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Vista de los Urbanos de Salamanca Álex López

Los 696 campos de cultivo en Salamanca que cosechan la pasión por los Huertos Urbanos

Cultivar da más trabajo del que algunos esperaban, pero cuando los hortelanos hablan de sus huertos se muestran más que satisfechos con su decisión

Ana Carlos

Salamanca

Domingo, 6 de agosto 2023, 20:22

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Los 696 Huertos Urbanos que tiene Salamanca junto a la ribera del Tormes, entre Chamberí y Tejares, dan para mucho. Los más urbanitas no creían posible que en la ciudad se desatara una pasión hortícola que llevara a cientos de personas a querer cultivar una parcela. La realidad demuestra que están muy solicitados y cuentan con mucha actividad. De hecho, 79 de estas parcelas fueron creadas en 2022 como ampliación del proyecto inicial al superar la demanda prevista.

Tal es el interés por estas instalaciones que asociaciones vecinales y otros colectivos habían reclamado la creación de huertos en otras zonas de la capital. Defienden que lo ideal es contar con estos espacios en los propios barrios para que los vecinos no tengan que desplazarse, con la consiguiente huella ecológica. Además, destacan que no todas las personas que están interesadas en ellos tienen la posibilidad de ir hasta Tejares con la frecuencia que entienden que necesita el huerto. Además, proponen numerosos espacios infrautilizados y con capacidad para acoger huertos en distintas zonas.

El Ayuntamiento de Salamanca ha escuchado algunas de estas peticiones y próximamente habrá otra decena de parcelas disponibles en las laderas del cerro de San Vicente. Además, está en proyecto la creación de otras zonas entre Garrido y Puente Ladrillo, en las afueras de la ciudad. En este caso se han presentado a fondos europeos de los que dependerá su creación. Sin embargo, por el momento no hay planes para crear huertos en Capuchinos como solicitaba su asociación de vecinos.

Pero ¿qué hace tan atractivos a los huertos para que sean tan codiciados? ¿Resultan fáciles de cuidar? ¿Cómo se pasa el tiempo en ellos? Desde primera hora hay hortelanos entregados a la tarea. Hay que aprovechar el tiempo antes de que apriete el sol. También están, ocupados en sus labores y derrochando saludos y simpatía con los usuarios, los trabajadores del grupo El Arca que lo gestiona.

45 Metros cuadrados

Son la superficie aproximada de las parcelas

En cada parcela, de unos 45 metros cuadrados, se nota la personalidad de cada adjudicatario. La distribución del espacio, los cultivos y la forma de cuidarlos son diferentes. Pero todos cuentan con un arcón para guardar sus herramientas y ropas y tienen que seguir los criterios de la agricultura ecológica.

Con orden extraordinario, plantas exuberantes y bastantes hortalizas casi en su punto de recolección, el huerto de Martín es la envidia del sector M. No es el titular de este espacio, sino un autorizado. Hizo un trato con un amigo para cultivarlo juntos y compartir la cosecha. Por eso en él hay más tomates de los que él habría puesto.

Formación continua

No es el primer huerto urbano que gestiona. En 2021 fue titular de otro del sector C. Cuando se estrenó como horticultor le vinieron muy bien las sesiones formativas de los Huertos Urbanos. En ellas (hay charlas cada 15 días o una vez al mes) ha aprendido muchas cosas básicas de los huertos ecológicos, como la importancia de la composición del suelo y los microorganismos que en él habitan. Que no se puede voltear la tierra del todo ni en profundidad porque perjudica a esos microorganismos que la hacen fértil. Que los bancales son una forma ideal de cultivo «pero si los tuviésemos más tiempo porque conlleva una inversión para crearlos y como aquí solo los podemos usar dos años, no resulta operativo», señala. También ha descubierto que acolchar el suelo optimiza el uso del agua.

Meticulosamente organizadas y entutoradas con bambú las que así lo precisan están todas las plantas de su huerto. Colocadas de forma escalonada para que tengan su necesaria cuota de sol. Con suficiente distancia para que corra el aire entre ellas y no sufran enfermedades. Y rodeadas de plantas de flor, como petunias y tajetes, para atraer a los beneficiosos polinizadores que son cómplices ideales para tener buenas cosechas. Y para regar de una forma más racional y tener menos trabajo, como sus compañeros, tiene el riego por goteo.

Aunque mucha gente solo planta en verano, tiene previsto seguir durante todo el año. Quitará las judías en octubre y en su lugar, en noviembre, pondrá repollos. Además, plantará el huerto de invierno con los cultivos de esa temporada, como ajos, cebollas, puerros, guisantes y escarolas, entre otros.

Ahora tiene tomates, pimientos, fresas, cebollas, judías, calabacines, lechugas, berenjenas y remolacha. Lo más desdolido, a su juicio, son los tomates. Observa otras parcelas y asegura que unas están más regadas que otras, pero al final todas sacan su cosecha. En cambio lo que más se le resiste son los pimientos. Son más delicados. «No sé qué hago mal, pero no me gusta el aspecto de las plantas. ¿Será exceso de riego o falta de nutrientes?», se pregunta.

Como en su sector la mayor parte de los compañeros son novatos, se ha convertido en un referente al que todos consultan dudas e inquietudes hortícolas.

Inconvenientes de estrenar un sector

Todos en esa zona han tenido que iniciar la tierra desde cero y como tenían poca materia orgánica han necesitado ponerle una buena base de compost. Algunos han utilizado estiércol. Es normal nutrir el suelo, pero ellos han quitado muchas piedras y han realizado un trabajo más exhaustivo y duro que en los huertos que llevan dos años en marcha.

Martín está jubilado y en verano cada día desde primera hora de la mañana está en el huerto. También se da una vuelta a última hora de la tarde. Calcula que destina 21 horas semanales en esta época. En invierno todo es diferente. También va bastante, pero en las horas centrales del día, cuando la temperatura resulta más favorable y hay luz.

El huerto le parece una forma de ocio activo muy entretenida. Además permite socializar, que es otro de los objetivos de los Huertos Urbanos. Entre preguntas, saludos, riegos y cuidados surgen amistades. Una de las vecinas que le piden ayuda ante las adversidades que se le presentan como novata es Regina. Antes no tenía huerto, pero veía el de su hijo y sentía cierta envidia de la cosecha y lo cuidado que lo tenía. Por eso lo solicitó en el plazo de inscripciones y tuvo la suerte de lograrlo.

No se arrepiente, pero reconoce que ha trabajado mucho en él. Para empezar, por los inconvenientes de estrenar sector. Pero además, como le dijeron que había una larga lista de espera para meter la mula mecánica y temía que eso retrasara la posibilidad de cultivar, movió el terreno a mano.

Dificultades para los novatos

Su huerto tiene más variedad y un aspecto menos cartesiano que el de Martín. Está aprendiendo mucho de la experimentación, con sus aciertos y errores. Acudió a la charla inicial obligatoria y a otra más, pero prefiere la acción. Ha plantado tomate pera, brócoli, pepinos, calabaza, coliflor, lechuga, coles, berenjena, cebollas, puerros, fresas, sandía, melón, calabacines, alcachofa, lombardas y algunas aromáticas, como romero, tomillo, menta y orégano.

Se ha enfrentado a alguna plaga, a hongos y a las palomas. Aunque dio por perdidos algunos repollos y plantó más, éstos resurgieron y siguen creciendo. También ha comprobado como los bichos respetaban lo que tenía plantado junto a la menta. De cada problema aprende algo nuevo. Está orgullosa porque ya empiezan a crecer su primera sandía, sus dos primeros melones y ha podido hacer gazpacho con sus primeros tomates.

No sabe si cultivará de nuevo en noviembre, pero quiere pedir que le muevan la tierra y echar de nuevo estiércol para que el suelo esté mejor cuando se decida a plantar.

No son pocos los usuarios que, como Regina, acuden andando al huerto. Desde su barrio no se puede llegar en autobús. Y a pesar de que los huertos tienen unos enormes aparcamientos, le resultan inútiles: carece de coche. El sobredimensionado parking, no tiene mucho uso. Según los vecinos de la zona no suelen tener una ocupación superior al 20 por ciento. Aunque a diferencia de los de otros lugares de la ciudad, estos sí cuentan con un pavimento drenante, tampoco tienen sombra.

4 Años

De tiempo máximo para tener un huerto con prórrogas

Uno de los inconvenientes que le ve a los Huertos Urbanos es el escaso tiempo por el que son adjudicados: dos años. Al tercero hay que volver a solicitarlo y con suerte y prórrogas sólo se puede tener por cuatro años. Con lo que cuesta iniciar el huerto, afirma que dos años limitan mucho. Y asegura que aunque hay lista de espera, parte de ella es una burbuja porque hay personas que lo solicitan a nombre de familiares o amigos para tener más opciones.

Para ella lo mejor del huerto, sin duda, no es la producción. Disfruta de las charlas, de las risas y, especialmente, de pasar el tiempo con una actividad que le ayuda a no pensar en otras cosas. El huerto es desconexión de las cosas estresantes y tiempo para relajarse.

Vida social en el huerto y la cafetería de la lonja

La vida social es la principal motivación por la que Elena se decidió a tener un huerto. Vive en Huerta Otea y no quería perderse un lugar de socialización que tenía a un paso de su casa. Aunque de pequeña jugaba en un dos caballos que tenía su abuela como invernadero en su huerto, nunca le había despertado interés el cultivo. Pero le apeteció probar.

Con una amiga más experimentada como guía ha plantado de todo un poco. Calabacines, berenjenas, tomates cherry y de otra variedad, cebollas, lechugas, una acelga que accidentalmente estaba entre las lechugas que compró, entre otros. Tiene hierbabuena que había en la parcela. Ella no dedica mucho tiempo al huerto. Aunque ahora está de vacaciones, normalmente el trabajo y otras actividades ocupan buena parte de su horario. Solo va por las mañanas del fin de semana y alguna tarde cuando lo puso en marcha. Reconoce que prefiere pasar más rato tomando algo en la cafetería de la lonja que quitando hierbas.

La experiencia le está dando muchas anécdotas. Le robaron el primer calabacín, pero ya ha recogido otros, así como cherrys y tomates. Y en invierno continuará con nuevos cultivos.

Aprendizaje por los cuatro costados

Aunque antes ponía algunos tomates en su pequeño jardín, Pedro, ahora jubilado, tenía ganas de cultivar muchas más cosas y por eso se ha animado. Le gusta mucho, pero confiesa que dedica más tiempo a hablar que a atender las plantas.

Pensaba que cuidar el huerto era plantar y esperar. Ha comprobado que es más complicado. Hay que estar pendiente de nutrientes, plagas, de posibles excesos de riego. Ha tenido que aprender mucho, de la charla inicial, de sus compañeros, de consultas al personal de El Arca y de internet. Ya tiene experiencia con la leche con bicarbonato para combatir el mildiu y el oidium. Y con el jabón potásico para enfrentarse al pulgón y la araña roja.

Aunque el primer mes para arrancar iba a diario, ahora acude con menos frecuencia pero con mucha ilusión. Como tantos otros usuarios que han encontrado en este espacio una actividad llena de alicientes y con la que además de cosechar alimentos, se cosechan incluso amistades.

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