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José María Galán atiende a varias personas antes de la charla. Álex López

El rastreador de huellas de Doñana: «Buscar indicios en la naturaleza fue esencial en nuestro desarrollo como especie»

El internacionalmente conocido guía del Parque Nacional de Doñana, José María Galán, participó en las IX Jornadas de Conservación de la Biodiversidad de Salamanca

Ana Carlos

Salamanca

Sábado, 9 de marzo 2024, 13:42

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Atento, sociable, curioso y sabio. José María Galán es de esas personas con una labor tan interesante a sus espaldas que sorprende por su humildad y cercanía. Lleva toda la vida dedicado a la conservación de la biodiversidad. Es guía en el Parque Nacional de Doñana, y también uno de los rastreadores de huellas más reconocidos internacionalmente (el único de España), por su labor en la lucha contra el tráfico internacional de especies. Esta faceta le lleva a trabajar en lugares como África, persiguiendo cazadores furtivos y proporcionando formación y herramientas a las comunidades locales para combatir el furtivismo. Además, su papel es clave en el estudio de las antiquísimas huellas fósiles, de animales y homínidos, aparecidas en la playa de Matalascañas.

A pesar de todo este trabajo, Galán hizo un hueco para venir a Salamanca y participar en las IX Jornadas de Conservación de la Biodiversidad organizadas por el Colectivo Bellotero el primer fin de semana de marzo en el edificio Dioscórides de la Facultad de Biología de la USAL. En concreto, para impartir una charla bajo el título «El arte del rastreo, más allá del origen de la ciencia».

En ella, habló del papel del rastreo en la evolución humana. O lo que es lo mismo, de «cómo la capacidad que tenían, y que tenemos todavía los humanos, para rastrear, para buscar indicios en la naturaleza, para relacionarnos con el medio a través de la búsqueda de información, nos sirvió como un instrumento esencial en nuestro desarrollo evolutivo como especie». Además, afirma que «la comunicación, el diálogo, y el consenso, que son los tres elementos del rastreo».

Rastrear historias del pasado

El rastreo nos sirve para reconstruir historias del pasado. Pero surge la pregunta: ¿podrán las generaciones futuras conocer nuestra sociedad con los rastros que estamos dejando en el presente? Galán está convencido de que «estamos dejando rastros suficientes». Tanto es así que la Sociedad Internacional de Estratigrafía, con sede en Inglaterra, lleva ya unos cuatro o cinco años debatiendo si quieren cambiar la nomenclatura geológica, para referirse al momento presente como el antropoceno. Esto se debe «a la cantidad de residuos, la característica de estos residuos, y sobre todo el impacto que hemos tenido en el planeta», como es el caso del cambio climático.

Como somos conscientes de las huellas negativas que estamos dejando en el mundo, los humanos también estamos empezando a intentar revertir ese daño. Una de las formas más o menos ambiciosas de hacerlo que se nos ha ocurrido son las renaturalizaciones urbanas. Se están llevando a cabo cada vez en más ciudades, como es el caso de Salamanca.

El rastreador considera que es «una buena noticia». Pero no tiene claro que estemos consiguiendo revertir el déficit de naturaleza en el que nos hayamos inmersos. Pone ejemplos: la deriva de la inteligencia artificial y la transhumanización. Es decir, el intento de mejorar las capacidades físicas, psíquicas e intelectuales de los humanos a través de nuevos avances tecnológicos y la mejora genética.

«Conocemos todos los grandes desafíos que tenemos de aquí a 2030. Yo creo que son suficientes como para concentrar todos nuestros esfuerzos como personas, familias, países, naciones, como colectividad»

«Los humanos vamos a pasar a otra fase, a otra dimensión. Pero no sé cómo podemos hablar de transhumanización si estamos en uno de los momentos en los que la humanización y la humanidad necesitan reflexionar mucho hacia la dirección en la que tenemos que ir. Conocemos todos los grandes desafíos que tenemos de aquí a 2030. Yo creo que son suficientes como para concentrar todos nuestros esfuerzos como personas, familias, países, naciones, como colectividad. Y sin embargo en vez de ir en esa dirección, estamos yendo en la dirección opuesta. Y además de manera muy rápida y preocupante».

Sin ir más lejos, recuerda que actualmente «hay una cantidad de casi 16 guerras. Conflictos bélicos puede haber unos 30 activos. Y necesitamos replantearnos eso». Volviendo a las renaturalizaciones en las ciudades, considera que también hay mucho que reflexionar. Hay que centrar más los esfuerzos para poner a las personas en el centro de forma participativa. «No hay ciudad sin ciudadano. No hay paisaje sin paisanaje. Esa es la cuestión. Necesitamos ser los protagonistas de estos cambios».

Galán, enseñando una huella en su móvil, con la colaboradora de Salamancahoy, Ana Carlos, y el auditorio durante su charla. Álex López
Imagen principal - Galán, enseñando una huella en su móvil, con la colaboradora de Salamancahoy, Ana Carlos, y el auditorio durante su charla.
Imagen secundaria 1 - Galán, enseñando una huella en su móvil, con la colaboradora de Salamancahoy, Ana Carlos, y el auditorio durante su charla.
Imagen secundaria 2 - Galán, enseñando una huella en su móvil, con la colaboradora de Salamancahoy, Ana Carlos, y el auditorio durante su charla.

Una sociedad sin tiempo para ser consciente

Mitigar el cambio climático, mejorar nuestra calidad de vida, garantizar nuestro futuro como especie requiere de cambios sociales profundos. Es urgente modificar nuestros hábitos porque no hacerlo traería peores consecuencias. Pero ¿somos conscientes de ello? El rastreador considera que «no es que seamos conscientes o no. La pregunta es, ¿tenemos tiempo para ser conscientes? Porque ahora mismo vamos acelerados a todos lados. Todo es aceleración, todo es tiempo para el tiempo. Y no tenemos tiempo para pensar, para parar, para reflexionar, para respirar, para soltar las tensiones que diariamente se nos acumulan».

Galán señala que ha hablado con personas de otras generaciones mayores, entre ellos su abuela o su padre sobre cuestiones que nos preocupan en la actualidad y que podrían ser comunes en otras épocas en busca de respuestas. «La sensación es que nos decían que vamos acelerados a todos lados. Y acelerados a todos lados, solamente podemos ir a trompicones. Estamos dejando una parte de nuestra humanidad detrás. Necesitamos recuperar el tiempo y no podemos tener una tecnología de la que nosotros seamos esclavos, sino que nosotros tenemos que tener la tecnología a nuestro servicio».

««La sensación es que nos decían que vamos acelerados a todos lados. Y acelerados a todos lados, solamente podemos ir a trompicones»

José María Galán

Los ejemplos son cotidianos. Estar en un bar con «cuatro personas que deberían estar hablando y están los cuatro chateando, algunos incluso, entre ellos». Por ello se lamenta. «Yo no sé si es una cuestión generacional o que ya me he vuelto un poquillo carca, pero creo que necesitamos recuperar el control de esta tecnología».

Agricultores que piden la presencia del lince

La Junta de Castilla y León ha manifestado hace pocas semanas su intención de reintroducir el lince ibérico muy cerca de Salamanca, en Zamora, tras haber estudiado distintas posibles ubicaciones en la comunidad autónoma. El guía de Doñana considera esta oportunidad como una buena noticia, y reflexiona sobre el hecho de que los humanos «estamos decidiendo el designio de muchas especies, entre ellas la del lince».

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Así, asegura que en los lugares donde actualmente hay más linces hay en este momento de Andalucía, Jaén sobre todo y Córdoba, es porque «lo solicitan muchas veces los propios agricultores, por el conejo. Hay sitios en los que la densidad es tan elevada que dañan bastante las plantaciones, sobre todo de olivos». El hecho de meter linces baja considerablemente la población de estos animales. No solo por lo que cazan, ya que un lince sólo puede comerse un conejo al día, sino porque genera el llamado «factor miedo». Eso supone que los conejos llegan a una sensación de estrés donde la reproducción no es recomendable.

Algo similar a lo que ha sucedido en Yellowstone al reintroducir el lobo, que ha ayudado a la recuperación del paisaje y el equilibrio entre especies. «Son piezas esenciales de un puzle del que nosotros no tenemos nada más que la idea de cómo se llama cada pieza, pero no cómo se relacionan entre ellas y cómo nos terminan afectando a nosotros».

En definitiva, Galán destaca la importancia de nuestras acciones para el futuro del planeta. La reintroducción del lince es un ejemplo de esfuerzos positivos, aunque nos recuerda que aún queda mucho por hacer para conseguir un equilibrio entre el avance tecnológico y la preservación de la esencia de nuestra humanidad.

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