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Expertos en renaturalización de la USAL, Álex López

Salamanca se renaturaliza: clave para preservar un ambiente óptimo para los vecinos

Expertos en renaturalización de la USAL destacan que los principales beneficiarios de estas intervenciones son los habitantes de la ciudad y destacan que la biodiversidad debe aumentar, pero a unos niveles que la ciudad no se convierta una trampa mortal para la fauna

Ana Carlos

Salamanca

Sábado, 6 de julio 2024, 17:53

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Cuando se habla de la renaturalización de la ciudad parece que de lo que estamos hablando es de lo que le pasa al medio ambiente, de mejorarlo, de algo ajeno a las personas. Pero en realidad «no va de lo que le pasa al medio ambiente, sino de lo que nos pasa a nosotros», señala Roberto Rodríguez, profesor del departamento de Biología Animal de la USAL, con experiencia en proyectos de renaturalización.

Su compañera Aida Merino, investigadora en el área y divulgadora científica, lo corrobora. «No hay un sentimiento de pertenencia, cuando se habla de ecología parece que no nos sentimos parte de ella, pero si un engranaje falla vamos a sufrir unas consecuencias desastrosas.

Por eso, cuando se renaturalizan las ciudades no solo se busca aumentar su biodiversidad, sino de hacer que sus condiciones sean lo más parecidas a lo que lo han sido los hábitats humanos históricamente. Unas condiciones favorables que nos han permitido vivir hasta ahora y cuyo equilibrio se ha roto.

«Renaturalizar significa hacerla lo más parecida al entorno de forma que se produzcan menos problemas, con menos efecto isla de calor y menos contaminación», insisten. «Es preservar un ambiente en el que como especie nos ha ido muy bien».

Pero, ¿cómo se hace eso? Según Aida, aunando tecnología, valores, naturaleza, necesidades y consenso. Y Roberto añade la importancia de que la ciudadanía participe y sepa para qué sirve. Por ejemplo, un árbol de hoja caduca ayuda a frenar el calor en verano con su frescor y su sombra, pero en invierno deja pasar la luz y el sol.

No obstante, después de décadas en las que se ha inculcado que el progreso consistía en eliminar cualquier rastro natural de las ciudades, ahora hace falta educación ambiental para que los ciudadanos comprendan que revertir esa tendencia es necesario y beneficioso. Es un trabajo arduo llegar a quienes no tienen interés en absoluto por estos temas. Pero una vez bien informados, deben formar parte en la toma de decisiones que transforman sus barrios.

Distintas plantas para cada entorno y cuidar el suelo

Para renaturalizar hay que recuperar biodiversidad. Pero ¿qué especies caben en las ciudades? Siempre las especies autóctonas, pero dentro de ellas, «depende», responden una y otra vez los expertos. Como los entornos están muy antropizados, hemos olvidado muchas veces qué especies son las verdaderamente autóctonas.

Roberto, que trabaja en proyectos en Zamora, pone un ejemplo. Para renaturalizar la ribera del Duero se han fijado en las islas más vírgenes del río, en las que el hombre no ha intervenido. Allí pueden ver qué especies se dan en el entorno de forma natural y están mejor adaptadas, por lo que van a funcionar mejor. Además, hay que tener mucho cuidado con las especies de jardinería, que pueden convertirse en invasoras.

Pero no es lo mismo una ribera fluvial que una calle peatonal. En estas últimas lo interesante es conseguir un sombreado que ayude a bajar las temperaturas, mientras que en los ríos, se buscan especies que sirvan para prevenir los efectos de eventos extremos. Y en calles con mucho tráfico, matorrales y aromáticas para paliar la contaminación, el ruido y el calor. También es importante recuperar los paisajes culturales, que nos dan identidad y nos vinculan con el entorno.

Hay un aspecto de las renaturalizaciones que es más desconocido y pasa más inadvertido: el cuidado del propio suelo. Aida destaca la importancia biológica del suelo. Igual que las plantas tienen valor de ayudar a la polinización, un suelo fértil, bien aireado y no contaminado está lleno de invertebrados, sustancias y microorganismos que son beneficiosos tanto para nuestra salud como la de las plantas.

No hay que olvidar que hacen falta mil años para producir un centímetro de suelo fértil. Es un recurso muy valioso que hay que cuidar. De ahí la necesidad de reducir las superficies pavimentadas y de emplear pavimentos drenantes, que permitan, además, filtrar el agua de lluvia para rellenar los acuíferos.

Cuando aparecen animales en el centro de la ciudad

En los últimos meses hemos tenido noticias sobre la aparición de algún erizo en parques del centro, incluso una ardilla en el parque de La Alamedilla. ¿Qué fauna cabe esperar que conquiste la ciudad con las renaturalizaciones?

Roberto reconoce que el objetivo de las renaturalizaciones es hacer a la ciudad más permeable al entorno, pero «no convertirla en una trampa mortal para la fauna». Así, no tiene sentido que lleguen animales como pueden ser los corzos. Si se dirigen a las ciudades es que hay algo que corregir.

En cambio, sí se espera un aumento de fauna «casi siempre alada»: Polinizadores, aves, quirópteros. Fauna compatible que pueda sobrevivir. En este sentido, las ardillas arborícolas pueden adaptarse a determinados entornos urbanos mucho mejor que un erizo, por ejemplo, apuntan.

Y esta fauna que se espera tiene también su efecto positivo: los murciélagos son vigilantes nocturnos contra mosquitos y evitan plagas como la de procesionaria, por ejemplo. «Un entorno sano tiende al equilibrio, es la diferencia entre naturalizar y ajardinar», destacan. Un buen trabajo de renaturalización, con vegetación autóctona, acompañada de insectos autóctonos y sus depredadores lo consigue.

Efectos positivos en la salud física y mental de los salmantinos

Algunos de los efectos de las renaturalizaciones se notan a corto plazo. La reducción de las temperaturas, en cuanto el árbol es suficientemente grande para dar sombra, la del ruido, cuando se consigue la pantalla vegetal.

Pero otros tardaremos más tiempo en sentirlos. A largo plazo veremos aumentar la biodiversidad urbana y los servicios ecosistémicos que nos proporcionan. Un ejemplo es la esperanza de vida de la población, que aumentará a largo plazo, cuando mejore la calidad del aire de las ciudades y desciendan las enfermedades respiratorias.

También podremos medir los beneficios en la salud mental. Hay diversos estudios que demuestran que la recuperación de los enfermos en los hospitales está influenciada por las vistas que tienen y si sus ventanas dan a zonas verdes. Otros estudios hablan de la relación de zonas verdes con el peso de los bebés al nacer, así como con enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

Son todos aspectos muy relevantes que todavía son ignorados por una buena parte de la población que todavía desconoce que las renaturalizaciones van mucho más que un aspecto estético y colocar unas cuantas plantas en las calles.

Roberto Rodríguez y Aída Merino señalan que todavía hay mucho por explicar a los ciudadanos. Como que un solar con flora silvestre no está sucio, que el desorden paisajístico es lo natural, que el paisaje natural cambia de color en cada temporada. También hay que explicar situaciones que pueden resultar difíciles de entender si no se tienen conocimientos: como que por un lado se planten árboles (porque son beneficiosos y necesarios) y se eliminen ailantos (que son una especie invasora que aniquila a las especies autóctonas) o eucaliptos (que arden con mucha facilidad, degradan el suelo y consumen mucha agua). Pero de lo que están seguros es que el resultado de las renaturalizaciones nos beneficia a todos y estamos en el buen camino, como lo demuestra la explosión de proyectos de renaturalización que hay en todas las ciudades.

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