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Rosana Pajuelo regenta junto a su marido Javier Gallego la tapicería de la Plaza Oeste. José Manuel García
Negocios de toda la vida

La tapicería histórica de Salamanca que restauró los sillones donde ahora se sientan los Reyes

El negocio ubicado en la Plaza del Oeste es el único en la capital que trabaja a mano el mueble antiguo

Laura Linacero

Salamanca

Lunes, 11 de diciembre 2023, 08:14

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Heredar un negocio, un talento y una pasión. Su padre empezó de tapicero con 14 años y seis años más tarde, se puso a medias con un socio hasta que se jubiló con 65. Javier Gallego es ahora quien regenta el comercio que un día capitaneó su padre y bajo el nombre de «Tapicerías Ángel» hace historia en la Plaza Oeste como uno de los únicos locales que se atreve con la tapicería más perfeccionista. Empezó también en este mundillo con 14 años y en la actualidad es una referencia para algunas obras de restauración en Salamanca.

Aunque este negocio no es lo único que heredó de su padre, también una cualidad que le hace aún más especial en este oficio: es ambidextro, lo que le permite tener una velocidad al trabajar que deja a compañeros de profesión boquiabiertos y ser mucho más dinámico en los pedidos que recibe, que no son pocos. «Dicen que cada vez va a menos, pues te diría que cada vez va a más. Cada vez se venden peores muebles y la gente viene aquí y saben que nos les vas a engañar», comenta Rosana Pajuelo, la mujer de Javier que también trabaja en la tapicería.

Otros comercios de siempre en Salamanca

«Lo bueno te sale a la mitad, y lo malo al doble», ese es el lema de Javier Gallego para defender la calidad de sus trabajos. «Mi padre siempre me dijo: 'Tu pon buenos materiales y ya una vez que lo ven, por dos perras más, les compensa' y eso es lo que hago, las cosas bien», añade. Calidad en materiales y calidad en el trato parece ser la clave del éxito para que un negocio a priori en declive, funcione como el primer día. «Nunca nos ha faltado trabajo y yo creo que cómo recomendamos al final lleva a un boca a boca que nos funciona muy bien», añade Rosana.

A pesar de que el negocio sigue su marcha, quien parece que no pasa por su mejor momento es la profesión. «Tapiceros cada vez hay menos, pero es que encontrar costureras de tapicería es imposible», explica. En ese panorama desolador del oficio reluce Isabel Prieto, la costurera de la tapicería que lleva cosiendo desde que era una niña. «No había salido del colegio y ya tenía trabajo», recuerda. Modista y profesora de Corte y Confección, lo suyo es la tapicería donde «todos los días te llega un mueble distinto y no te aburres nunca». Esa magia que parece que esta destinada a extinguirse porque «ya nadie quiere coser».

Restauraciones que son historia de Salamanca

Tanto Javier Gallego como Rosana Pajuelo llevan a sus espaldas trabajos que son parte ya de la historia de Salamanca. Uno de los más nombrados es la restauración de los muebles antiguos de Paraninfo de la Universidad de Salamanca con una antigüedad de 300 años y el barnizado de las paredes. «Somos de los únicos que tapizamos mueble antiguo a mano, con materiales antiguos como crin vegetal», comenta Rosana. Un reconocimiento que le ha llevado a Javier a tapizar «los sillones donde se sientan los Reyes cuando vienen« y a Rosana, a barnizar todas las paredes de madera.

Fue tal el trabajo que esa restauración conllevó, que Javier tuvo que trasladar allí su taller para trabajar dentro de la propia sala. «Estuve dos meses trabajando allí, eran muebles muy antiguos y lo mejor era que fuese yo quien me trasladara allí», explica.

Los sillones de Paraninfo restaurados por Tapicerías Ángel.
Los sillones de Paraninfo restaurados por Tapicerías Ángel. Universidad de Salamanca

Otra de las actuaciones en un importante edificio de la capital que han llevado a cabo en los últimos años ha sido el entelado del Teatro Liceo tras descubrirse unas humedades. «Cuando entelas una estancia, ya te olvidas de pintar y queda muy bonito», asegura. Tal es la calidad de esta técnica, que sobrevive el paso de los años sin apenas desperfectos. «Voy a casas en Gran Vía y veo las paredes que enteló mi padre hace 50 años y está perfecto», asegura Javier. Para prueba un botón y la experiencia es lo que da peso a su calidad. «Claro que me gusta ver lo que hizo él en su día y que siga intacto», sonríe.

Además de estos edificios más institucionales, también trabajan para particulares e incluso hoteles. «Ahora estamos con el hotel La Abadía de los Templarios de la Alberca y vamos en diferentes épocas del año para ir completando todo», explica.

La máquina que abotona desde hace medio siglo

Al preguntar por el tiempo que llevan esas máquinas trabajando para el negocio resuena un soplido que se resume en un «muchísimos». Y es que algunas de ellas están al servicio de Tapicerías Ángel desde que se iniciara el negocio. «Intentamos conservar las máquinas de siempre porque si se rompen, hay que comprar una nueva. Ya no hay mecánicos que las arreglen», asegura Rosana. Además de la máquina de coser que es parte de la historia del comercio, tienen una máquina para poner botones desde hace medio siglo: «Esa la tenía mi padre cuando empezó el oficio», explica Javier.

El miedo a que alguna de esas herramientas históricas se rompan y no encontrar sustituto es una realidad. «Ya no encontramos ciertas herramientas muy concretas, hay algunas que son de Estados Unidos», asegura Rosana. Aún teniendo muchos elementos en contra en esta profesión, a favor tienen lo que les mantiene activos: mucho trabajo y el reconocimiento de todos sus clientes.

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