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José Luis arreglando una playera; abajo a la derecha, la tienda de reparación que regenta. Álex López
Negocios de toda la vida

El zapatero en el centro de Salamanca al que le ruegan que no se jubile

José Luis y Esperanza regentan una tienda de reparación de calzado desde hace más de veinte años

Laura Linacero

Salamanca

Lunes, 8 de enero 2024, 07:56

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El refrán 'zapatero, a tus zapatos' cobra aún más sentido en el caso de José Luis. Desde niño ha estado dentro del oficio ya que su padre también era zapatero y aunque falleció cuando él tenía un año, la maña con el calzado parece estar en los genes y José Luis heredó parte de esa destreza. Después de muchos años trabajando en un negocio familiar también relacionado con el calzado -aunque más orientado a la venta- tomó la decisión de montar su propio negocio de reparación.

Así, con 48 años fijó en la esquina entre la calle Villa y Mecías y la calle Santos Jiménez lo que sería su futuro durante las próximas décadas y para los vecinos, un lugar «de los que ya no quedan» para acudir en caso de que necesiten reparar algún zapato. Tal es así que los clientes les piden que no se jubilen y José Luis parece hacerles caso puesto que con 72 años aún está detrás del mostrador. «Nos dicen que a dónde van a ir a arreglar los zapatos, y es cierto que en Salamanca no hay tantas opciones», explica Esperanza, la mujer de José Luis.

Cierto es que se trata de un negocio en peligro de extinción y no porque no funcione, al revés. «Si pudiera enseñar a alguien, le dejaba el negocio y verías cómo funcionaba», asegura. El problema es que no hay nadie que quiera dedicarse a ello y eso es una de las razones por las que alarga su jubilación. «Nada más llegue uno y quiera quedarse con ello, nos jubilamos, asegura. Pero mientras, siempre y cuando «haya salud», asegura que no tienen ninguna prisa.

La moda también condiciona el trabajo

En el pequeño local que ha visto pasar zapatos de todos las tallas, colores y estilos, conserva máquinas que empezaron con él. Algunas llevan más de dos décadas, como la máquina de coser que le salva de varios apuros cuando el calzado viene más desgastado de la cuenta. Sin embargo, nada como la destreza de las manos para que ningún deterioro se le ponga por delante. «Si tienes las manos, lo dejas bien», reconoce. Y otra cosa no, pero esas manos llevan arreglando zapatos toda una vida así que hay pocos que se le resistan.

«Tras la pandemia, se reparan más las deportivas porque es lo que más se usa»

Los clientes lo saben y por eso acuden allí para salvarles. Alguno por cariño, otros por comodidad y otros por preferencias, pero todos ellos encuentran su sitio en la estantería. «Vienen zapatos hechos un Cristo y quedan hasta bien», asegura. Ahora la mayoría del calzado que les llega son deportivas porque «tras la pandemia, empezamos a preferir la comodidad». Y es que va por modas, también su volumen de trabajo. «Cuando se llevaban los tacones finos venían muchísimos, porque se rompían más fáciles. Ahora que se llevan las plataformas y el tacón grueso, se ve menos», apuntan.

Lo que más se usa es, desde luego, lo que más se desgasta aunque reconoce que el calzado es cada vez de peor calidad y la gente no duda en repararlo, sobre todo si ha invertido en él. «En esta zona hay un poder adquisitivo alto, y se nota que la gente los quiere arreglar», asegura.

Anécdotas que conforman un negocio histórico

Tantos años en el sector dan para mucho, y el trato con clientes siempre deja alguna anécdota que recordarán siempre. Dos son las que se le vienen a José Luis a la cabeza que desatan su carcajada. Recuerda el momento que arreglando unos botos camperos se encontró una compresa a modo de plantilla, o cuando una mujer se dejó olvidado en un bolso más de 2.000 pesetas. Todo ello, cada zapato que ha entrado en la tienda, cada horma que ha ensanchado y cada trato con el cliente forma parte de uno de los negocios de toda la vida en Salamanca.

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