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Exorcismos reales en Salamanca: Inés Francisca de la Visitación, la monja endemoniada
Expedientes X salmantinos

Exorcismos reales en Salamanca: Inés Francisca de la Visitación, la monja endemoniada

La Madre Inés Francisca de la Visitación, quien era monja en un convento salmantino, fue exorcizada en varias ocasiones y aseguraba que podía ver espíritus gracias a un Don divino

María Rivas

Salamanca

Sábado, 11 de noviembre 2023, 18:50

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A finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, los casos de posesión demoníaca y brujería asolaron Europa. El diablo y sus diversas formas de manifestación impregnaron hasta los huesos a una sociedad que comenzaba a sufrir una crisis religiosa de alto calado; el Mal actuaba a su antojo y la sociedad europea mermó considerablemente a consecuencia de, entre otra serie de desgracias, pestes y hambrunas.

En este desolador contexto, el poder clerical se vio obligado a concienciar a la población de la cercanía del maligno y, no por casualidad, en los procesos inquisitoriales abiertos durante los últimos años del siglo XVI los casos de mujeres acusadas de tener visiones o experiencias sobrenaturales eran preocupantemente abundantes.

Sin embargo, durante el transcurso del siglo XVII el demonio fue rebajando su actividad y los propios inquisidores comenzaron a mantener en secreto a todas las procesadas por estas causas; sus condenas dejaron de ser leídas en autos públicos para pasar a hacerlo en la intimidad de las iglesias.

Los endemoniados: síntomas

En cuanto a las manifestaciones externas que se podían percibir en un individuo sometido al influjo del demonio, Francesco Maria Guaccio afirmó que eran difíciles de concretar ya que, en algunos casos, se podían confundir con los síntomas propios de determinadas dolencias y enfermedades que nada tenían que ver con asuntos demoníacos.

No en vano, y en este contexto tan delicado para la religión, comenzaron a aflorar numerosos documentos que recopilaban los principales síntomas de aquellos que estaban doblegados ante el poder del maligno para que, cuando se diera la ocasión, se pudiera efectuar un diagnóstico correcto.

Exorcismo

Giovanni Battista Codronchi, nacido en el siglo XVI, recopiló un total de cuarenta y siete síntomas que podía padecer y presentar aquel que estuviese poseído: extrañas palpitaciones por diferentes partes del cuerpo, punzadas internas que provocaban un dolor agudo, ampollas en la lengua, sofocos y vómitos, tez verdosa, impotencia seminal o altísimas fiebres, entre otros.

En lo que a poderes 'sobrenaturales' se refiere, se enumeraban algunos de los siguientes: la ya tradicional capacidad para hablar y entender lenguas muertas o desconocidas, amnesia sobre lo hecho y dicho durante la posesión, impulsos incomprensibles que incitaban al poseído a arrojarse por precipicios, repentina ceguera, ser atormentado por terrores horrorosos o mostrar incomodidad y desagrado al leer en su presencia exorcismos.

Madre Inés Francisca de la Visitación, su tormento demoníaco y su Don para ver espíritus

En el siglo XVII, concretamente en 1644 y con tan solo cuatro años de edad, la Madre Inés Francisca de la Visitación ingresó en el convento de las Agustinas Recoletas de Salamanca. Esta mujer, que se inició a tan temprana edad en la vida religiosa, era una vástaga bastarda del conde de Monterrey y Virrey de Nápoles.

La madre Inés relató en una biografía escrita por ella misma cómo el demonio le hacía la vida imposible a través de continuos ataques y amenazas.

El infierno Huys, Peeter

La monja describió el tormento que sufría a consecuencia del maligno: desde presencias fantasmagóricas hasta apariciones del mismísimo demonio. Tal y como ella misma narra, este tipo de visiones eran de lo más habituales y se manifestaban, especialmente, cuando se encontraba en el coro de la Iglesia o cuando se disponía a recibir el Cuerpo de Cristo.

Describía cómo el demonio, encarnado como una monstruosa criatura, se le aparecía en el momento de la comunión blandiendo una espada y amenazándola de muerte. En esos mismos momentos, durante la comunión, el resto de las hermanas observaban que la boca de Sor Inés se abría y cerraba brusca y abruptamente, como movida por una macabra fuerza invisible.

La propia monja describía cómo el demonio se interponía entre ella y Dios asegurándole que, si le adoraba a él, la dejaría en paz.

Para más inri, el demonio 'en persona' se presentaba a la religiosa en diversas formas y, a cada cual, más terrorífica que la anterior: bien como perro gigante o, en su defecto, como monstruo de siete cabezas. De cualquier manera, la religiosa relataba el horror que le provocaba tener estas visiones ya que, además, el diablo solía presentarse como un ente enfurecido.

A nivel sintomático, Sor Inés experimentaba parálisis momentáneas, pérdidas de sentido, agudos y fuertes dolores de cabeza, estómago y oídos, así como agarrotamiento muscular. La Iglesia no tardó en tomar cartas en el asunto y la religiosa fue propiamente exorcizada para librarla el demonio y sus horrores.

Con tan solo 24 años fue designada subpriora y, a los tres años, fue también nombrada maestra de novicias. Fue en esta época, marcada por los constantes ataques del maligno, cuando comenzó a hacer de inetermediaria entre el mundo terrenal y el más allá.

La propia madre Inés relata cómo las visitas de almas provenientes del purgatorio, que fueron sumamente habituales, le rogaban oraciones y sacrificios; sacrificios que implicaban padecer terribles enfermedades o que las visitas del demonio fuesen aún más frecuentes.

El Don para ver espíritus, refería sor Inés, se lo había otorgado el Señor y, dicho Don, lo empleaba también para «ayudar a sus hermanas a adelantar su camino de entrega al señor» (de hecho, son numerosos los testimonios del resto de monjas del convento que así lo confirman).

El manual exorcista del profesor de teología de la Universidad de Salamanca

«La práctica de conjurar» se trata de un manual exorcista escrito en el siglo XVII por un fraile que, curiosamente, fue profesor de teología en Salamanca: Fray Luis de la Concepción.

Este fraile, entre otros acontecimientos, fue testigo de la plaga de endemoniados que sufrió el Pirineo Aragonés en 1630.

Las tentaciones de San Hilario

Fray Luis presenció cómo una horda de demonios poseía a personas de toda índole y, a raíz de dicha experiencia, relató cómo había de proceder a realizar un exorcismo. En lo que al propio proceso de exorcización se refiere, Fray Luis dictaba que aquel sacerdote que decidiera llevar a cabo este rito debía hacerlo profesando un profundo amor a Dios y al prójimo, así como comulgar de manera asidua.

Este conjunto de circunstancias lograrían que el diablo se irritara y, de esa forma, se manifistara de forma aún más evidente.

Dicho esto y hecho lo anterior, el exorcista debía de realizar un breve conjuro, amparado en los Misterios de la Santa Fe católica, contra las entidades malignas caídas del cielo, haciéndoles saber cuáles son las consecuencias que habrían de sufirir aquellos que osaran desafiar la voluntad de Dios.

Esto causaría un agotamiento en el poseído debido al debilitamiento de la entidad y, en consecuencia, un aligeramiento del proceso de exorcización.

Durante el exorcismo propiamente dicho, había una serie de rituales que variaban en función al género del poseído ya que, en el caso de que fuera varón, debía de besar los pies de los presentes y, de ser mujer, debía de besar la cruz del rosario así como ponerse de rodillas frente a cada uno de los presentes. El conjuro debía de realizarse en la iglesia y al acto debían de acudir personas del mismo sexo que el endemoniado.

Fray Luis aseguraba, además, que al demonio habría de llamarlo Lucifer para que en todos los ataques proferidos contra él, sea Lucifer el ofendido y así, se logre que el demonio abandonara con más inmediatez el cuerpo de la persona poseída.

San Francisco de Borja y el moribundo impenitente. Francisco de Goya

Aunque los hechos relatados acaecieron hace seis siglos, a día de hoy se siguen realizando exorcismos y, desde el propio Vaticano, se organizan cursos para formar exorcistas aunque la Iglesia, de cara al público, prefiere no ahondar mucho en el asunto.

Sea como fuere, las posesiones demoníacas se siguen dando y los exorcistas, siguen trabajando; aunque, eso sí, en silencio y en las sombras.

Si usted ha vivido una experiencia paranormal que considera relevante y/o interesante o conoce un lugar en el que se produzcan fenómenos de este tipo, póngase en contacto con nosotros:

+34 676 640 033 redaccion@salamancahoy.es

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