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La población del barrio está muy envejecida y a los pisos que quedan vacíos llegan estudiantes que solo viven unos años en la zona. Álex López
El envejecimiento de la población del barrio preocupa a la asociación vecinal de San Bernardo

El envejecimiento de la población del barrio preocupa a la asociación vecinal de San Bernardo

Asanber constata que a medida que aumentan los pisos de estudiantes se hace más difícil que la zona pueda renovar su población con nuevas familias jóvenes por el encarecimiento de la vivienda

Ana Carlos

Salamanca

Domingo, 26 de febrero 2023, 17:34

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San Bernardo es un barrio contradictorio: sus calles están llenas de jóvenes, pero está envejecido. Y cuantos más estudiantes viven de alquiler en sus pisos, más inaccesible se hace para que se asienten en él familias con niños.

El presidente de la asociación de vecinos Asanber, José María Regueriro, lamenta que los universitarios que residen en la zona «ni participan ni se implican» en la vida del barrio. Están ahí de paso, por proximidad a las facultades en las que estudian durante unos años, y salen de fiesta por el centro. Pero poco más.

Lo que hace que los barrios puedan considerarse como tales son las relaciones sociales y culturales de las personas que los habitan y eso se está perdiendo en San Bernardo. Las posibilidades de que esa situación mejore se esfuman en la misma medida en la que suben los precios de los alquileres. Varios estudiantes pueden alquilar entre todos un piso, pero una familia trabajadora no tiene capacidad para afrontar un gasto tan alto, señala Regueiro.

San Bernardo cuenta con viviendas muy antiguas, muchas sin ascensor, que necesitan reformas. Las barreras arquitectónicas están presentes incluso en la sede de la asociación de vecinos. Álex López
Imagen principal - San Bernardo cuenta con viviendas muy antiguas, muchas sin ascensor, que necesitan reformas. Las barreras arquitectónicas están presentes incluso en la sede de la asociación de vecinos.
Imagen secundaria 1 - San Bernardo cuenta con viviendas muy antiguas, muchas sin ascensor, que necesitan reformas. Las barreras arquitectónicas están presentes incluso en la sede de la asociación de vecinos.
Imagen secundaria 2 - San Bernardo cuenta con viviendas muy antiguas, muchas sin ascensor, que necesitan reformas. Las barreras arquitectónicas están presentes incluso en la sede de la asociación de vecinos.

Y mientras tanto, los vecinos de toda la vida, que cada vez son más mayores y en muchos casos viven en edificios sin ascensor, van perdiendo vida social y salen menos de sus casas.

El envejecimiento de la población preocupa a la asociación vecinal. Si bien la zona cuenta con un centro municipal de mayores en Filiberto Villalobos y el centro de convivencia Victoria Adrados (con 45 viviendas para personas mayores o con movilidad reducida), hay una parte de la población, cuyas familias en muchos casos se han ido a vivir fuera de la ciudad, y cuya soledad involuntaria resulta difícil de detectar. Se trata de un problema muchas veces complicado de abordar, pero cada vez más presente en Salamanca.

Por suerte para esa población mayor, contar con un centro de salud en la zona, la cercanía del Hospital y la aproximación de servicios municipales que ha supuesto el centro municipal integrado Victoria Adrados, facilita en parte su día a día.

Rehabilitación de viviendas

El parque de viviendas de San Bernardo es bastante antiguo, con edificios construidos entre 1948 y casi los años 70 del siglo pasado, muchos de ellos como parte de la Obra Sindical del Hogar. Actualmente algunos están siendo reformados gracias a las ayudas derivadas de los fondos Next Generation. Reguerio afirma que algunas comunidades han podido poner ascensores (en otras no contaban con espacio para hacerlo) y que sobre todo están ganando en aislamiento, con mejoras en sus tejados y fachadas. Esto aumentará la eficiencia energética de los inmuebles, con el siguiente ahorro económico para los vecinos.

Ese no es el único aspecto de mejora en la calidad de vida en el barrio. El presidente de Asanber piensa que respecto a otros tiempos, la limpieza y las zonas verdes del barrio se encuentran «relativamente atendidas». También recuerda que muchas zonas han sido reformadas con el plan plurianual de renovación de calles. No obstante, apunta que aunque se acometieron obras en numerosas vías y plazas interiores, faltan otras por atender. Asegura que desde la pandemia, cuando se anunciaron una nueva serie de actuaciones, no se ha vuelto a realizar ninguna. Están pendientes algunas calles entre las avenidas de Filiberto Villalobos y Maristas que «tienen bastante falta».

Una sede inaccesible

Donde ya han empezado, por fin, las obras es en el Mercado de San Bernardo. Hace más de una década que empezó a tener problemas de humedades y filtraciones. El peligro era tan evidente que el sótano lleva años apuntalado para evitar su hundimiento. La espera de esta intervención ha puesto a prueba la paciencia de comerciantes y usuarios.

En ese mismo edificio se encuentra la sede de la asociación de vecinos. El local tiene casi 40 años y está tan viejo como el resto del Mercado. Nunca ha sido renovado, carece de calefacción y sus condiciones de accesibilidad son completamente inadecuadas. A él se accede por un gran tramo de escaleras muy pronunciadas que suponen una barrera para cualquier persona con movilidad reducida.

Aunque en algún momento se planteó la posibilidad de habilitar el sótano como centro cívico, parece que la idea ha sido descartada. Tampoco parece que de momento vayan a instalar un ascensor (se consideró inviable hace cuatro años), ni hay noticias sobre la posibilidad de poner calefacción en la sede vecinal, como se prometió que se iba a estudiar a finales de 2021. En cambio sí está previsto hacer mejoras en la escalera y la propia sede y la asociación no descarta poder utilizar el sótano para poder tener una mayor actividad.

Las limitaciones de espacio y accesibilidad actuales condicionan mucho la actividad de Asanber. José María Regueiro destaca que aunque cuesta romper los ritmos tras la pandemia, han retomado yoga, bailes charros y sevillanas, entre otros talleres, pero no pueden programar iniciativas pensando en vecinos que ni siquiera pueden subir las escaleras. Por eso cada vez más residentes mayores del barrio prefieren inscribirse a las actividades del Victoria Adrados, lamenta

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