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Cubierta de una construcción con uralita, un material con amianto. A. Mingueza
El plan para retirar el amianto de Salamanca que acabará con el foco cancerígeno de los tejados

El plan para retirar el amianto de Salamanca que acabará con el foco cancerígeno de los tejados

El consistorio tiene listo ya el mapa y ultima el calendario de retirada de este material en las cubiertas de la ciudad

Félix Oliva

Salamanca

Martes, 21 de mayo 2024, 19:56

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El plan para eliminar el amianto presente en las construcciones de Salamanca está listo y ultima el calendario de retirada, lo que supondrá el fin de los miles de focos cancerígenos repartidos por los edificios en los que se ha usado este material, prohibido desde hace 20 años, pero presente en buena parte de las construcciones.

Así lo confirman fuentes municipales, que por ahora no detallan los resultados del mapeo que tiene que sacar a la luz la cantidad de amianto superviviente en las construcciones del municipio, aunque se trata de un elemento presente en materiales como la uralita o el fibrocemento y que era de uso común, especialmente en naves.

En primer lugar, el Ayuntamiento de Salamanca ya tiene listo el mapa del amianto que encargó elaborar. El contrato se inició hace más de un año y se resolvió en mayo por una cuantía base cercana a los 30.000 euros. El objeto del contrato, con un plazo de tres meses, era complejo. Se lo adjudicó el Centro de Observación y Teledetección Espacial por algo más de 27.000 euros.

Por un lado, el objetivo era elaborar un censo de las edificaciones del municipio de Salamanca con cubiertas con amianto, ampliable a otras instalaciones y emplazamientos. Para ello se crearía una base de datos estructurada con capacidades SIG con gestión de datos por edificio y se culminaría con una memoria programa de su retirada.

Hoy por hoy, es imposible saber cuánto amianto sobrevive en las construcciones repartidas por toda la provincia de Salamanca. Aunque sea trata de un material ya prohibido y en desuso, su vida útil ronda los 35 años según el Instituto Nacional de Salud, Seguridad y Bienestar en el Trabajo y son muchos los edificios e instalaciones que conservan este material.

Se ha usado fundamentalmente para cubiertas con la famosa uralita, pero también lo hay en tuberías de fibrocemento, en recubrimientos exteriores o en salidas de chimeneas. En el caso de Salamanca, en el derribo del viejo Hospital Clínico aparecieron restos, pero también existía en los 150 kilómetros de conducciones de fibrocemento que había en 2017 y que se han ido retirando; se puede ver en viviendas del centro y, también, en un monumento protegido como la capilla de la Misericordia.

En cuanto a su presencia, habrá que esperar a lo que determine el mapeo que se ha encargado. Sin embargo, según empresas especializadas su presencia es mayor en entornos rurales que urbanos, pero sí está muy presente en antiguas edificaciones industriales.

En municipios del entorno de la capital ya se han elaborado censos y la presencia media de este elemento en los edificios ronda el 30%. La capital cuenta con unos 11.000 edificios según el censo del INE, con lo que en torno a 3.000 son candidatos a la actuación de retirada.

Prohibido desde hace 20 años

Aunque el amianto esté prohibido en la UE desde 2005, sigue estando presente en los edificios más antiguos, por lo que supone una amenaza especial para la salud durante las renovaciones de edificios, cuando se alteran los materiales que contienen amianto y los trabajadores inhalan las fibras que se liberan. Hasta el 78 % de los cánceres profesionales pueden estar relacionados con la exposición al amianto.

Según diversas estimaciones, la cifra de fallecimientos en el Estado español causados por patologías provocadas por el uso industrial del amianto será de al menos 130.000 hasta el año 2050, de los cuales un 40 % todavía no se han producido. Los expertos prevén 5.000 defunciones al año a partir de 2020.

Según informes de Ecologista en Acción, la gran mayoría del amianto instalado entre los años 1960 y 2000 ya ha finalizado su vida útil y por lo tanto, se encuentra en estado de degradación, con la correspondiente liberación de partículas de amianto al medioambiente. Al estar más del 65% del amianto instalado con una vida útil ya finalizada, en el 2030 lo habrá hecho el 87%, y en el 2040 el 100 %.

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