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Clientes en el bar de Sepulcro Hilario. José Vicente/Ical
Cinco kilómetros para tomar café: por qué los pueblos de Salamanca tienen ayudas para tener bar

Cinco kilómetros para tomar café: por qué los pueblos de Salamanca tienen ayudas para tener bar

Ayudas públicas y ofertas interesantes para reabrir estos centros en los 200 pueblos pequeños que ya no tienen: «Te quedas sin día a día»

Sábado, 13 de enero 2024

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Los bares pueden llegar a ser hogar, casa y refugio. Un lugar donde encontrarse y reencontrarse, en los que un café puede convertirse en una excusa para unir o decir adiós, para conocer, para socializar y disfrutar. Un punto de encuentro que es parte del día a día de muchas personas y sin el que las rutinas serían diferentes.

Para muchos, la costumbre es encontrarlos a la vuelta de la esquina. Pero hay quienes necesitan recorrer kilómetros y cruzar los dedos para que cuando lleguen no se encuentren con una puerta cerrada. En la provincia de Salamanca, de sus 362 localidades, tan solo un centenar cuentan con al menos un bar, según los datos del Registro de Turismo de la Junta de Castilla y León. La España del interior también se vacía en cuanto a establecimientos de hostelería se refiere, con localidades que quedan huérfanas de este punto de reunión, informa Ical.

De los 1.728 establecimientos de estas características registrados en la provincia, la capital aglutina un total de 755, mientras que Ciudad Rodrigo y Béjar se reparten el segundo y tercer puesto del podio, con 103 y 51 respectivamente. A partir de ahí, las cifras descienden a escalones agigantados, y son poco más de una decena los municipios que pueden anotar dos cifras en el contador.

Bares que cierran

Mientras, pueblos que han contado con bares toda la vida ven como van desapareciendo y cada vez es más complicado que sus puertas vuelvan a abrirse. Es el caso de Parada de Rubiales, donde después de décadas con tres locales abiertos que ha pasado de mano a mano en una tradición familiar, han visto como en el último lustro han tenido que echar el cierre. El último, en marzo del pasado año. Desde entonces, sus vecinos se desplazan a Cañizal, ya en la provincia de Zamora, haciendo un recorrido de cinco kilómetros para poder tomar un café.

Cinco kilómetros que parecen indiferentes pero que, al volante, son un riesgo que preocupa al alcalde de este municipio de poco menos de 260 habitantes, José María Cubillo, quien explica a la Agencia Ical el peligro que conllevan estos desplazamientos que, en ocasiones, pueden verse influenciados por el alcohol. Cubillo también lamenta el cierre por jubilación del último establecimiento, algo que «se hace difícil porque siembre has vivido con bar, por lo que quitarlo de un plumazo es complicado».

Por ello, afirma que desde que entraron en el equipo de gobierno el pasado mes de mayo, trabajan por buscar una solución a este problema en el que, quien apueste por arreglarlo, debe mirar «con perspectiva». Así, argumenta que no debe pensarse en el día a día, sino en el global de un año ya que son localidades en las que los fines de semana, las fechas señaladas y los veranos vuelven rentables estos negocios.

«Creo que un bar lima muchas asperezas en el plan social y en la vida social de los vecinos, es lo que puede abrirte a solucionar un conflicto»

De la misma manera opina Andrés Benito, concejal en el Ayuntamiento de Villaverde de Guareña, otra localidad en la que su bar, abierto los últimos siete años, echó el cierre. «Te quedas sin día a día», afirma, y aunque también recurren a pueblos cercanos, comenta que el depender de coche y no encontrarse a sus vecinos habituales son factores que notan en la vida diaria.

«Creo que un bar lima muchas asperezas en el plan social y en la vida social de los vecinos, es lo que puede abrirte a solucionar un conflicto», señala Benito, en referencia a estos lugares donde «puedes encontrarte con personas que solo ves de año en año, y ciertos problemas se pueden arreglar». «La gente se hermana, y amortigua muchas otras cosas», concluye.

Ayudas para abrirlos

Para intentar paliar esta situación, desde la Diputación de Salamanca han lanzado una línea de ayudas centradas en combatir la despoblación y en pro de la vida y de socializar en los pueblos. Por ello, dotarán de hasta 30.000 euros a cada municipio que no cuente con un establecimiento de hostelería para que puedan abrir uno. Un plan enfocado, como explicó el presidente provincial, Javier Iglesias, a «tratar de combatir los efectos de la despoblación y aislamiento» y que los pueblos puedan contar «con un espacio de socialización y ocio, donde mejorar la calidad de vida se pueda sustanciar con una ayuda pública».

Una idea que, admitió, nace debido a la demanda de los alcaldes y está destinada a «fomentar un espacio natural donde se pueda compartir, y romper las barreras del aislamiento». Entre los requisitos para solicitar esta ayuda, cuya convocatoria está prevista que se publique en el mes de febrero o marzo, el fundamental es que el pueblo no cuente con ningún establecimiento de hostelería. A partir de ahí, se establece un compromiso de apertura de al menos dos días a la semana y un periodo de actividad de al menos cinco años. Así, podrán solicitarla los ayuntamientos que quieran abrir un establecimiento a lo largo de 2024 en un local de titularidad municipal y la gestión del mismo podrá ser directa o indirecta.

Las subvenciones de hasta 30.000 euros por municipio podrán destinarse a obras de adaptación de los edificios de titularidad pública para esta finalidad, y una parte de ella, con un máximo de 3.000 euros, podrán dedicarse a la adquisición de mobiliario o maquinaria para prestar este servicio, como cafeteras, congeladores o barras, entre otros.

Desde la Diputación provincial estiman que unas 80 localidades podrán verse beneficiadas de estas ayudas

Desde la Diputación provincial estiman que unas 80 localidades podrán verse beneficiadas de estas ayudas, pero no cierran la puerta a ampliar el presupuesto, que parte de los 300.000 euros, para poder cubrir la demanda total de las solicitudes, en el caso que fuera necesario. Desde Parada de Rubiales perciben estas subvenciones como «una alegría con las que solo el anuncio respiras un poco de tranquilidad». Así, su alcalde argumenta que estas iniciativas ya se han venido haciendo en otras comunidades como Aragón, y que es labor de las administraciones «que se pongan las pilas, y que no dejen morir a los pueblos, porque con la despoblación, si nos quitas el bar, terminas de hundirlo».

Por su parte, el Ayuntamiento de Villaverde de Guareña espera poder cumplir los requisitos para solicitarlas, mientras que apuestan por fomentar que alguien del pueblo sea quien coja el timón del bar, con la finalidad de «ayudar a la gente y que alguien que esté fijado en el núcleo rural pueda tener su trabajo cerca».

Bar y casa por 50 euros

Antes del anuncio de estas subvenciones, otros municipios trabajaban ya por recuperar la vida en sus pueblos y su núcleo neurálgico de socialización. Es el caso de Sepulcro-Hilario, donde lanzaron una llamativa oferta: el alquiler del bar y de una vivienda por 50 euros al mes. Una propuesta por la que se interesaron entre 150 y 200 personas, según señala el primer edil, José Agustín García, quien ante la avalancha de solicitudes confiesa que fue difícil llevar la cuenta.

Finalmente, fue un valenciano el elegido para volver a abrir el bar. Ricardo Arnal se topó con el anuncio en una página de Facebook destinada a repoblar pueblos de España, y tras tener experiencia llevando locales de hostelería en zonas de Teruel y Guadalajara, junto a una amiga, se embarcó en esta aventura en el interior de la provincia de Salamanca.

Clientes en el bar de Sepulcro Hilario y Ricardo Arnal, su titular. Vicente/Ical
Imagen principal - Clientes en el bar de Sepulcro Hilario y Ricardo Arnal, su titular.
Imagen secundaria 1 - Clientes en el bar de Sepulcro Hilario y Ricardo Arnal, su titular.
Imagen secundaria 2 - Clientes en el bar de Sepulcro Hilario y Ricardo Arnal, su titular.

Tras abrir sus puertas el pasado 6 de diciembre, Arnal confiesa haber tenido unas navidades intensas y, entre semana, es raro el rato en el que está abierto el bar y no hay ninguna persona. Además, ha conseguido atraer con su cocina a gente de la zona, quienes ya hacen cola para probar las patatas bravas en un pueblo de menos de 180 habitantes.

«No esperaba lo que ha pasado aquí», reconoce el hostelero, quien aterrizó en Sepulcro-Hilario con un compromiso de cinco años para mantener el bar abierto y lo hace de martes a domingo cada semana. «La vida en un pueblo de 50 o cien habitantes es un pueblo muerto. La gente si no, no sale, es el centro neurálgico», afirma, con la esperanza de que las ayudas institucionales puedan evitar que otras localidades en la misma situación eviten que se conviertan en «pueblos fantasmas».

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