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El parque de Huerta Otea cuenta con ocho hectáreas de superficie y mucho césped.

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El parque de Huerta Otea cuenta con ocho hectáreas de superficie y mucho césped. Álex López

Huerta Otea, un parque de ocho millones de euros lleno de luces y sombras

Desde su creación hasta este año, cuando han finalizado las intervenciones enmarcadas en el Tormes+, este agradable jardín situado junto al río ha recibido millonarias inversiones

Ana Carlos

Salamanca

Martes, 1 de agosto 2023

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El Parque Botánico de Huerta Otea es un lugar vivo, dinámico, en constante movimiento desde que se abren sus puertas. Su tamaño y ubicación junto al río lo hacen más apetecible que otros muchos de la ciudad. Sin embargo, desde su creación hasta hoy este espacio ha sido el sumidero de inversiones millonarias (más de ocho millones de euros) que pueden parecer demasiado para el resultado actual.

Su proyecto todavía se redactó en pesetas, en concreto el presupuesto era de 674.900.908 pesetas (4,05 millones de euros), y los autores del mismo fueron el arquitecto Moises Gómez Crego y el Ingeniero de Montes Luis Carlos Jovellar, de la Concejalía de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Salamanca, tomando como antecedentes una memoria del profesor Miguel Ladero, de la Universidad de Salamanca y el estudio de la citada Concejalía.

En un contexto en el que se hablaba de hacer un «Plan Integral del Río Tormes» con intervenciones también en el arroyo del Zurguén y Los Jerónimos, con esta intervención se pretendía recuperar la ribera del río Tormes a lo largo de 900 metros, con la creación de un parque botánico de 100.900 metros cuadrados.

Las obras a realizar eran «actuaciones previas de limpieza y despeje del terreno de obstáculos y residuos, así como de estructuras o instalaciones sin utilidad para los fines del proyecto». Además preveía «la preparación del terreno para las siembras posteriores e implantaciones vegetales; construcción de caminos y otras instalaciones tales como un edificio destinado a Centro de Recepción, conferencias y control y mantenimiento del parque; y siembra y plantación de diversas especies vegetales», según informes de la Confederación Hidrográfica del Duero del aquellos años.

Asimismo, según el proyecto del servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento se crearían tres kilómetros de caminos con alumbrado y mobiliario y una superficie de 66.000 metros cuadrados de césped. Se plantarían 2.200 árboles nuevos de 100 especies. Habría 300 metros cuadrados de rocalla, una charca artificial y una charca artificial. Además el edificio tendría una 400 metros cuadrados. Para cercar el recinto se colocarían 1.750 metros lineales de cerramiento con hormigón y forja. El presupuesto de ejecución material era de 252 millones de pesetas (1,5 millones de euros), según los datos de junio de 1999.

Inauguración oficial en 2004

Tuvieron que pasar todavía unos años hasta que se vieron los primeros resultados. El 23 de septiembre de 2004 se realizaba la inauguración oficial de este parque con mucho bombo y todas las autoridades locales presentes.

Según los datos facilitados a los medios en ese acto, finalmente la creación del parque contó con una inversión de 7.098.000 euros de los que el 70% fueron aportados por el entonces Ministerio de Medio Ambiente mediante Fondos FEDER a través de la sociedad estatal Aguas del Duero y el resto, a partes iguales entre la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento de Salamanca.

Álex López

En sus 125.000 metros cuadrados se habían creado cuatro espacios diferentes: un Parque de Arces, con ejemplares de todas las especies de arce existentes de forma espontánea en España, la Chopera, con sendas con luminarias en el suelo, bancos y carteles que identificaban cada especie, el Paseo de la Humanización, con las fuentes y sistema de riego y el parque, con sendas caminos, plazoletas, dos estanques de nenúfares y el edificio concebido como multiusos.

No obstante, se anunciaba que durante un año más el recinto permanecería cerrado para que la vegetación autóctona plantada madurase un poco y se consolidase antes de la entrada de público.

Destrozos antes de la apertura al público

Pero hubo quien no quiso esperar. La cercanía al campus y el amparo de ser un espacio cerrado, además de la falta de vigilancia contribuyeron a que hubiera quien se colara en el parque y no siempre con buenas intenciones. Las denuncias de botellones y vandalismo por parte de la asociación de vecinos de Huerta Otea, presidida entonces por Ana Irene Faure, destaparon el destrozo.

Restos de botellas, latas y otras basuras por todas partes. Una gran parte de las luminarias del suelo estaban rotas antes de estrenarse. Y lo mismo con los carteles que identificaban las especies arbóreas, que habían sido partidos, doblados y arrancados.

Pero no solo eso, había zonas que no habían sido regadas y los árboles y otra vegetación había muerto. La concejalía de Medio Ambiente, con Juan José Hernández Araujo como concejal, remitió a Aguas del Duero en 2006 un inventario de los daños para que rescindiera el contrato de mantenimiento de cuatro años con la empresa constructora. En concreto reflejaba que se habían perdido 5.919 plantas y 1.312 árboles en Huerta Otea.

Ni todas las luminarias volvieron a reponerse respecto al plan original, ni los carteles llegaron a servir para lo que estaba previsto. Estos elementos terminaron por ser retirados, aunque todavía queda uno de esos antiguos carteles oculto por la vegetación pese a los años y las modificaciones realizadas.

Álex López
Imagen principal - Huerta Otea, un parque de ocho millones de euros lleno de luces y sombras
Imagen secundaria 1 - Huerta Otea, un parque de ocho millones de euros lleno de luces y sombras
Imagen secundaria 2 - Huerta Otea, un parque de ocho millones de euros lleno de luces y sombras

El proyecto inicial contemplaba un uso habitual del edificio. Allí se centralizaría lo necesario para el mantenimiento del parque (para lo que contaba con una cochera o almacén). Tenía una pequeña exposición sobre especies de flora y fauna autóctonas, un aula de energías renovables y se esperaba que tuviera de forma continua actividades de educación ambiental y visitas guiadas al parque.

Pero nunca fue así. De vez en cuando albergaba talleres y cursos de poca duración sobre energías renovables. En verano acogía las actividades de campamento de día del Ayuntamiento y en los últimos años alguna actividad más, gestionada por la asociación vecinal. A pesar de la falta de uso, el granito del suelo del inmueble mostraba humedades.

Espacio atractivo para los usuarios

Desde su apertura definitiva el parque de Huerta Otea ha resultado muy atractivo para los usuarios. El carácter familiar y joven del barrio ha marcado mucho su uso. Los juegos infantiles de la entrada son usados a lo largo del año. La cercanía con el campus universitario y la presencia en la zona de numerosas residencias estudiantiles también evidencian en el público que recibe.

No obstante en este espacio confluyen personas muy diferentes con intereses también diversos. Dependiendo de la zona del parque, la temporada del año y el horario pueden verse perfiles de lo más variado. Deportistas corriendo de forma libre y gente haciendo ejercicio más exigente con entrenadores, tanto personales como en grupos para preparar oposiciones; personas paseando al perro; pescadores; pequeños grupos de universitarios; corrillos de adolescentes; celebraciones de cumpleaños infantiles; amigos de distintas edades comiendo o merendando en los nuevos merenderos; jóvenes tomando el sol o sosegados paseantes, entre otros.

La tranquilidad y las vistas del río son algunos de sus atractivos. Dos aspectos que no dependen de reformas ni grandes inversiones.

El muro del vial del Hospital y la reducción del espacio

Cuando en 2004 se inauguró el parque, Ecologistas en Acción ya advertía que por aquel espacio, entre el campus y el río, cruzaría una nueva carretera según las previsiones del Plan General de Ordenación Urbana de Salamanca y el Plan Director del Complejo Hospitalario. Denunciaban « la opacidad y el ocultismo de estos proyectos que se tramitaron sin información pública, ni procedimiento de evaluación de impacto ambiental, pese a incidir en zonas seminaturales, impidiendo así la fiscalización y la participación ciudadana».

La construcción del ahora denominado paseo de la Transición ha modificado la estructura del parque. Para empezar, de los 1.750 metros de cerramiento con los que contaba en 2004 quedan en la actualidad unos 500. El resto ha sido sustituido por el nuevo muro del paseo, con un enorme impacto visual. Pero esa no ha sido la única consecuencia de la obra. El Comité Antinuclear y Ecologista calcula que de las diez hectáreas que tenía originalmente el parque (con su vegetación) la superficie se ha reducido a ocho.

Álex López

Y hay otro problema que denuncian ambos colectivos, así como el geógrafo Fermín Rozas. Se ha perdido el acceso al paseo de San Vicente que permitía conectar peatonalmente por una zona verde el barrio de Huerta Otea con el centro de la ciudad. Tampoco se posibilita un acceso desde la nueva avenida y el campus al río. Asimismo, se eliminaron unas de las escaleras que suben al puente de la Universidad y que evitaban que los viandantes tuvieran que esperar el semáforo de la avenida Ramos del Manzano, como sucede ahora, en un punto estrecho por el que, además, pasa el carril bici. Se pierden oportunidades para facilitar la movilidad peatonal en una ciudad que por sus dimensiones podía depender mucho menos del vehículo privado.

Estas fuentes consultadas no comprenden el motivo por el que, sabiendo desde el principio que se crearía esta avenida, no se hizo una planificación para no dejar el parque incomunicado y con una terminación en fondo de saco sin sentido, en las inmediaciones del minúsculo y arrinconado bosque de los Sanitarios.

Más de un millón de euros del Tormes+

Los fondos de la Estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible Integrado (EDUSI) Tormes+ han supuesto una nueva inyección económica en el parque y una serie de intervenciones que tampoco son muy comprendidas.

Para muchos vecinos los últimos cambios en el parque suponen una mejora meramente estética, con la mejora para el disfrute que suponen tumbonas y merenderos. Poco más. Algunas familias del barrio no han llegado todavía hasta el fondo del recinto para conocer todos los resultados. La inversión, sin embargo, ha sido de 1.074.275,61 euros. Pero ¿ha merecido la pena?.

El invernadero para albergar naranjos es visto por los ecologistas como una excentricidad con poca utilidad real. Los dos árboles del jardín zen que tiene a la entrada han muerto y todavía habrá que esperar años para ver el resultado del laberinto vegetal.

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En cuanto al Aula de las Energías que ahora ocupa la mayor parte del edificio, todavía son muy escépticos con respeto a que se vaya a amortizar la inversión y consideran que podría haberse situado en otro espacio municipal y en este hacer un útil y provechoso espacio de Educación Ambiental.

Rozas afirma que el problema será que hacerlo conlleva personal y programación permanente, dinero al fin y al cabo, que si bien parece que no hay problema para dedicarlo a remodelaciones e infraestructuras, no se emplea en que éstas realmente tengan la utilidad con la que se plantearon y que permita amortizarlas.

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