Borrar
Ilustración Alejandro Sánchez Alarcón
Tyrion Lannister, el borracho que salvó los siete reinos

Tyrion Lannister, el borracho que salvó los siete reinos

El más audaz de los Lannister de 'Juego de tronos' hizo un increíble viaje del burdel a la alta política, de lo banal a la responsabilidad, sin rendirse nunca del todo al cinismo

Sábado, 15 de junio 2024

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

¿Cómo abordar a Tyrion Lannister? Probemos con «un hombre muy pequeño puede proyectar una sombra muy grande». Esa frase literal de la serie, mientras hablan del poder de un buen relato —Yuval Noah Harari estaría orgulloso— puede ser un punto de inicio. Otro puede venir de una de sus primeras conversaciones en serio: «De haber sido un campesino me habrían abandonado en el bosque para morir. Desgraciadamente, nací Lannister».

Sin lugar a dudas, el personaje interpretado por Peter Dinklage es, además de uno de los más memorables, uno de los que más cambian, uno con un arco tremendo, interesantísimo. Es un casi viaje sobre las diferentes facetas de la inteligencia. De ser un ácrata cierraburdeles, un cínico sin esperanzas en la Humanidad, enterrado en oro y sin dar un palo al agua, sabiéndose mejor que los demás en un mundo de inútiles… a otra cosa bien distinta. Hay ramalazos hasta de Michael Corleone en este personaje, resistiéndose a aceptar su destino o cualquier responsabilidad, principalmente por el ninguneo que le han enseñado a sentir toda su vida. Odiado a muerte por su padre y por su hermana, Tyrion vive con la condena de ser considerado el asesino de su madre, que murió en el parto.

Pero es indudable que había un poso en Tyrion. Lee, le interesa el mundo, la gente, tal vez más que las intrigas. Es de los pocos que le da pábulo a la amenaza que viene del norte (y eso no quita que se permita miccionar desde lo más alto del muro porque le hace mucha gracia). Quizás el punto clave para su madurez sea cuando, tras ser designado de repente Mano del Rey por su padre y obligado a trabajar con el sádico cenutrio de Joffrey, ve que la política quizás no hay que dejarla en manos de cualquiera. Que las decisiones tienen consecuencias y que sí, se pueden sacar cosas adelante, y vencer en batallas imposibles (como la de Aguasnegras) usando la inteligencia. Pero para sobrevivir en la corte, por supuesto hay que ser maquiavélico —para bien— y más listo que el hambre. La competencia es fuerte, con personajes como Varys, Meñique o la propia Cersei, a quien también le dedicamos otro artículo de esta serie.

Tyrion Lannister, con mirada inteligente, en 'Juego de tronos'

Tyrion es, en muchas ocasiones, con quien se posiciona el espectador. Porque su mirada es inteligente y completa y porque no es fanático (es más difícil, aunque no imposible como sabemos, empatizar con esos personajes). El proceso en su contra por matar a Joffrey es otro punto culminante. Y origina el juicio por combate que le daría muchos quebraderos de cabeza al todavía no tan conocido Pedro Pascal. Comienza su destierro tras el paternofilial episodio de la ballesta. La sonrisa de borracho de Tyrion se va agostando al lado de la cicatriz, le va pesando el mundo más y más. Ve el desastre venir y siente que puede hacer algo. Y acaba entrando en la religión Daenerys, la enemiga de su familia, la facción rebelde. Es seducido por el proyecto, pero no pierde su inteligencia. Y casi antes que nadie, se da cuenta de que la que tanto prometía se ha vuelto una atroz asesina en masa (como hicieron los padres y madres por el mundo que habían llamado a sus hijas Daenerys). Tres veces Mano del Rey, podríamos adivinar en él que debe ser el único en su cargo que nunca ha deseado llevar la corona.

Peter Dinklage hizo un trabajo extraordinario (ya había sido bastante inolvidable en producciones como 'Vivir rodando' o 'Un funeral de muerte') dando vida, al menos según los votos de estos 50 mejores personajes de series del siglo XXI, al mejor personaje de 'Juego de tronos', alguien que transitó desde una vida apática y banal a la alta política constructiva, a la responsabilidad sobre las masas, al sitio que le correspondía, sin lugar a dudas, por sus capacidades, por su cultura, por su astucia, y también por su inesperada bondad.

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios