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Restos de basura arrastrada por el agua con la crecida. Álex López

El agua vuelve a su cauce pero las basuras ahogan la ribera del Tormes

Miles de toallitas, plásticos y otros residuos arrastrados por la crecida del río quedan ahora visibles, enganchados en la vegetación, a la espera de ser retirados

Ana Carlos

Salamanca

Sábado, 27 de enero 2024, 15:18

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Una parte de las imágenes que trajo la borrasca Juan eran de gran belleza por los exuberantes saltos y las enormes láminas de agua por doquier. Pero, ahora que poco a poco desciende el nivel de los ríos, el panorama resulta bastante desolador.

Las aguas vuelven a su cauce dejando a la luz un problema que se repite cada vez que se producen fuertes lluvias y el sistema de saneamiento (en el que se unen aguas pluviales y residuales) se desborda. Los desagües dejan salir los residuos que circulan por el alcantarillado anegado para evitar su colapso. Parte de lo que habíamos desechado por el váter y pensábamos que acabaría en una depuradora termina en el río. Entre estos residuos reaparecen miles de toallitas.

Pero el agua también arrastra infinidad de plásticos, colillas y otras basuras que encuentra a su paso. Muchos de esos objetos quedan atrapados por la vegetación de ribera que, en algunas zonas, adquiere un aspecto fantasmagórico. Como macabros árboles de Navidad que ponen en evidencia que debemos cambiar nuestro modelo de consumo y la gestión que hacemos de los residuos. Se trata de un problema ambiental de primer orden que afecta a la calidad del agua, a la fauna y a la flora.

A lo largo de la orilla del Tormes, el reguero de suciedad muestra hasta dónde llegó el agua durante la crecida. Un recordatorio desagradable y cuya situación no tiene fecha prevista de mejora. Por el momento no está prevista su limpieza. Desde el Ayuntamiento de Salamanca apuntan que «el mantenimiento y limpieza de las riberas del río es competencia de la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD). De hecho, cualquier actuación de limpieza por la agencia municipal de voluntariado hay que comunicársela».

Pero desde la Confederación contestan que tal y como indica el artículo 28.4 de la Ley 10/2001, de 5 de julio, del Plan Hidrológico Nacional, «las actuaciones en cauces públicos situados en zonas urbanas corresponderán a las Administraciones competentes en materia de ordenación del territorio y urbanismo, esto es, a los Ayuntamientos y, en su caso, a la Administración Autonómica. Lo mismo ocurre con la limpieza y conservación de los puentes, cuyo mantenimiento de sus adecuadas condiciones de desagüe, es responsabilidad del titular».

Una actuación menor de mantenimiento contemplada en la normativa

Según la citada normativa, y tal y como destaca la CHD, es el Ayuntamiento de Salamanca quien debe encargarse de la retirada de estos residuos sólidos urbanos, lo que se considera una actuación menor de mantenimiento y conservación del dominio público hidráulico. También se enmarca en este tipo de intervenciones la retirada de elementos arrastrados por la corriente que obstruyan el cauce, por poner un ejemplo.

Sí es cierto, no obstante, que para llevar a cabo este tipo de actuaciones menores, los ayuntamientos o quienes las deseen realizar, deben presentar una declaración responsable en la que manifiesten, bajo su responsabilidad, que cumplen con todos los requisitos establecidos en la normativa vigente para hacerlo.

Esta declaración debe registrarse en la Confederación al menos 20 días hábiles antes de iniciar la intervención. Otra coca muy distinta sería tratar de meter maquinaria o hacer otro tipo de intervenciones, que precisa de los pertinentes permisos, explican.

En cualquier caso, el organismo de cuenca insiste en que no descuida su responsabilidad ante este problema. Así afirma que en 2023 invirtió seis millones y medio de euros en actuaciones de mejora de la continuidad fluvial en zonas no urbanas. Además, entre 2022 y 2023 retiró cerca de 100 toneladas de residuos de los ríos de la cuenca del Duero. El 33 por ciento de ellos eran plásticos.

En el caso de la provincia de Salamanca, la CHD invirtió en el período 2021-2023 algo más de tres millones de euros para el mantenimiento y conservación de cauces, detallan.

Limpiezas periódicas por parte del Ayuntamiento y Asprodes

Aunque el Ayuntamiento no considere en este momento que sea de su competencia limpiar de la ribera del Tormes los residuos arrastrados por la crecida, no piensa lo mismo de las basuras que quedan en las mismas zonas tras la celebración del Lunes de Aguas.

De hecho, en ese momento del año el servicio de limpieza del Ayuntamiento sí pone en marcha un dispositivo especial para acondicionar las inmediaciones del Puente Romano, La Aldehuela y Huerta Otea, por ejemplo.

Por otra parte, «desde el voluntariado ambiental se van haciendo actividades de limpieza de riberas. No pasan dos o tres meses sin hacerse», aseguran desde el Consistorio. También colaboran en las que lleva a cabo Asprodes, quien participa desde 2019 en el Proyecto Libera de Ecoembes para la recogida de basuraleza.

En concreto, esta organización ha realizado diez actuaciones en la ribera del Tormes a su paso por Salamanca (en El Marín, junto a la lonja de los Huertos Urbanos y otras zonas), y Santa Marta. De estas limpiezas dos se llevaron a cabo en 2019, tres en 2021 y cinco en 2023.

Suelos más drenantes para evitar el colapso

Retirar todos los residuos que afloran es imposible. Pero es importante eliminar los que se puede. A pesar de todo, las limpiezas no son la solución definitiva para un problema que se reproduce cada vez que hay fuertes lluvias y crece el río.

Tampoco lo es acabar con la vegetación de ribera para que la basura no quede enganchada a ella. De hecho, aunque persista en parte la ciudadanía la sensación de que los matorrales, carrizos, juncos y espadañas estorban y son suciedad, en realidad ayudan a mantener limpia el agua y forman parte de la riqueza de la biodiversidad fluvial. Asimismo dan cobijo a muchas especies animales, entre ellas aves como el pájaro moscón, que hace su nido con el interior plumoso de los «puros» de las espadañas y las semillas de los chopos, tal y como recuerdan desde el Comité Antinuclear y Ecologista.

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Las redes de saneamiento de aguas residuales y de escorrentía de las ciudades en su mayoría terminan confluyendo en los mismos aliviaderos que sueltan el agua a los ríos cuando sube el caudal. Construir tanques para acumular el agua de las tormentas para estos momentos requeriría de obras caras y complejas que repercutirían en el bolsillo de los ciudadanos.

Pero hay otras alternativas para conseguir que lleguen menos aguas a las alcantarillas durante las lluvias. Entre las más destacables, una buena planificación urbanística que limite las superficies asfaltadas. Cuando se alicatan las ciudades, el terreno no puede absorber el agua, que en el mejor de los casos se va por las alcantarillas y que, si no lo hace puede, ocasionar muchas inundaciones.

En cambio, el suelo ajardinado, en la línea de muchas de las actuaciones de renaturalización que se están llevando a cabo en la ciudad, ayuda a que ese agua empape y se dirija al subsuelo. El problema es que hacen falta actuaciones más ambiciosas en este sentido y a los salmantinos parece que todavía nos cuesta aceptarlo.

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