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La Guerra de Ucrania ha provocado la separación de miles de familias. S.H
La lucha de una refugiada ucraniana en Salamanca por recuperar a su bebé

La lucha de una refugiada ucraniana en Salamanca por recuperar a su bebé

Yuliia huyó de la guerra de Ucrania un mes después de que estallara y se reencontró con su familia pasados cuatro meses

Laura Linacero

Salamanca

Viernes, 24 de febrero 2023, 08:16

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Cuando el miedo aprieta, el temor acecha y la incertidumbre se asienta en el futuro de miles de personas, la actuación más primitiva es proteger a aquellos que están a tu alrededor. Esa necesidad de Yuliia por alejar a su bebé del horror de la guerra hizo que tuviera que alejarse de él durante varios meses. Cuando estalló el conflicto, nadie imaginaba que después de un año todavía los bombardeos pudieran hacer temblar el país. La sospecha de un conflicto corto llevó a esta madre a dejar a su bebé de apenas unos meses con su familia en Polonia, y ella se refugió en España con la idea de que en pocas semanas pudiera reunirse con él.

Sin embargo, no fue así. La vida les sacudió cuando el pasado 24 de febrero de 2022 las tropas rusas invadieran Ucrania. En ese momento, sus vidas cambiaron para siempre. Su pareja, Vladyslav, trabajaba como agente en una inmobiliaria y además como integrador social con niños. Esa invasión supuso no solo la desolación para su país sino una ruptura innegable en sus vidas. La intensificación en los bombardeos hizo que decidieran huir de su país. Primero ella dejó a su bebé en Polonia con su madre y llegó a España en abril. Así, en avión hasta Barcelona y en autobús hasta Salamanca se cumplen ya diez meses de su llegada.

Abandonar un hogar, despedirse de su gente e instalarse en un país desconocido sin dominar el idioma no fue tan duro como el estar separados casi cuatro meses de su bebé. Las gestiones y los trámites para hacer posible la ansiada reagrupación fueron lentos y Cruz Roja de Salamanca tuvo que ponerse en contacto con la Cruz Roja de Polonia para hacerlo posible.

A finales de agosto, consiguieron que Yuliia pudiera ir a por su bebé y regresar a Salamanca junto a su pareja. Al menos un factor de la ecuación se había solventado, -seguramente el más importante-, y ahora comenzaba el proceso real de adaptación. La familia está dentro del programa del Ministerio de Inclusión que les ofrece facilidades para fomentar esa integración. Por un lado, les brindan clases para que aprendan español y Vladyslav asiste a un curso de operaciones auxiliares de instalaciones electrotécnicas y telecomunicaciones en edificios para optar a un empleo. Además, el bebé que ahora tiene 18 meses, va a la guardería

Un futuro incierto

El idioma es uno de los procesos más complejos de la adaptación puesto que el dominio del castellano es un trampolín a la hora de buscar trabajo. Según pasaban los meses y el conflicto lejos de aminorar intesificaba la crueldad, el interés por aprender español se incrementaba. «Los primeros meses venían con la idea de volver pronto, por eso no se esforzaban tanto en aprender el castellano pero ahora la vuelta cada vez es más improbable», comentan desde Cruz Roja Salamanca.

El punto de inflexión para que comenzaran a considerar Salamanca su futuro y desecharan la idea de volver a su país fue el matiz que tomó la contienda. «Cuando empezaron a bombardear zonas de civiles y ya los objetivos no eran militares fue cuando la gente se empezó a asustar y cambiaron el chip», explican desde Cruz Roja. Además, cuando se cerró el centro de emergencia habilitado en Salamanca para los refugiados ucranianos y hubo que comenzar a buscar pisos, también fue un choque de realidad. «Se dan cuenta de que tienen que tener nociones básicas de español para hacer ciertas gestiones», añaden.

Si volverán o se quedarán en Salamanca nadie lo sabe, ni ellos mismos. «Ahora no lo pensamos, ya se verá», comenta Vladyslav. Lo que es seguro es que, pase el tiempo que pase, Kiev será siempre la ciudad que les vio nacer y Salamanca, la que les vio renacer.

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