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Montaje del coso taurino en Ciudad Rodrigo para la celebración del Carnaval del Toro. José Vicente | ICAL
La plaza de toros de Ciudad Rodrigo, construida cada año de forma artesanal, declarada BIC

La plaza de toros de Ciudad Rodrigo, construida cada año de forma artesanal, declarada BIC

El objetivo es preservar sus valores patrimoniales como singular ejemplo de arquitectura efímera

Jueves, 6 de julio 2023, 14:12

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La Junta de Castilla y León aprobó en el Consejo de Gobierno celebrado hoy la declaración de la tradicional y artesanal construcción del coso taurino de la localidad salmantina de Ciudad Rodrigo como Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial, con el objetivo de preservar sus valores patrimoniales como singular ejemplo de arquitectura efímera que se monta y se desmonta íntegramente cada año de manera artesanal.

La plaza de toros de Ciudad Rodrigo es una plaza tradicional construida de forma artesanal todos los años en la Plaza Mayor de la localidad. Desde el siglo XV, la Plaza Mayor de Ciudad Rodrigo ha sido el referente taurino y el enclave oficial para la celebración de todo tipo de festejos, si bien las primeras fuentes documentales que relacionan la configuración y el desarrollo de festejos taurinos con el Carnaval son del siglo XVIII. La primera referencia documental encontrada en el Archivo Histórico Municipal, en relación con los espectáculos taurinos y los tablaos, está fechada en 1418.

La plaza de toros de Ciudad Rodrigo constituye un singular ejemplo de arquitectura efímera que se monta y se desmonta íntegramente cada año, siguiendo un modo de hacer transmitido y mantenido como patrimonio vivo de generación en generación. En su construcción participan los ciudadanos mirobrigenses organizados en diferentes gremios, con la experiencia de cientos de años en la construcción de un entramado perfecto y seguro de vigas, tablas, largueros, forros o cuñas, todo bien aferrado con las conocidas puntas de 'veinte-ciento' y alguna otra brida y constituido por 47 tablaos y cinco puertas. Los tablaos son previamente subastados de forma popular.

En un ambiente festivo, la unión de familias, amigos y peñas consigue levantar, en poco más de tres días, la tradicional plaza de madera, que se desmontará el Miércoles de Ceniza, siguiendo un ciclo que repetirá el mismo ritual ancestral año tras año. Previamente al montaje de la plaza y según el procedimiento establecido, se realiza la subasta popular de tablaos libres, bajo la fórmula de 'pujas a la llana'.

Los vecinos, a partir de la tarde del viernes previo a la celebración del Carnaval, comienzan a ocupar el espacio adjudicado y levantan con sus propias maderas los tradicionales tablaos. Son ellos los responsables del traslado, montaje y desmontaje de las maderas que serán limpiadas y guardadas en espera del siguiente Carnaval, año tras año. En la actualidad el tradicional coso taurino consta de once tablaos grandes, 36 tablaos pequeños y dos puertas, las de la Rúa del Sol y la Puerta Sánchez Arjona

A este ancestral ritual que constituye el montaje de la plaza acuden más de 200 vecinos, participando en ocasiones hasta tres generaciones de una misma familia, siendo la participación de los jóvenes la garantía de la trasmisión de esta tradición a futuras generaciones. Fruto de esta cohesión y vinculación social, se consigue levantar, en poco más de tres días, la tradicional plaza de madera.

El coso taurino de forma cuadrangular, de aproximadamente 955 metros cuadrados, con 55 metros de largo y 18 de ancho, está formado por cinco puertas y cuarenta y siete tablaos o barreras. El tradicional proceso constructivo del coso taurino, salvando las diferencias existentes entre los diferentes tablaos, se ejecuta siguiendo unas pautas perfectamente definidas, a fin de garantizar la estabilidad de la estructura durante los festejos del Carnaval.

Respetando los procesos de cambio que, como patrimonio vivo y sin pervertir su esencia, se han ido produciendo a lo largo de sus 600 años de historia, y que se han ido adoptando por la comunidad como depositaria de esta tradición y auténtica protagonista de esta manifestación cultural, la Administración competente en materia de patrimonio velará por su normal desarrollo, tutelando la pervivencia y salvaguarda de los valores que han determinado su declaración como Bien de Interés Cultural.

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