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Teodoro Jiménez, en la zapatería Gran Vía de Salamanca; en el círculo, el escaparate del local. José Manuel García
Negocios de toda la vida

La céntrica zapatería sobre el recuerdo de lo que fue la fábrica más potente de Salamanca

Teodoro Jiménez representa a la cuarta generación de un negocio que marcó un antes y un después en la provincia salmantina

Laura Linacero

Salamanca

Lunes, 8 de julio 2024, 09:56

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Casi un siglo de historia, cuarta generación y el arrojo de un bisabuelo que consiguió crear lo que fue una de las fábricas de calzado más importantes de España. Con ese contexto se mantiene Calzados Gran Vía, ubicado en el lugar que lleva su nombre y que conserva el mismo espíritu con el que se inauguró la fábrica en Peñaranda de Bracamonte en 1928: calidad y calidez con los clientes. En la actualidad ya no es una fábrica sino una tienda de calzados. Tampoco tiene el mismo nombre que en sus orígenes aunque sí el mismo dueño: Teodoro Jímenez 'bisnieto' que continúa hacia adelante.

Las clave del éxito para aguantar cien años en el sector y pasar de hijo a hijo es, precisamente, la cercanía con el cliente. «Es la forma de ganar puntos frente a las grandes superficies, sino no estaríamos aquí», explica Teodoro. Tanto que hoy en día todavía el recuerdo de la fábrica Tejisa tiene mucho peso en la memoria de los salmantinos. «Raro es el día que no viene alguien diciéndome que un familiar trabajó en la fábrica», comenta Tedoro, que representa a esa cuarta generación.

No es de extrañar después de que contase con hasta 500 trabajadores. «Ahora somos dos, esa es la pena», apunta Teodoro. Hasta llegar a ese volumen que décadas después aún resiste en la mente de los salmantinos, la familia Jiménez resistió algunos golpes que hicieron tambalear su supervivencia. El mayor batacazo fue el polvorín de Peñaranda, una tragedia que se cobró la vida de cien personas y también la fábrica de calzados. Ante esta desgracia, el abuelo de Teodoro decide en el año 42 trasladar la fábrica a Salamanca en la calle Colombia y años mas tarde, levantan un almacén de calzado que se abastecía de la fábrica.

Tejisa se convirtió así en toda una referencia en el calzado nacional hasta que en la década de los 80 desapareció la fábrica en sí. Pero no la saga familiar. La tercera y la cuarta generación montaron una sociedad para continuar en el mundo del zapato. «Ha sido muy bonito poder seguir durante todos años y vivir de esta profesión de la que ha vivido mi familia toda la vida», comenta Teodoro.

Contra viento y marea

Al preguntarle las razones para sobrevivir después de tantos años, Teodoro lo tiene claro: «calidad y trato imagino». Todos sus calzados están fabricados en España porque «son los mejores y es un producto en el que se valora mucho su calidad», añade. De hecho, esto explica que muchos de los clientes repitan con el mismo calzado y por ello la rotación no sea tan dinámica. «Yo tengo muchos modelos de hace años porque es lo que se vende y si a la gente le funciona bien, pues repite», sentencia.

A pesar de ser lo más importante, no siempre es suficiente para conseguir esa ansiada resistencia. «Tenemos un problema con el aparcamiento, hay mucha gente que vive fuera del centro y, teniendo en cuenta que muchos clientes son mayores, se les complica acceder hasta aquí», asegura. Quizá ese desplazamiento sería más apetecible si el tejido comercial fuera mayor, aunque Teodoro reconoce que, cada vez, va a menos. «Lo ideal es que tengamos una red comercial potente, nos necesitamos unos a otros para resistir», añade.

«Antes tener un negocio familiar era una suerte, ahora ya te lo ponen muy difícil para continuar»

Una ansiada red que cada vez tiene agujeros más grandes a consecuencia de la falta de relevo generacional. «Si va bien, le incitas y le aconsejas pero si ves que puede ser una pesadilla, no quiero eso para mi hijo», explica Teodoro. «Antes era ¡qué suerte tienes, un negocio familiar!, ahora ya no, te lo ponen muy difícil», completa.

Escaparate de Tejisa en la década de los 50 F.Torres (Museo del Comercio de Salamanca)

El niño de Tejisa

De su bisabuelo a su abuelo, de él a su padre y seguido de él una cuarta generación. Todos ellos bajo el nombre de Teodoro Jiménez y todos ellos con el coraje de querer tirar hacia adelante. Eso es lo que ha visto el pequeño de esta saga desde siempre. «Lo he mamado desde niño», asegura. Entre zapatos se ha criado y cuando llegó su momento, tenía a su padre que le orientaba. «Cualquier cosa que necesito aún le consulto y en su momento me presentó a mucho fabricantes y contactos que serían mis futuros proveedores», añade. Toda una vida ligada al calzado y también, de forma inevitable, toda una ciudad ligada de una manera u otra al calzado de la familia Jiménez.

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