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Maide afilando un cuchillo. En el círculo, la fachada del negocio 'Maide Cuchillería'. José Manuel García
Negocios de toda la vida

Afilando cuchillos desde los 14 años y cuatro décadas en la Plaza del Mercado de Salamanca

Cuchillerías Maide es uno de los negocios más longevos del centro de la capital y ha sido testigo de la decadencia de la zona en cuanto al comercio

Laura Linacero

Salamanca

Lunes, 18 de marzo 2024, 08:12

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El día que cumplió los catorce años, comenzó como aprendiz en una cuchillería. Ahora tiene sesenta y siete años y bromea al recordar que «el regalo de cumpleaños todavía le dura». Y es que después de medio siglo en el sector y 38 años en la Plaza del Mercado, no sólo es un fiel testigo del declive de su profesión sino también de la decadencia del punto neurálgico de la ciudad. «Si hablamos de los negocios tradicionales, estamos desapareciendo a pasos agigantados», asegura Maide.

A pesar de que los 'negocios de toda la vida' son prácticamente una institución en la capital y cuentan con el reconocimiento de la clientela, la evolución de la sociedad ha dificultado la supervivencia de algunos de ellos. La cuchillería de Maide es un reflejo de esta realidad. «Hay muchos oficios que han desaparecido y han afectado a otros. Por ejemplo, las tijeras de esquilar -que antes había muchas cuadrillas de esquiladores-, ya no se trabajan o las hoces para segar. Todo eso se ha mecanizado.», explica. Incluso ciertas tradiciones se han ido perdiendo y han afectado también al sector del cuchillo. «Antes muchas familias hacían matanza, ahora ya se ve muy poco», asegura.

Igualmente, hace unos años, bajar al mercado a comprar era casi una obligación. Ahora, la abundancia de supermercados y las múltiples posibilidades de acceder a cualquier producto sin casi moverte de casa ha salpicado a estos comercios tradicionales que se encuentran, en su mayoría, alrededor de la Plaza Mayor. «Prácticamente las tres cuchillerías que hay en Salamanca estamos en la misma zona: cerca del mercado», explica. La estampa habitual cuando Maide cogió el negocio hace en 1986 era ver a los comerciantes reunidos en la plaza hablando y los alrededores con mucha afluencia pero ahora «sales a las 9:00 de la mañana y no hay nada».

Un contraste que, en la opinión de Maide, ha dejado a Salamanca como «una ciudad para turistas» donde encontrar esa preciada atención al cliente cercana y personal es cada vez menos común. «El otro día vino una clienta y después de hablar un rato, me dijo que parecía que nos conocíamos de toda la vida. 'Esas cosas ya no pasan', dijo», recuerda Maide. El individualismo parece haberse asentado en la cotidianidad, sin embargo, cuenta con clientes fieles que se han convertido en amigos. «Con el tiempo, haces amistades con la gente y es muy gratificante sentirte querido», añade.

«Con el tiempo, haces amistades con la gente y es muy gratificante sentirte querido»

El sentimiento de agradecimiento es mutuo y sólo hay que ver cómo le piden que no se jubile: «¿a dónde vamos a ir?», le espetan. Y lo cierto, es que es una pregunta difícil de contestar. «Los profesionales de este sector cada vez son menos y aconsejar al cliente cada vez lo puede hacer menos gente con criterio», añade. Los tenderos que cuentan con la experiencia ya están próximos a la jubilación y ya no hay aprendices que quieran conocer este tipo de negocios. «Antiguamente funcionaba así, pero ahora ya no», lamenta.

Cambiar los cuchillos por los libros

Puede que después de tantos años ejerciendo una profesión, uno olvide la típica pregunta de «¿qué quieres ser de mayor?». No es el caso de Maide que, aunque ya respondió hace cuatro décadas a lo que iba a ser de mayor, todavía recuerda lo que le hubiera gustado ser. «Si volviera a nacer, me gustaría estudiar algo relacionado con la psicología o la educación», asegura. Aunque no ha podido hacer de su pasión su trabajo, sí ha intentado incluirlo como hobbie en los ratos que tiene libres. «He leído mucho», asegura señalando una pila de libros que tiene en la tienda. Entre lo que ha leído y las historias que ha escuchado en la Plaza del Mercado, puede que no tenga una carrera universitaria pero sí una sabiduría acreditada por su larga experiencia.

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