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La asociación vecinal Bretón lamenta el secretismo con el que se lleva el futuro del solar del antiguo teatro. Álex López
Los barrios más céntricos reclaman más vida sociocultural y desmitifican que sean tan privilegiados

Los barrios más céntricos reclaman más vida sociocultural y desmitifican que sean tan privilegiados

Las asociaciones AVESAL, Los Comuneros-Alto del Rollo y Bretón reconocen que sus zonas no tienen las carencias de la periferia, pero en ellos también hay parques descuidados, ruidos, baldosas sueltas y otros problemas

Ana Carlos

Salamanca

Sábado, 20 de enero 2024, 19:10

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Rozando el mismísimo centro de la ciudad, los barrios de Las Claras, San Cristóbal, Comuneros, El Rollo, Salesas y Labradores disfrutan de muchas ventajas envidiadas por las zonas más periféricas. Sin embargo, desde sus asociaciones vecinales explican que no todo es tan idílico como parece y detallan las asignaturas pendientes con las que afrontan el nuevo año.

El presidente de AVESAL, Francisco Gómez Galán, reconoce que Salesas y Labradores son barrios que no tienen las carencias y problemas de la periferia o el trastormes, menos afortunados. Además, asegura que la asociación ha conseguido en 2023 «el 90%» de lo que ha pedido al Ayuntamiento, como es el caso de algunos semáforos. Pero eso no significa que no haya que mejorar cosas, como los jardines. Entre otras cosas, señala que hay que limpiar las aceras, que los bancos no están cuidados y que necesitan un mantenimiento más frecuente.

Por eso entre sus proyectos para el año que acaba de comenzar está mantener una reunión con el Ayuntamiento para hablar de sus parques, jardines y de la plaza de la Concordia. Aunque se trata de un gran espacio infrautilizado. «En verano no hay quien pare ni en invierno tampoco», afirma el representante vecinal, que lamenta que sea una plaza «de piedra muerta» sin una utilidad real.

Aunque cuando se inauguró allá por 2009, parecía que iba a ser sede de grandes conciertos y otros actos multitudinarios, la realidad ha demostrado que «sólo se ponen cuatro cosas al año» sin sacarle todo el partido que el barrio desea. Por eso van a pedir que se haga un estudio para reformarla, darle una estructura más útil y que incluya arbolado y elementos naturales que la hagan más humana y le den frescor en verano.

Pero la asociación no sólo quiere llenar de vida la plaza, también el barrio. Y para ello quiere implicar a hosteleros, comerciantes y colectivos del barrio. «Queremos hacer algo de verdad, conseguir un barrio más activo y que la cosa no se quede en decir cosas en la barra de un bar, sino actuar, porque juntos se puede conseguir». Reactivar el carnaval es uno de los planes que tienen en mente, pero están planteando otras posibilidades para organizar una oferta de actividades sociales y culturales que se extiendan a lo largo del año.

Las dificultades del asociacionismo no entiende de barrios

La ilusión no falta aunque AVESAL es realista en cuanto a sus fuerzas. El problema en una buena parte de las asociaciones de todo tipo, y más desde la pandemia, es que «cuesta mucho moverse». A los socios les gusta contar con un abanico de actividades a su alcance, pero «no se interesan por el barrio, nadie quiere meterse en directivas y reivindicar el asociacionismo».

Tampoco el voluntariado resulta muy efectivo, según Francisco Gómez, porque si bien es cierto que se consigue la colaboración de gente joven «están tres días y luego vuelven a sus dedicaciones», porque los estudios, exámenes y otras cuestiones no les llevan a crear un compromiso a largo plazo.

También lamenta que en las juntas directivas la labor es más complicada, con más burocracia que les tiene «como peones entre las instituciones» y más dependiente de los sistemas informatizados que exigen unos conocimientos que cuesta adquirir. Eso termina por desanimar a los miembros de las directivas que en ocasiones terminan trabajando «cada uno por su lado».

Marisa Martín, presidenta de la asociación Los Comuneros-Alto del Rollo, también comparte esa percepción de lo duro que es el trabajo de las directivas de las asociaciones vecinales. No en vano lleva 31 años al frente de la suya. En este tiempo, afirma, ha aprendido a pedir cosas para el barrio pero «con humildad y respeto», consciente de que hay otros barrios con más necesidades y peticiones.

En esta línea, presume de que las reivindicaciones del colectivo vecinal que preside «siempre han sido atendidas por el Consistorio». Una de ellas se refiere a la antigua trapa de la sede de la asociación. Era «una trapa obsoleta que no podíamos apenas bajar o subir» y ha sido sustituida por una eléctrica.

Preocupación por la velocidad de los patines eléctricos

En 2023, además, Los Comuneros-Alto del Rollo ha conseguido el radar en la avenida de Comuneros, a la altura del número 42. En este lugar, al caer la tarde «había carreras de coches, sobre todo de alta gama» y por ello llevaban años pidiendo una solución.

En ese mismo sitio llevaban «años y años» solicitando un semáforo que al fin ha llegado. Aunque está muy satisfecha de que hayan llegado radar y semáforo, afirma que este último necesita ser regulado «porque a las personas mayores no les da mucho tiempo a pasar».

También han conseguido un cerramiento para las pistas de petanca, algo que los usuarios de las mismas también llevaban años solicitando. Y para los más pequeños han logrado que se aumenten los aparatos de juegos infantiles en el parque de Picasso. Marisa Martín hace hincapié en que es el pulmón verde del barrio y que los pequeños necesitaban más columpios para poder divertirse.

Una plaza desaprovechada, calles con importantes dificultades de accesibilidad y baldosas sueltas son algunas de las quejas de las asociaciones de los barrios más céntricos. Álex López
Imagen principal - Una plaza desaprovechada, calles con importantes dificultades de accesibilidad y baldosas sueltas son algunas de las quejas de las asociaciones de los barrios más céntricos.
Imagen secundaria 1 - Una plaza desaprovechada, calles con importantes dificultades de accesibilidad y baldosas sueltas son algunas de las quejas de las asociaciones de los barrios más céntricos.
Imagen secundaria 2 - Una plaza desaprovechada, calles con importantes dificultades de accesibilidad y baldosas sueltas son algunas de las quejas de las asociaciones de los barrios más céntricos.

En cambio, lo que todavía no se ha solucionado es la continuidad de la reposición del firme y de las baldosas desde el puente de la avenida de Comuneros hasta la Glorieta del Alto del Rollo. En su día se acometieron obras para reponer la red de tuberías «y ha quedado sin terminar».

Asimismo, quieren que se pavimente el solar de la calle Madrigal de las Altas Torres para que sea utilizado como aparcamiento. En la actualidad ya aparcan allí numerosos vehículos, pero acceden por la acera «y está destrozada.

Por otro lado, la presidenta vecinal reclama «el control y vigilancia de los patinetes eléctricos, que en la zona de la glorieta del Alto del Rollo y comuneros pasan a velocidades de vértigo». Afirma que a partir de las 20 horas, sobre todo en verano, incluso hacen carreras.

Ruidos, falta de accesibilidad y gentrificación

No es la velocidad, sino el ruido, el vandalismo y otras molestias asociadas al ocio nocturno lo que preocupa a la asociación de vecinos Bretón, de los barrios de Las Claras y San Cristóbal. Por ello en este 2024 proseguirán reclamando soluciones que permitan a los residentes recuperar la calidad de vida que necesitan los residentes. No son pocos los que se están planteando abandonar la zona ante el galopante avance de la gentrificación.

La presidenta del colectivo vecinal, Mercedes Gabriel, detalla que están siendo colonizados por alojamientos turísticos, pisos y residencias de estudiantes. Al mismo tiempo está desapareciendo el comercio tradicional y se está produciendo una «pérdida del valor patrimonial» al servicio del turismo y en contra de los intereses de la ciudad y de los ciudadanos. Así, lamenta que avancen los pasos para convertir el convento de Las Claras, uno de los más grandes y antiguos de la ciudad, en un nuevo hotel cuando a pocos metros existe otro.

En cambio, denuncia, aunque la población de Salamanca está envejeciendo notablemente, no se hacen residencias de mayores para que puedan permanecer en la ciudad. «¿Por qué no van a tener derecho a vivir en el centro? No se hace porque no se considera rentable. Tampoco se cuida a los vecinos, pero habría que ver lo que recauda el Ayuntamiento del turismo y lo que recauda de los residentes», se queja.

Con ruidos, sin descanso, sin comercio, se pierde la relación de vecindad y las personas se sienten aisladas. Los beneficiados, a juicio de la asociación, son los fondos de inversión que compran todos los alojamientos turísticos.

Además, los vecinos se sienten desilusionados porque lo que llevan pidiendo año tras año en los presupuestos participativos no se consigue. «Ni alumbrado ni nada», recuerda, como tampoco una utilidad para el solar del antiguo teatro Bretón, que es como una herida abierta en un barrio al que se le amputó un espacio emblemático destinado a la cultura. Los proyectos que se han planteado desde su derribo son incompatibles con el uso dotacional de este espacio, que tiene que destinarse a infraestructuras socioculturales. Y además en los últimos meses, se están llevando con mucho secretismo.

La accesibilidad de muchas calles con difícil solución y la restauración del tejado de la iglesia de la Misericordia (que actualmente es de uralita, con el peligro que supone) son otras asignaturas pendientes.

Pero como es mejor quedarse con buen sabor de boca, la asociación recuerda lo que sí se ha conseguido en 2023: el desarrollo de proyectos participativos con la música y el teatro como protagonistas. La conmemoración del centenario de la muerte de Tomás Bretón sirvió para reivindicar al músico salmantino y darle al barrio parte del protagonismo cultural que merece.

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