Borrar
Gloria Santos, de cien años, en el salón de su casa. José Manuel García

Gloria, la centenaria salmantina con el secreto de la eterna juventud: «Hacer de las penas alegrías»

El paso del tiempo no emborrona su memoria y condensa en su recuerdo miles de momentos históricos y personales

Laura Linacero

Salamanca

Sábado, 31 de diciembre 2022

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Compartir

Hace cien años, cinco meses y treinta y dos días nacía Gloria Santos un 29 de junio de 1922. Cualquier resumen de su vida minimiza la experiencia de sostener un siglo sobre sus espaldas, pero ni su vitalidad ni el discurso hilado que mantiene en las conversaciones podrían indicar nunca que ha soplado ya las cien velas. Aunque así es. La mayor de cinco hermanos, la madre de seis hijos, abuela de diez nietos y bisabuela de cinco bisnietos, condensa en su recuerdo miles de historias mundiales, nacionales y sobre todo, personales. El paso del tiempo no emborrona su memoria y como si de una enciclopedia se tratase, la historia de Salamanca se mantiene intacta en sus palabras.

Con una foto de sus compañeras del instituto de los Jesuítas, -la mayoría ya fallecidas-, sobre una mesa con tapete de ganchillo en su sillón orejero de confianza, la salmantina identifica a la perfección a cada una de ellas y hace recuento de todas las personas que le han acompañado durante toda su larga vida. Entre ellas destaca la escritora Carmen Martín Gaite, con quien estudió y Miguel Unamuno a quien también conoció. Pero lejos de personalidades, la emoción emerge cuando habla de su familia. El orgullo rebosa por sus sonrisa y enumera sin titubeos a todos sus hijos, nietos y bisnietos que como ella misma reconoce, «son esplendorosos». Dejó todo por atender a su familia porque «seis hijos y darles seis carreras, es tela». Aunque ayudaba a su marido en el taller de mecanografía que tenía, sus pequeños eran y aún son, su pasión.

«Yo siempre les he dicho que han sido muy queridos», explica orgullosa. Sin embargo, sus hijos, -todos chicos- entre bromas le espetan que ella lo que quería era una niña. «Y así es», ríe Gloria. Sin embargo, la niña le vino con su primera nieta y tras ella, muchas más alegrías. Alegrías que se hacen latentes en estas fechas que, como no podía ser de otra manera, pasa acompañada de su familia y rodeada de sus nietos a los que adora. Ahora, tratan de convencerla para que se adentre en el mundo de la tecnología pero eso, por el momento, no entra en los planes de la centenaria. «Me dicen que me van a enseñar con el ordenador y el móvil, y yo ya no quiero saber más. Ya se ha terminado para mí lo de aprender», asegura.

«Antes íbamos todos los vecinos a ver el fútbol, ahora no sé quién vive en el piso»

Aunque cien años dan para mucha felicidad, también la vida le ha dado algún golpe importante. «La pena que he tenido ha sido mi hijo mayor, que murió hace nueve años.», recuerda. Un varapalo que reconoce que no olvida, pero «hay que llevarlo con tranquilidad». Precisamente esa es la clave de la longevidad, asumir las vueltas de la vida con serenidad e intentar «hacer de las penas alegrías». La conciencia tranquila y la amabilidad con los demás forman parte también del secreto de la eterna juventud. «Hay que ser condescendiente con la gente y no fastidiar a los demás, lo primero es criticarte a ti mismo», apunta.

Una tendencia que, para Gloria, en los últimos años se ha ido perdiendo y asegura que «la gente de ahora no es como antes». La sociedad es actualmente, para ella, más individualista. «Antes íbamos todos los vecinos al fútbol, ahora no sé quién vive en el piso», lamenta. En una de sus grandes pasiones, ir a ver la Unión Deportiva Salamanca, además de sus vecinos le acompañaba su marido, también fiel futbolero. Una afición que le ha permitido viajar por España para apoyar a su equipo y de lo que ahora se alegra «infinito».

El día a día tras un siglo de vida

No perdona la peluquería cada sábado, ni la misa de por las mañanas ni las tardes en la parroquia de 16:30 a 19:30 horas. Esa es su rutina y es lo que le mantiene activa. Con su bastón, despacito y «unas muy buenas amistades», pasa cada día y espera seguir cumpliendo años. «Ahora ya empiezo a contar de uno en uno otra vez, el año que viene haré 1 y hasta donde Dios quiera», asegura.

Con el apoyo de su familia y de Adela, la persona que le ayuda en casa y con la que lleva compartiendo momentos los últimos dieciocho años, pretende seguir pasando hojas del calendario y adornando su casa de fotografías de los suyos porque, como bien dice «lo importante es siempre estar rodeada de gente buena».

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios