Borrar
Dori en el quiosco de la Plaza Mayo de Salamanca. José Manuel García
Negocios de toda la vida

El quiosco desmontable del siglo XX en Salamanca que vendió periódicos a la duquesa de Alba

El quiosco de Dori es prácticamente otro monumento más del ágora salmantino después de casi ochenta años dispensando prensa

Laura Linacero

Salamanca

Lunes, 20 de mayo 2024

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

Son las 8 de la mañana de un día de cualquiera. Da igual si es invierno o verano. Da igual si es lunes o domingo. Y también da igual si hace sol o caen chuzos de punta. El quiosco de Dori 'abre' cada día. Aunque no tiene que subir una persiana ni dar la vuelta a una llave porque son diez puertas las que dan entrada a su establecimiento ubicado en la Plaza Mayor. Ese es su «gran privilegio», como ella misma lo define, que las paredes de su negocio sean los soportales del ágora salmantina.

Así lleva siendo desde hace casi ochenta años, cuando el padre de Dori se decidió a montar este quiosco. Una estructura que su hija sigue montando y desmontando cada día para vender la prensa. Todo igual que entonces aunque todo muy distinto. «Mi padre empezó y luego seguí yo con mi marido que ya falleció», comenta Dori. Entre explicación y explicación atiende a los clientes que se acercan al quiosco, algunos turistas, y otros más que conocidos. A estos no les pregunta qué periódico o revista quieren, Dori directamente se lo entrega y tampoco tiene que decirles lo que cuesta, porque ya lo tienen preparado en la mano.

Esos son los clientes que hacen de este negocio algo especial, los que ha visto crecer. «Venían con su abuelo a por el periódico y ahora son ellos quienes lo compran», comenta. Como si de una tradición se tratase, aunque ya mucho menos extendida que antes. «Hace años todo el mundo venía a comprar el periódico y en la Plaza Mayor la gente paseaba con él bajo el brazo, ahora ya no se ve», lamenta Dori. Y es que por deformación profesional o por una visión nostálgica, la quiosquera defiende a capa y espada la prensa de papel. «Yo sé que ahora la gente se informa por internet, pero no hay nada como pasar las páginas del periódico», asegura.

«Como estar en la Plaza Mayor de Salamanca, no hay nada»

A diferencia de otros quioscos que han notado el declive de la prensa y reaccionado ante ello, Dori se ha mantenido fiel a la venta de periódicos y revistas y ha extendido poco más el negocio. «El sitio tampoco te permite ampliar mucho, en otros se ha podido meter pan o dulces pero este es el espacio que hay», comenta. Eso sí, no cambia un local más grande por este puesto en la Plaza Mayor. «Yo lo siento mucho, pero como estar en esta Plaza no hay nada», asegura.

El photocall de una alfombra roja

Precisamente su privilegiada ubicación le ha permitido atender a algunos de las personas más relevantes del panorama español. «He conocido a muchos actores, a Concha Velasco, a Fernando Fernán Gómez e incluso ha venido la duquesa de Alba a comprar el periódico», recuerda. Como si de una gran alfombra roja se tratase donde el photocall es esa estantería a modo de mostrador repleta de periódicos y revistas y por donde han pasado decenas de políticos y personajes públicos.

Después de estar desde niña entre titulares y exclusivas, haber visto en primera persona a aquellas estrellas que deslumbraban en la televisión, ver crecer a los clientes y atender a varias generaciones, con casi más de medio siglo compartiendo la actualidad desde esa singular estructura y haber soplado ya las 70 velas podría parecer que ha llegado el momento de jubilarse. Sin embargo, por suerte para la Plaza Mayor, no entra en los planes de Dori: «Es verdad que es un trabajo muy sacrificado, pero cuando estás a gusto y trabajas en lo que quieres, no importa».

Vender postales en la era tecnológica

En el siglo XX las postales eran la forma de compartir las historias de viajes y enviar un recuerdo a aquellos seres queridos que se encontraban lejos. No había Facebook para colgar las instantáneas, ni Whatsapp para enviar la ubicación de dónde te encontrabas ni tampoco había historias de Instagram para que miles de personas supieran en un segundo tu situación. Estaban estas tarjetas donde elegías con tino a quién enviarla y en el reverso un pequeño texto acompañaba la fotografía.

Esto ya hace años que forma parte de un recuerdo. «Ahora hay otros tipos de comunicación y ya no se utilizan para eso», asegura Dori. Ahora, quienes lo compran lo hacen a modo de souvenir o forma parte de una colección para tener un detalle de cada sitio que visitan. «A los turistas les llama la atención estas imágenes de Salamanca y lo compran por eso», comenta. Ya no recorrerán miles de kilómetros con una dedicatoria escrita a mano, pero conservarán para siempre un pedacito de Salamanca.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios