel Mena llevan toda la vida en el barrio, desde que llegaron en los años 70 procedentes del sur de España. Bromean con el alcalde, que nos acompaña. «Para cualquier barrio es bueno tener un referente porque es la demostración de que después de un trabajo hay un premio y Lamine es un referente para todos estos chicos del barrio, sean del origen que sean», comenta José Antonio Ricis, regidor de barrio, que ha llegado al encuentro del alcalde Bote. Ambos pelotean en la pista del polideportivo con Hatim, un niño de nueve años, que arranca una sonrisa a todos cuando espeta: «Yo soy más de Messi». Pero también dibuja el 304.

La avenida Perú es una de las arteria de Rocafonda, una vía que une la casa de la abuela de Yamal con la estación de tren. El catalán no se escucha, ningún establecimiento con televisión tiene sintonizado TV3 y los que hablan en castellano lo hacen con marcado acento del sur. De ese que es difícil desterrar por mucho tiempo que se lleve fuera. Son habituales las camisetas del Real Madrid, del PSG y del Barcelona, todas réplicas. Por una ventana se escucha alto una de las canciones de Morad, el conocido rapero y compositor español de origen marroquí.

Anécdotas

En esta avenida está ubicado el bar El Cordobés, regentado por Carlos desde hace 30 años. Persona muy cercana a la familia Yamal, luce en sus paredes la camiseta firmada con la que Lamine debutó con el Barcelona Atlétic ante el Eldense en mayo del año pasado. «Mucha gente de fuera viene a ver la camiseta, es como una atracción turística», comenta divertido.

«Estamos hartos de salir en la televisión por cosas malas. Con Lamine compensamos...», explica Carlos, que adorna la conversación con un sinfín de anécdotas. «Les conozco de siempre y no han cambiado, son muy humildes. No tenían dinero, algunas veces les ayudaba a pagar el tren. El padre le puso como condición al Barça que le diera una educación si querían quedárselo porque él no podía dársela. Entró desde muy pequeño en La Masia», explica. Y ríe: «Un día su padre llamó a Jorge Mendes, aquí, desde este bar, y me lo pasó».

Cuando visita Rocafonda, Lamine lo hace acompañado por su primo Mohamed, que ejerce de chófer. Fue precisamente con él cuando ideó el famoso gesto del 304. Fue militando en el juvenil y subido ya en el coche de su primo junto a un amigo, el día antes de un partido de Copa ante la Damm. Empezó a hacer malabares con los dedos hasta idear el logotipo que todos los españoles quieren ver en la final de la Eurocopa.

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