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Santiago, dueño de la Panadería Soportales; en el círculo, la entrada al local, José Manuel García
Negocios de toda la vida

La panadería que se despide del centro de Salamanca después de más de 60 años

Santiago, el dueño de 'Los Soportales' ya prepara su jubilación de cara al próximo año y busca a alguien que se quede con el negocio

Laura Linacero

Salamanca

Lunes, 1 de julio 2024

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Lo que convierte a un negocio en un comercio de toda la vida no siempre son los años que lleve en pie -aunque en este caso son más de sesenta- sino la relación con los clientes: saber qué van a comprar antes de que lo pidan, llamarles por su nombre de pila y que te pesen sus penas y te animen sus alegrías. Esto es lo que ha cosechado Santiago desde los dieciséis años en la Panadería Los Soportales -ubicada en la Plaza del Mercado- y que tras medio siglo 'con las manos en la masa', dejará el negocio el próximo año por jubilación. Una pérdida más para el comercio histórico de Salamanca que se suma a los otros ocho negocios tradicionales que han anunciado su cierre este año.

«Mis padres fueron emigrantes y cuando vinieron a Salamanca abrieron un bar. Empecé a trabajar con trece años pero luego cambiaron el negocio y cogieron la panadería en 1976», recuerda. El próximo octubre cumplirá los 48 años dispensando pan y cerrará una etapa que, espera, continúen otros. «Estamos buscando a alguien que pueda estar interesado en el negocio o con otra iniciativa», comenta Santiago que en mayo de 2025 bajará la persiana por jubilación. Sin embargo, parece que la continuación como panadería tiene más contras que pros para los que se han mostrado interesados.

A pesar de ser un trabajo sacrificado, Santiago reconoce que «es muy entretenido». Después de tantos años, asegura que cada día es distinto y eso es lo que la hace especial. «Les explicas un poco la dinámica y se asustan un poco y digo 'yo llevo toda la vida haciéndolo'», ríe. Además, asegura que no habría problema en enseñarles durante un tiempo para que cojan la dinámica aunque asegura que el ritmo se pilla rápido y enseguida engancha. Tanto, que no se molesta en negar que el día del adiós será un día complicado.«Me tendré que acostumbrar a pasar de un ritmo frenético a estar más tranquilo», reflexiona.

Más allá de vender pan

El bajarse de la noria no sólo implica deshacerse de las rutinas sino también despegarse de alguna manera de los clientes que son ya amigos.«Nos hacemos mayores y da mucha pena porque hay mucha gente que nos conoce, han pasado muchas generaciones por aquí y al final, lo que les pase a ellos también te influye a ti», asegura. Seis décadas que han dado para conocer a «tres generaciones del Novelty» y ver también cómo las niñas de las Jesuitinas que iban a buscar colines en el recreo ahora son madres y regresan a la panadería con sus hijos.

«He visto a tres generaciones del Novelty»

Un vínculo nostálgico con este comercio que ahonda en los recuerdos de los clientes que, lejos de Salamanca, vuelven a pasar por allí. «Me acuerdo que venía con mi madre al mercado y pasábamos por aquí a comprar el pan», le dicen algunos de los clientes.

Además de particulares, también reparten a buena parte de los hosteleros del centro de la capital. «Tengo clientes desde hace 40 y 42 años, y están algo preocupados al saber que lo vamos a dejar», asegura. No obstante, Santiago llama a la calma y asegura que «no les voy a dejar de la mano de Dios sino que les voy a dejar a alguien que se encargue de ello igual que lo he estado haciendo yo», sentencia.

Adiós al pan de confianza

«Tenemos unos productos que mucha gente no tiene», asegura Santiago. Pan de Benavente, de Mombuey, de Almeida de Sayago, de Puebla de Sanabria y también de Salamanca, es decir, pan para todos los gustos. «Cuando la gente compra de forma circunstancial el pan en otro sitio, sobre todo en supermercados, nos dice que nota mucho la diferencia», asegura. Y es que en todos estos años ha conseguido que para muchos vecinos el pan de Los Soportales sea su pan de confianza. Tanto, que en alguna ocasión clientes que viven fuera de Salamanca le piden que se lo mande por mensajería. «Va envasado para que tenga una conservación y les dure más», asegura. Aún fuera de las fronteras, es la panadería de referencia en la capital para aquellos que, alguna vez, cruzaron su puerta.

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