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Araceli y Juanma, dueños de El Extremeño; en el círculo, la entrada al bar. José Manuel García
Negocios de toda la vida

El bar de Salamanca conocido por su ambiente futbolero que cierra por jubilación tras 40 años

Juanma y Araceli montaron El Extremeño, en el barrio del Oeste, cuando tenían dieciocho años y bajarán la persiana el próximo septiembre

Laura Linacero

Salamanca

Lunes, 22 de abril 2024, 09:37

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Tenía ocho años cuando empezó a estar vinculado a la hostelería salmantina de la mano de sus padres que trasladaron el bar que tenían en Villanueva al barrio del Oeste. Once años después, ese niño que siguió a sus padres para buscarse la vida en la capital montó su propio negocio a tan sólo unos metros del que tenían ellos. Entonces tenía dieciocho años y con la que era su novia -ahora su mujer-, emprendieron para abrir el bar El Extremeño. «Ahora no se entendería empezar algo así con dieciocho años pero entonces tocaba buscarse la vida», recuerda Juanma.

Unos jóvenes que en el año 1978 se arriesgaron sin un futuro claro y ahora, más de cuarenta años después, se jubilan después de toda una vida tras la barra. «Teníamos ese miedo de que las cosas no fueran bien, pero fue creciendo y ahora podríamos decir que estamos en la cumbre», asegura. Juanma y Araceli coleccionan los recuerdos en un álbum de fotos de las más de cuatro décadas en el negocio. Pasan las páginas y los recortes de periódicos revelan una vida llena de momentos especiales con clientes que son ya amigos.

El mejor momento en el negocio y una amistad forjada con los clientes habituales podría hacerles rechazar la idea de la jubilación, sin embargo, cuentan los días para cumplir los 65 años y bajar, después de toda una vida, la persiana de El Extremeño. «Necesitamos descansar, es un trabajo de mucho sacrificio y después de tantos años, lo necesitamos», comenta el matrimonio. Ahora lo que piensan es en qué dedicarán las horas y cómo gestionar el dejar la relación diaria con los clientes. «Eso nos va a tocar masticarlo con paciencia porque es lo que más vamos a echar de menos», asegura Araceli.

La sensación de anhelo es mutua y desde hace unas semanas, los dueños de este mítico bar ya han comenzado a adelantarles a algunos clientes su decisión y, como no podía ser de otra manera, no ha sido muy bien recibida. «Nos piden que no cerremos, que dónde van a ver el fútbol y dónde van a comer», comenta Juanma. En estos más de cuarenta años han conseguido que los clientes se sientan como en casa, ese fue de hecho, uno de los principales propósitos de El Extremeño.

«Nos piden que no cerremos, que dónde van a ver el fútbol y dónde van a comer»

Tal es así que con los erasmus que llegaban a la ciudad de Salamanca adoptaban el papel de padres para aconsejarles en lo que hiciera falta. «Venían mucho y nos contaban algún problema con el casero y cómo solucionarlos, intentábamos aconsejarlos para que lo hicieran lo mejor posible», comenta Juanma. Esos consejos calaron en los estudiantes que venían de otros países a esta ciudad universitaria, tanto que, veinte años después todavía regresan para visitarlos. «Los que en su día fueron estudiantes de medicina de la USAL vuelven a vernos con su familia y son grandes médicos en su país, eso es emocionante», añade.

A partir del 1 de octubre, esos estudiantes quedarán desamparados, los habituales a la hora de comer anhelarán el cocido y los más futboleros recordarán siempre el gol de Iniesta que celebraron en El Extremeño. Esos aficionados ya nunca volverán a festejar un momento así, o al menos no en el mítico bar del barrio del Oeste. Así, el local será en el próximo otoño una ampliación del negocio contiguo -Electroclisa-.

Un museo del fútbol entre cañas

Entrar en 'El Extremeño' es entrar en un museo privado del fútbol. Bufandas y camisetas de distintos equipos -todo ello regalos de clientes- decoran las paredes y la barra del bar porque este deporte ha desatado alegrías y penas durante muchos años en el local. Recuerdan momentos históricos como cuando España ganó el Mundial en 2010, o el Mundial de Corea -2002- con el bar lleno a todas las horas. «Mis hijos volvían del insitituto y no podían ni pasar a comer de lo lleno que estaba», recuerda Araceli. O precisamente en uno de esos partidos donde el calor apretaba y tenían que «tirar el agua en vasos desde la barra para refrescarlos».

El letrero de 'ambiente deportivo' que se puede leer en el exterior del local no engaña. Y esa esencia la quieren conservar muchos clientes que ya le han pedido que les reserve alguna camiseta, vaso o bufanda de las que lucen en el bar . «Nos han traído camisetas con firmas de Messi, de Maradonna, de Zidanne o de Ronaldo 'el gordo'», comenta Juanma. Así, aunque el bar cierre, esa magia que ha definido al bar seguirá en los hogares de Salamanca.

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