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Herminia, en la encina cenetenaria de Sagrillas TVE
Crítica del episodio 23x06 de 'Cuéntame': Los dos últimos deseos de la abuela Herminia antes de morir

Crítica del episodio 23x06 de 'Cuéntame': Los dos últimos deseos de la abuela Herminia antes de morir

La matriarca del clan Alcántara decide pilotar su propia despedida en un emotivo penúltimo capítulo con boda y detención en Sagrillas

M. Hortelano

Valencia

Jueves, 23 de noviembre 2023, 00:33

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Este artículo revela detalles importantes de la última temporada de 'Cuéntame'.

La abuela de España quiere morir con dignidad. Nada de hospitales, cables ni medicación. Herminia quiere despedirse como los elefantes, en la tierra que la vio nacer: Sagrillas. Durante 23 temporadas, el emblemático personaje interpretado por María Galiana, ha sido el alma mater de la serie de TVE, con permiso de Antonio Alcántara. Madre, abuela, bisabuela, suegra y vecina, Herminia y sus suspiros y miradas al cielo son ya parte de la historia de la televisión de nuestro país. Y la ficción que la semana que viene dice adiós para siempre la ha despedido con honores, convirtiéndola en el verdadero pegamento de la familia.

Y es que, que la abuela muere en 2001 lo sabemos desde que arrancó esta última temporada, porque lo hizo, precisamente, con su funeral. En él vimos a una familia enfadada, rota, que no llora junta la pérdida de uno de sus miembros más importantes, en el cementerio de Sagrillas. Después, en el salto a 1995 supimos que la herencia familiar iba a estar detrás de la gran crisis en la que se han sumido los Alcántara. Sin embargo, a lo largo de los diferentes capítulos hemos ido viendo cómo algunos de los hermanos (Carlos y Toni) han aceptado el dinero y otras, como Inés, incluso lo habían pedido. Así que detrás de las malas caras y desplantes en el cementerio hay algo más que descubriremos en el último capítulo. Puede que incluso la decisión de Antonio y Mercedes de mantener a sus herederos al margen de lo que está sucediendo con la abuela. Pero lo sabremos la semana que viene, en un episodio final para el que la marca Kleenex ha debido ya empezar a aumentar su producción de pañuelos para la que nos espera.

El sexto capítulo de 'Cuéntame' comienza en julio de 2001. La humanidad no ha seguido el guión de Kubrick y no ha habitado el espacio. Las pizzas a domicilio han pegado el petardazo y ya llegan a San Genaro; una entonces periodista de TVE Letizia Ortiz enseña a los españoles el cambio de pesetas a euros con las monedas con la cara del que será su suegro; las maletas con ruedas ya se arrastran por las calles y en las bodas ya no sólo tocan orquestas, porque han llegado los disc jockeys. En ese año, la abuela Herminia ha empezado a tener lagunas, y desde su balcón habla con todos los personajes de la serie que han ido muriendo a lo largo de estas temporadas. Lo hace con Cervan, el kioskero; con Desi, el marido de Clara; con su confesor, el cura Don Froilán; y con su eterna amiga Valentina. Con ellos inicia su viaje hacia el final de su vida, en un capítulo muy emotivo que supone una lección sobre cómo marcharse. «No hubo un sólo día en que no nos enseñara algo», dice la voz en off de Carlos. Y en estos últimos meses no será distinto.

La familia se prepara para la boda de la pequeña de los Alcántara, María, que se casa con su novio Jorge, en Sagrillas. Y ya se sabe, cuando en esa casa hay enlace, siempre sucede algo. En una de las de Inés, el novio acabó detenido, y en la de Toni, hubo un disparo. Así que ahora hay cierto temor para la cita para la que la doctora de la familia irá vestida de novia con un vestido confeccionado por su madre. Mientras se lo prueba, en el atelier, se producen la primera de las numerosas conversaciones que la abuela tendrá con todos los miembros de la familia en el episodio. «Un matrimonio es una lotería. Se sabe cómo se entra pero no cómo se sale. En mis tiempo no, pero ahora podéis arrejuntaros», le dice a su nieta. «Las bodas sirven para juntar a la familia, pero este no es el caso», alerta la abuela. Y es que aquí descubrimos que Carlos no estará en la boda de su hermana porque tiene varias conferencias en universidades americanas. Algo que nadie de la familia entiende. Una tristeza que sobrevuela todo el episodio. Pero la del pequeño de los Alcántara no será la única ausencia, porque Sol, la hija de Toni y Débora también se la pierde, y la hermana del novio tampoco estará. Sin embargo, las gallinas que entran por las que salen, porque a Sagrillas irá Santi, el otro hijo de Toni, con su novio, como primera pareja gay oficial de la serie.

La difícil decisión de Herminia

Días antes de acudir al pueblo, Antonio y Herminia acuden a una revisión rutinaria del sintrom, la pastilla anticoagulante que suelen tomar los enfermos con cardiopatías. Y aunque las analíticas dicen que la abuela está estupenda, también revelan que la sangre no fluye bien. Y ahí es donde descubrimos que las cifras no mienten. Herminia le confiesa a su yerno que lleva dos meses sin tomar la medicación. En concreto, las 13 pastillas diarias que tiene que zamparse. «Son 13 beneficios», le dice Antonio. «Son 13 ataduras y yo ya soy vieja para estar atada. Lo que tenga que pasar, que pase», dice. Y ambos tejen un pacto para ocultar la decisión a Mercedes. Pero Antonio no las tiene todas consigo. «Es la Stasi. Me pilla seguro».

Al llegar a casa, hacen las maletas y ponen rumbo al pueblo para dejar todo listo para la boda de María. Herminia lleva dos maletones enormes, algo que sorprende al matrimonio, pero ella, que ya ha empezado a dejar pistas, lo zanja con un socorrido «por si acaso». Antes de entrar al coche, en un retraso porque Mercedes tiene que volver al piso porque se ha olvidado algo, Herminia mira San Genaro por última vez. Sabe que no volverá al barrio. Un conjunto de calles en las que ha vivido más tiempo que en el pueblo. Sin embargo, su hogar está en Sagrillas. En la era de Plácido quiere parar un ratito y así se lo pide a Antonio, que está nerviosísimo por ser cómplice de su suegra en algo tan triste. Merche baja de casa y reprocha a su madre que se ha olvidado las pastillas. No sabe que la abuela no las toma.

Herminia y Mercedes en Sagrillas TVE

Y al llegar al pueblo, mientras el matrimonio supervisa los preparativos del convite, que será en las viñas de la bodega, Herminia camina hacia el trozo de campo que servirá de escenario fundamental de su despedida. Allí, bajo una encina centenaria, como ella, que plantó su padre el día que nació, tiene una sincera conversación con su hija. «Aquí hizo un nido una paloma torcaz y tú venías a verlo. Un día llegaste llorando porque los pichones estaban solos. Así que te los llevaste y los cuidaste hasta que pudieron volar solos. Los defendiste como una jabata, como hiciste luego con tus hijos y mira cómo están ahora», le dice. «No he sido buena madre», lamenta Mercedes. «Sí lo has sido», le dice su progenitora. «Te has portado siempre muy bien». Y ahí, Merche recupera la esperanza. «Verás como todo se arregla». Pero Herminia cree que no estará viva para verlo. Todo son frases lapidarias de la abuela en este episodio.

Ya en la casa del pueblo, Herminia vuelve a tener un delirio en su cuarto. Ahí se ve a sí misma, el día en que murió su marido, teniendo una conversación con su hija, 'La seca', que tenía planes de boda con Antonio para esa fecha. «Cásate si quieres, hija. No de blanco ni con baile, pero la vida tiene que seguir», le dice una joven Herminia. Y enseguida vuelve a recuperar la lucidez, para contarle a Mercedes lo contenta que está de que María se case con quien quiera y del color que le guste. Merche comienza a ser consciente de que algo está pasando, y lo comenta con Antonio. Pero éste, garante del secreto de la abuela, lo achaca a la edad. Pero, preocupado por lo que puede suponer la decisión de Herminia para la familia, pide ayuda a Jorge, el futuro marido de María, que es médico. Él la explora en la cama y la ve bien, pero débil. «Acusica, Barrabás, en el infierno te verás», le grita a su yerno, consciente de que la ha delatado. Pero aprovecha el momento para pedirle a su futuro nieto político que cuide de María. «Estas manos piden tierra», le dice.

La cena previa a la boda, con un emotivo brindis TVE

La noche de antes de la boda, toda la familia cena junta en el patio de la casa del pueblo. Antonio ha ido a Tobarra a por unas chuletillas de cordero y reúne a su clan. A todos, menos a Carlos, que está en Nueva York, y a Débora, que no ha querido acudir esa noche porque tiene trabajo y porque no soporta a los Alcántara a no ser que sea «en pequeñas dosis». Y ahí, se produce uno de los momentos más bonitos del capítulo. Antonio Alcántara pide a todos que levanten su copa para hacer un brindis por una persona muy especial. Y no es María, por muy obvio que parezca. «Ella es el origen de donde provenís. La raíz del árbol que tiene cuatro generaciones», dice. «No hay madre ni abuela ni bisa ni suegra como tú, Herminia». Y todos brindan por ella. Aquí se echa de menos la publicidad en TVE, para echar una lloradita y volver. Pero tenemos que seguir.

Amanecemos el día de la boda de María, que se viste de novia en la casa familiar. Todos están guapísimos. Pero justo antes de salir para la iglesia, Mercedes pilla a Herminia tirando las pastillas a la basura. La abuela no puede disimular más y le cuenta a su hija la verdad. Además, Mercedes descubre que Antonio está en el ajo. Ahí, madre e hija hablan a tumba abierta. «Tengo muchos años y he vivido todo lo que tenía que vivir. Va siendo momento de marcharme. A mí el cuerpo me pide tierra», explica. A lo que su hija pregunta si se quiere morir. «Quiero decidir cuándo me voy y no que lo haga el médico. No quiero que me ingresen ni estar enchufada a cables. Aquí ya estoy a ratos», le reconoce. Y aprovecha para pedirle disculpas a Mercedes por haberle ocultado su decisión. «Te lo tenía que haber dicho. Las verdades hay que decirlas aunque duelan. Y sobre todo a la gente que se quiere. Y a ti te quiero más que a nadie en el mundo», le espeta. «Y yo a ti, madre. No lo voy a permitir», le responde Mercedes, y ambas parten a la boda.

La boda de María Alcántara TVE

Durante toda la fiesta, Mercedes no puede dejar de pensar en las palabras de su madre, que se convierte en la verdadera protagonista de la celebración, sin ni siquiera levantarse de la mesa nupcial. Desde ella, ejerce de una suerte de Marlon Brando en El Padrino, pero en positivo. Todos pasan por la silla de al lado de Herminia, sin saber que la abuela se está apagando. Con María, la novia, habla del amor. «Es lo mejor del mundo, pero debe empezar por una misma. Debes ser una mujer independiente». Con Jorge, su marido, charla sobre sus nuevas responsabilidades. «Necesita que la quieras y la respetes. No es como en mi época que lo aguantábamos todos». A Santi y a su novio les da la aprobación. «Cuida bien a mi nieto», le dice. Inés también llega a la mesa con Oriol, su hijo. «Eres diferente, Inés y por eso eres especial. Tenéis que arreglarlo», le dice a la nieta mayor, sobre la crisis familiar. En el turno de Toni, la abuela no se ahorra consejos. «A Débora no le caemos bien. Pero te quiere mucho. Tú quieres primero a tu trabajo y después a todo lo demás. Ella te quiere como tú eres y esa es la mejor forma de querer. Es lo que deberíais hacer los hermanos», le dice. La última en pasar por la mesa de la matriarca será Mercedes. Pero antes tiene que ajustar cuentas con Antonio por haberle ocultado la verdad de su madre.

Madre e hija, en un momento clave del episodio TVE

«Hay que aceptarlo», dice Antonio. «Mi madre no se va a morir. En cuanto volvamos a casa se vuelve a tomar las pastillas», replica Merche. «Se irá como todos, Mercedes. Hay que disfrutarla y hacerla feliz el tiempo que le quede. Que no sufra y no tenga miedo. Con dignidad. Como quiero morir yo, pisando la tierra y oliendo este aire», sentencia. Pero su hija no quiere ni pensarlo. «Ojalá nuestros hijos y nuestros nietos nos quieran como nosotros queremos a tu madre». El matrimonio hace las paces y Mercedes se dirige a la mesa de Herminia, que para entonces se ha quedado traspuesta. Madre e hija se rinden a la evidencia. La vida es finita y hay que vivirla. «Eres la mejor hija que se puede tener y estoy muy feliz de estar contigo». Momento en que Hermina le pide sus últimos dos deseos. «Quiero quedarme en Sagrillas lo que me quede de vida y que venga mi nieto Carlos. Él y yo tenemos que hablar». Y así será. El sobresalto a la boda no lo pone ninguna desgracia más, sino la llegada de la Guardia Civil a detener a Paquita, imputada por varios delitos de corrupción por la recalificación de unos terrenos en el pueblo.

El último capítulo de la serie

Antonio, Mercedes y Herminia pasarán el resto del verano de 2001 en el pueblo, donde en septiembre también acudirá Carlos. Lo hará desde Nueva York, para cumplir con la voluntad de su abuela. Pero el mismo día que vuela se producen los atentados contra las torres gemelas. Los Alcántara lo ven por la tele, con el miedo a que su hijo pequeño vaya en ese avión. Sabemos que no irá, porque estará en el último episodio para despedir a su abuela, con Karina. Los guionistas nos han dosificado el drama que podemos soportar esta temporada. Como el amor por los Alcántara. Todo en dosis asumibles. La semana que viene llegará el último episodio de la temporada y de la historia de la serie. Morirá Herminia, volverá Carlos y conoceremos qué ha hecho a los hermanos separarse. Hasta entonces, Mercedes y Antonio guardarán el secreto a sus hijos para no hacerles sufrir. Después, cerrarán una etapa para siempre. La misma que en este episodio ha cerrado la abuela de España al ritmo de Madrecita, de Manolo Escobar. Memoria y mucho pañuelo.

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